<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787</id><updated>2011-09-08T10:38:57.451-07:00</updated><title type='text'>Los Viajes del César 2</title><subtitle type='html'>Un viaje de mochileros por Centroamérica, con México como punto de partida, y varios meses por delante.
elberges@gmail.com</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>105</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4325884138616419457</id><published>2008-12-27T08:08:00.000-08:00</published><updated>2008-12-27T08:24:11.773-08:00</updated><title type='text'>Sábado 13 y Domingo 14 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, autobús desde Coyhaique a Lago Verde, frontera argentina; y de allí a Santa Lucía al día siguiente:   &lt;strong&gt;93 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:    &lt;strong&gt;2.675 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284503004365960946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZTe-W3tvI/AAAAAAAABd0/C685GMmHvvg/s400/SL374263.JPG" border="0" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Todavía tenía mucho camino que desandar hacia el norte, y aunque me hubiera gustado pasar un día en Coyhaique con tantos amigos como ya tenía allí, no tuve más remedio que correr para tomar el único autobús que viajaba en dirección al norte; si lo perdía tenía que esperar hasta el lunes, y tampoco me apetecía mucho volver a probar fortuna con el autostop. En fin, compré el billete, y casi sin tiempo de despedirme de nadie salí para la estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si había constituido toda una paliza hacer aquel recorrido en bicicleta, no lo fue menos deshacerlo en el minibús. El pedregal al que llamaban carretera Austral batía aún más el cuerpo en el autobús que la lenta bicicleta, y las curvas hacían vomitar a algún pasajero cada poco tiempo; yo, aunque estuve mareado todas las horas del trayecto, aguanté el desayuno en el estómago, que en tiempos de crisis no es cuestión de desperdiciar. Entreviendo los fabulosos paisajes a través de la escueta y sucia ventanilla del autobús me sentía privilegiado por haber recorrido aquellos parajes en el perfecto silencio y el total disfrute de la bicicleta. Nadie que viajase en autobús podía imaginarse la sensación de perderse por aquellas inmensidades, de tener sobre la cabeza la bóveda del cielo recortada por la belleza indescriptible de las montañas nevadas. De escuchar los cantos de las aves, de caminar junto al vuelo de las águilas o parar en cada arroyo para beber el agua pura del deshielo.&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284503828217621074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZUO7caalI/AAAAAAAABeE/buJKiP0UNNQ/s400/SL374262.JPG" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;La idea de retorno era cruzar la frontera argentina y continuar por el lado oriental de los Andes, para así hacerme una idea completa del paisaje austral. Preguntando en varios sitios me había convencido de cruzar por Lago Verde, un paso fronterizo  situado un centenar de kilómetros más al sur del de Futalefú, la última carretera que cruzaba antes de llegar a Chaitén, extremo norte de la carretera Austral. Después de una paliza de viaje llegamos por la tarde a Lago Verde, a penas un pueblito al final de un angosto desfiladero que con su sequedad y su campo pelado anunciaba la proximidad de Argentina. En la misma plaza de Armas se situaba la barrera del control fronterizo. Pero ya lo pasaría por la mañana, ahora tocaba limpiarse el polvo del camino y rearmar el sufrido esqueleto en una cama cómoda. Busqué una pensioncita agradable, y paseé con la última claridad del atardecer por las desiertas calles de Lago Verde, que se llenaban de una deliciosa luz anaranjada y llena de vida.&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284503426500504706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZT3i7lrII/AAAAAAAABd8/KuIhUix0ND4/s400/SL374257.JPG" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;                                               ……..--------------------------------………..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro radiante día de sol me invitaba a retomar el pedaleo, después de unos cuantos días en astilleros. Armé todo en su sitio y compré algo de comida para un día en que no esperaba encontrar muchos lugares habitados en la desértica pampa argentina. Pero cuando llegué al paso fronterizo me llevé un buen chasco. No podía continuar por aquella carretera, del lado argentino había dos ríos que cruzar, y con los deshielos estaban demasiado crecidos. Si hubo puentes alguna vez, el mismo río se los había llevado, y nadie se había molestado en reconstruirlos. Tal vez podía esperar una semana por si remitía el aluvión, me decían los carabineros; pero no era una buena opción para mi viaje. En fin, sólo podía resignarme y tomar el camino de regreso al tronco principal de la carretera Austral. Volver al cruce de la Junta, seguir al norte hasta Santa Lucía, y desde allí cruzar a Argentina por Futalefú. Este paso tenía los puentes en su lugar, así que no me arriesgaba a otro contratiempo como el de Lago Verde.&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284504315724317170" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZUrTjEQfI/AAAAAAAABeM/djqoxjH6_Wg/s400/SL374273.JPG" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Me puse en camino con la esperanza de que algún coche de paso me pudiera llevar, y evitar así recorrer un centenar de kilómetros que ya conocía. Por un penoso ripio avanzaba pesadamente, y las horas fueron transcurriendo sin que nadie apareciera para rescatarme. El desfiladero y los ríos que lo formaban valían, eso sí, el esfuerzo. Como tres horas después, con sólo 25 kilómetros en la cuenta del día, por fin escuché el motor de un vehículo y le hice la seña del autostop. Conducía Cristian, un ingeniero agrónomo que volvía a la Junta después de visitar a su novia en Lago Verde. Cristian había estudiado y vivido en la capital del país, pero su vida estaba en los pueblitos solitarios de la Patagonia. Necesitaba aquel aire limpio y aquel silencio perfecto para vivir. Y no le iba nada mal el negocio; los argentinos se habían descuidado con sus reses, y la brucelosis les impedía exportar. Así, de repente, la carne vacuna chilena era la más apreciada de la región, y se vendía a precios desorbitados en el mercado alemán.&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284504691395702578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZVBLCGrzI/AAAAAAAABeU/_Lx336GzICo/s400/SL374277.JPG" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Me despedí de Cristian en la Junta, y después de un almuercito en el restaurante del pueblo, tomé la carretera Austral hacia el norte. Santa Lucía, donde tenía que tomar el siguiente desvío hacia Argentina, se encontraba a 70 kilómetros, y como ya había recorrido en bicicleta este tramo en mi camino al sur, esperaba no tardar en parar algún vehículo que me ahorrase el trayecto, por no repetir paisaje y emplear mejor el tiempo. Pero las horas pasaban y de nuevo no había quien pasara por mi lado. Seguía recorriendo aquellos valles ya familiares para mí, aunque vistos con sol en vez de con nubes, aparecían casi nuevos y diferentes. La tarde se fue gastando, y haciéndome a la idea de que para la distancia que quedaba ya no merecía la pena hacer autostop, me dediqué a disfrutar de las vistas y de la buena temperatura. Poco antes de llegar al cruce de Santa Lucía busqué un rinconcito agradable junto al gran río que daba forma al valle, y acomodé la tienda de camping. En las gélidas aguas me dí un baño para entrar elegante en el saco, y cené frente al decorado de hielos y rocas que cerraba el paisaje. Durante varios días la meteorología había sido veraniega, facilitándome un recorrido que yo había temido especialmente por las malas condiciones, el frío y la lluvia que solían azotar aquellas tierras. Había tenido suerte, pero no podía durar en la Patagonia, y al anochecer aparecieron sobre las cumbres y los glaciares de las montañas del oeste unas espesas nubes que anunciaban un cambio. Antes de que me quedase dormido ya se escuchaba sobre la lona de la tienda el repiqueteo de las primeras gotas de lluvia.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZVheG8_XI/AAAAAAAABec/jw0vS-TbFZs/s1600-h/SL374290.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284505246272126322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZVheG8_XI/AAAAAAAABec/jw0vS-TbFZs/s400/SL374290.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4325884138616419457?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4325884138616419457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4325884138616419457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/sbado-13-y-domingo-14-de-diciembre-de.html' title='Sábado 13 y Domingo 14 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVZTe-W3tvI/AAAAAAAABd0/C685GMmHvvg/s72-c/SL374263.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-5517305341804421907</id><published>2008-12-23T10:37:00.000-08:00</published><updated>2008-12-23T10:41:37.926-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 10, Jueves 11 y Viernes 12 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, autostop desde Caleta Tortel a Cochrane&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5283057030710668738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVEwYOujrcI/AAAAAAAABds/lvOek6W5lc4/s400/SL374249.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias personas me habían asegurado que a las dos salía el único autobús de Tortel para Cochrane; por eso no tuve prisa en madrugar, y después de desayunar tranquilamente subí en tres viajes, y con gran esfuerzo, los bultos y la bicicleta escaleras arriba. Pensaba ponerme en la salida del puebo, y tratar de que alguien me llevase a Cochrane; si no tenía éxito siempre podría tomar el bus de las dos. Pero cuando estuve arriba, volví a preguntar y alguien me dijo que ese día el autobús había salido a primera hora de la mañana, y ya no habría más. La única opción era, por tanto, hacer autostop.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No llevaba ni 20 minutos esperando cuando apareció Inés, una viajera portuguesa que también venía a hacer autostop. Nos habíamos cruzado varias veces en Tortel, con a penas un saludo de cortesía. Pero la mañana sería larga, pasando una hora tras otra sin que ningún vehículo abandonase el pueblo; y con la viva conversación de Inés se hizo más amena la espera.  A sus 28 años había tenido una vida de lo más interesante; había vivido en una casa okupa en Lisboa, gestionada por una comuna anarquista muy activa; y  trabajando en un festival de cine independiente, conoció a un director de cine norteamericano. De la noche a la mañana se casó con él y lo acompañó a vivir a Los Ángeles. Allí había pasado seis años, rodeada del lujo y las luces de Hollywood. Pero su activismo político y sus principios morales no le dejaron ser feliz en medio de la alta burguesía. En Hollywood, me contaba, la gente sueña con que un día conocerá a alguien que la lance a la fama; cualquier evento social se llena de tensión, en la que cada uno trata de hacer sus contactos y estar atento para no dejar pasar esa oportunidad. Todo se convierte en una gran farsa, una puesta en escena, y la ambición deja poco espacio para el resto de las cosas importantes de la vida. Por otra parte, debido a su ideología política, era vista como algo exótico, como si de una especie rara se tratase, sin ser comprendida ni tomada en serio. Durante años había militado en el Partido Comunista de Portugal, aunque rebelde por naturaleza y poco convencida de la teoría leninista de la vanguardia revolucionaria, había acabado derivando hacia el anarquismo. No era con nuevas jerarquías como se crearía el nuevo  mundo más justo; sino con democracia plena y de base, con autogestión libertaria. Claro que, no por idealista era del todo utópica; para ella el anarquismo era una opción moral que trataba de llevar a cada uno de los actos y decisiones de su vida; pero ni por asomo creía que un mundo tan complejo como el de hoy pudiera llegar a ver una autogestión libertaria, de paz y libertad planetarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién divorciada, seguramente para escapar de esa vida burguesa que la atenazaba, ahora que justo terminaba estudios de periodismo se mudaba a Boston con una amiga; y en el intermedio estaba haciendo lo que siempre había soñado: viajar en libertad, sólo de autostop, con muchos meses por delante y ningún plan prefijado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En seguida superó conmigo su ligero prejuicio contra los españoles: le dí la razón, era indignante la arrogancia y el desprecio con la que la mayoría de españoles tratan a los portugueses, especialmente cuando viajan por el país vecino; con un injustificado complejo de superioridad, tratan con desden a los portugueses y ni si quiera hacen un esfuerzo por aprender unas palabras de su lengua. En lo que yo conozco de Portugal, siempre me ha parecido un país mucho más refinado y europeo que España. Y con un culto a la belleza, a la armonía del conjunto, al buen gusto y a los pequeños detalles, que ya quisiéramos en la insoportable España de los mamotretos de ladrillo y cemento. Su gente linda y educada merecería admiración por el mero hecho de haber regalado al Mundo una maravilla cultural como Brasil. A mi modesto juicio, todas las culturas que dominaron los siglos pasados, desde China hasta Occidente, llegaban en decadencia y envejecidas al siglo XXI; sólo la mestiza y sincrética cultura brasileira tenía la mezcla adecuada de ingredientes, de hedonismo y de seriedad, de trabajo y de amor por la vida, que hacía falta para el mundo del futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La arrogancia española tenía en mi opinión una cierta explicación. La mejor generación de la Historia de mi país se había perdido defendiendo la República, una tímida apertura a un sistema laico que llevaba un siglo funcionando en Francia sin suponer grandes riesgos para el Capital, la Iglesia o las oligarquías. Luchando por ella, una generación idealista que podía haber cambiado el sino fatalista de España murió en batalla, fue asesinada en la posguerra, o acabó en el exilio. España quedó poblada por beatos ultraconservadores, y ni si quiera los republicanos que quedaron se atrevieron a transmitir a sus hijos otros valores que los franquistas. Con este mar de mojigatería y provincianismo, poca evolución cultural podía esperarse. Cuando en las últimas décadas del siglo el espejismo de bonanza económica nos convenció, pese a trabajar más por menos, de que éramos más ricos, los españoles nos volvimos engreídos, con un complejo de “porque yo lo valgo” que nos daba derecho a tratar así a los portugueses, o a cualquiera que no estuviese en esa nube de prosperidad. A despreciar lo que no conocemos, a actuar como borregos. Lo siento por quien me lea, en nombre de todos mis paisanos le pedí una sincera disculpa a Inés: no era maldad, sino ignorancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaban las horas, y ni un solo vehículo salía de Tortel; los tábanos nos acuciaban, pero la conversación era para mí muy interesante, y me descubría todo el talento de una mujer de mundo. Había un dicho chileno que venía a cuento, mientras esperábamos y casi desesperábamos: el que se apura en Patagonia, pierde el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, después de cinco horas de espera, pasó una furgoneta y nos recogió de la carretera. La bicicleta y las mochilas fueron al remolque, y nosotros a protegernos de los tábanos tras los cristales. En un par de horas llegamos a Cochrane, demasiado tarde ya como para tratar de proseguir viaje hacia el norte, como ambos habíamos planeando inicialmente. De todos modos, estábamos disfrutando tanto de la charla que estuvimos de acuerdo en quedarnos en Cochrane aquella tarde, y aún todo el día siguiente. Así pasamos horas y horas conversando durante más de dos días, y nunca nos quedamos sin tema; aunque he de reconocer que, desacostumbrado como estaba yo a tanta charla, a menudo ella me superaba y acababa llevando la iniciativa de la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces contradictoria, mostraba su lado humano. Confesó, por ejemplo, que necesitaba de la estabilidad del matrimonio, y que su experiencia de 6 años casada había sido muy buena; pero a la vez era incapaz de ser fiel a su pareja y necesitaba tener aventuras y amor libre. ¿A qué estabilidad se refería pues cuando hablaba de matrimonio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a la política me contó una versión desconocida para mí de la Revolución e los Claveles. La gente del PC  se fue infiltrando en el ejército, aunque para ello tuviera que ir a pegar tiros a Angola, en una guerra tardocolonialista en la que por supuesto no creían. Tras una ardua labor de años, el día indicado sonó en la radio una canción, y el ejército infiltrado se alzó contra la dictadura de Salazar. Radio y TV fueron tomadas, el dictador fue derrocado, y la gente avisada de no salir a la calle hasta que todo hubiera acabado; pero la gente salió, y en masa, a abrazar a los insurgentes. Durante un año, ejército y PC dirigieron el país, nacionalizaron banca y el grueso de empresas estratégicas. La gente vivió una época dorada de esperanza que, fundada o infundada, no podía durar. Todo acabo con una invasión norteamericana disfrazada de golpe de estado para restituir la democracia. Poco nos habían contado de esta historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre café y café, algún paseo por el pueblo y un intento de baño en las heladas aguas del lago Cochrane, se nos fueron los dos días sin darnos cuenta. Nos habíamos hecho buenos amigos en poco tiempo, pero el viaje debía continuar. Yo volvía hacia el norte, para desandar el camino Austral y cruzar al lado argentino hasta Bariloche; ella en cambio cruzaría por Chile Chico, mucho más al sur, hacia Argentina, para ir descendiendo hacia el sur y culminar en Ushuaia antes de las navidades. El viernes por la mañana caminamos hacia la salida de Cochrane, y esperamos de nuevo varias horas antes de que un coche nos recogiera; los poco transitados caminos de esta remota zona hacían arduo el viaje en autostop, pero no era problema en la buena compañía de aquella viajera total. Marcelo, el conductor que se apiadó de los dos pedigüeños, volvía a Coyhaique después de unos días trabajando en los equipos de comunicaciones por satélite de Cochrane. Era un tipo culto que leía tratados de Historia, y que en las 6 horas de viaje que siguieron me demostró tener más conocimientos del pasado de mi propio país que yo mismo. Inés se quedó en el cruce de caminos a Chile Chico, y allí me despedí de ella deseándole lo mejor. Marcelo y yo continuamos hacia el norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el trayecto hablamos de tantas cosas que acabamos haciéndonos amigos, y cuando llegamos a Coyhaique me invitó a cenar con su familia. Su cuñado era hijo de españoles huidos de la posguerra, pero nunca había conocido el país de sus padres. Durante la cena  volví a verme envuelto en una animada charla, en un ambiente amistoso y acogedor. Personas que me acababan de conocer me trataban como si de un amigo de toda la vida se tratase, y es que había que reconocer que los chilenos que me estaba encontrando por el camino tenían un corazón de oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví ya de noche a alojarme a la pensión de Cristina, la misma donde había estado unos días en mi camino hacia el sur; de nuevo viejos conocidos, de nuevo alegres de verme, acabé por fin agotado conversando hasta las tantas. Después de días en soledad, de repente había pasado cinco días en que no había parado ni un minuto, demasiado contraste para una mente que se había acostumbrado al silencio de las inmensidades patagónicas.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-5517305341804421907?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5517305341804421907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5517305341804421907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/mircoles-10-jueves-11-y-viernes-12-de.html' title='Miércoles 10, Jueves 11 y Viernes 12 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SVEwYOujrcI/AAAAAAAABds/lvOek6W5lc4/s72-c/SL374249.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1581529128577350074</id><published>2008-12-19T06:18:00.001-08:00</published><updated>2008-12-19T06:50:27.804-08:00</updated><title type='text'>Lunes 8 y Martes 9 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de la orilla de un río sin nombre a Caleta Tortel:   &lt;strong&gt; 40  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.582 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281507709360118818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuvR27lnCI/AAAAAAAABdE/vYGLQFPjDj0/s400/SL374171.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me había dormido mirando el atardecer sobre los ventisqueros y el río a través de la mosquitera, y a media noche me tuve que despertar a cerrar la puerta de la tienda y así poder seguir durmiendo más calentito. Y es que el día había sido más agotador de lo que yo quería reconocer. Casi del tirón dormí más de doce horas, y me sacó de la tienda más el sol, que ya la convertía en un horno, que el haberme saciado de sueño. Desayuné dentro, sin prisas por salir a ese mundo agreste que me esperaba tras la mosquitera con hordas de voraces tábanos. Y fue salir para recoger la tienda, y empezar la batalla. Venían de diez en diez a posarse sobre cualquier trozo de piel que no estuviese cubierto, cara y manos nada más; pero no valía espantarlos; ni atizarles un sopapo que en realidad me llevaba yo. Si no caían aplastados al suelo, en menos de un segundo volvían a posarse al mismo lugar. Caía muerto al suelo uno tras otro, como los malos en una película de Hollywood; e igual que en ellas, seguían apareciendo decenas y decenas de malos impersonales para sustituirlos. Repartiendo mi energía entre matarme a tortazos y desmontar la tienda, se me fue más de una hora de infierno. Y con todo montado sobre la bici salí como pude, tratando de coordinar las pedaladas y los manotazos contra mi pobre cuerpito, molido y picoteado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281506626100525234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuuSzeX-LI/AAAAAAAABc8/6wwRq_F4wSw/s400/SL374172.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la rabia no podía disfrutar de las vistas, de los lagos que aparecían entre verticales roquedales y retazos de hielo. Debía de ser espectacular, pero yo no tenía más que maldiciones a viva voz contra el bicherío que no me dejaba respirar. El ripio se convirtió casi en escombrera, y con el matapesonas completo llegué a Caleta Tortel odiando el Universo. Un par de kilómetros antes de ver las primeras casas aparecieron por el camino, en una escena existencialista, cuatro siluetas cubiertas de ropa y capuchas, acarreando unas voluminosas mochilas en dirección a la nada, de la que yo venía, golpeados por el viento que los azotaba con polvo y arena del camino. Tenía que parar a preguntar a dónde se dirigían. Ya de cerca los vi mejor, una señora de mediana edad, y dos chicas y un chico de veintipocos años con un aspecto más urbano. Los tres jóvenes estaban rodando un documental en el pueblo, y la señora los llevaba a una finca próxima para rodar unas escenas. Bueno, después de todo había una explicación sencilla para la aparición; hay que tener en cuenta que cuando uno está solo tanto tiempo, acaba, como el Ingenioso Hidalgo, viendo gigantes en lugar de molinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caleta Tortel era un pueblo peculiar, único; sus pioneros habían elegido para asentarse una tortuosa bahía del Pacífico, protegida por islotes, y desde tierra firme por montañas abruptas. No había ni una sola calle en todo el pueblo; las casas se desperdigaban por el terreno quebrado, y sobre todo por la estrecha línea de  costa, conectándose las unas con las otras con pasarelas elevadas de madera y escaleras interminables. Dejé la bicicleta a la llegada, y comencé a recorrer el laberinto de tablas, entre coloridas casitas también de madera. Las placitas comunes, que también las había, eran plataformas más grandes sobre pilotes en el mar, cubiertas por techumbre de madera delicadamente decorada. Con razón me habían dicho que Tortel era el pueblo más bonito de Chile; y añadía yo, uno de los más remotos, y sin duda el más cansado de recorrer. Desde el inicio hasta las últimas casas del pueblo no se dejaba de pisar madera durante más de 40 minutos, que es lo que se tardaba en hacer el recorrido. Y tras tanta subida y bajada de escalones, con el primer paseo ya tenía agujetas en los gemelos. Valía la pena pasar una noche, así que regresé a por mis cosas para buscar hospedaje. Un ciclista de la Alemania oriental acababa de llegar, y como no hablaba ni una palabra de español, tuve que hacerle de traductor hasta que resolvió sus doscientas dudas. No viajaba por mucho tiempo, así que tenía planeado al milímetro cada etapa de su viaje. En mi vida he conocido varios alemanes orientales, y Hans confirmaba lo que había observado en ellos: su inclinación a la solidaridad desinteresada, supongo que un residuo fósil de otros tiempos, otros valores, y otra educación. Cuando le conté que tenía tres radios rotos, me ofreció  los suyos; tenía precisamente tres de repuesto, y con gusto me los hubiese dado si no le hubiera dicho yo que mejor los guardase para él, que continuando por el ripio los iba a necesitar más que yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281510108721149298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuxdhP1dXI/AAAAAAAABdU/6K-Hptdyyho/s400/SL374211.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hospedajes más próximos quedaban junto al mar, unos 100 escalones más abajo; bajar la bicicleta y los bultos no parecía cosa fácil, y por fortuna pudimos hacerlo entre los dos, primero una bici y después la otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acomodado y duchado salí a pasear con las últimas luces del atardecer. En la plaza principal de Tortel, por supuesto de madera, me encontré de nuevo a los reporteros intrépidos que me había cruzado en el dantesco camino de los tábanos. Regresaban a la casa donde estaban alojados, y me invitaron a acompañarlos. Durante el camino, Meribel me habló sobre la historia que relataban. Como tesis de fin de carrera realizaban un documental para mostrar la vida tradicional de Tortel, un pueblo de los pocos del país que era autosuficiente energéticamente, gracias a un torrente de agua que se hacía pasar por una turbina. Parecía el ejemplo perfecto de sostenibilidad, como contrapunto a los enormes pantanos que amenazaban con arruinar algunos de los paisajes más impresionantes de la Patagonia. La casa donde se alojaban durante el mes largo de la grabación pertenecía a un concejal del partido democratacristiano, que se encontraba en Coyhaique; qué cara hubiese puesto aquel tipo regordete y bonachón de las fotografías que colgaban en el salón, si se hubiese enterado de que sus huéspedes eran tres anarquistas idealistas luchando por cambiar el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281511460436533298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuysMx5YDI/AAAAAAAABdc/tGig-solg84/s400/SL374226.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conversación y la jarana se fueron alargando en el comedor de la casa, con un quinto amigo que vivía en Tortel y que, también anarquista, se apuntó casi a medianoche. No sólo les apasionaba la política y el pensamiento libre; parecían apasionados devoradores de cine y literatura, y la conversación pasaba de la política a la cultura sin solución de continuidad. La cerveza hizo el resto, y a las cuatro de la madrugada tratábamos de no destrozar demasiado las canciones que aporreábamos con una guitarra y un acordeón. Cuando fue la hora de dormir no me atreví a recorrer los 40 minutos de pasarelas hasta mi posada, ni a despertar a esas horas al anciano matrimonio que lo atendía. Daniel me ofreció quedarme en una cama vacía de la casa, y con la primera claridad del amanecer austral me quedé dormido, encantado de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                               …..-------------------------------------------------------------…….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despertamos más tarde del mediodía, y aún me entretuve conversando con Daniel y desayunando con ellos en la sala. Cuarenta minutos me separaban de la posada, y me puse en camino sin prisas, para darme una ducha y relajarme allí antes de volver por la tarde con mis amigos, que tenían pensado un paseo en lancha para filmar la instalación de la turbina hidroeléctrica que abastecía al pueblo. Cuando llegué a la pensión me recibieron con los aspavientos con los que se acoge a un difunto resucitado. Lo que son las cosas, no había regresado en la noche por no despertar a los dueños de la pensión, y éstos me habían dado por muerto. Se habían pasado la noche en vela esperándome, y por la mañana habían llamado al los carabineros para avisar de mi desaparición… Les expliqué mi versión de los hechos, y avergonzado no supe cómo pedirles perdón. Creo que nunca hube de dar explicaciones cuando tenía 14 años, y de pronto las tenía que dar con 34.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281508917375262482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuwYLI13xI/AAAAAAAABdM/pM1_794EfOM/s400/SL374202.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer regresé al otro lado de Tortel para reencontrar a mis amigos. Una lancha que les había ofrecido el ayuntamiento nos llevó hasta la turbina, y allí entrevistaron a los operarios. Los del pueblo hacían turnos para que siempre hubiese alguien a cargo de la instalación, y regulase la bajante de agua o solventara las incidencias o cortes de electricidad. Todo era autogestionado, y la mera palabra deslumbraba a mis amigos anarquistas. Por una interminable pasarela de escalones de madera ascendimos hasta el lago del que se tomaba el agua, desde el que se disfrutaba de unas vistas envidiables del pueblo, el mar y la bahía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281512695718303714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuz0GkBV-I/AAAAAAAABdk/2CkBAPIOM-o/s400/SL374242.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresamos al pueblo me separé un rato de ellos. En la plaza me encontré con Hans y con Walter, el ciclista holandés que había conocido poco antes de Cochrane, y que acababa de llegar a Tortel, y ya charlaba con el alemán. Fue interesante escuchar detalles y consejos sobre rutas por las que habían pasado en este y otros viajes ciclistas; pero definitivamente, la ruta Austral estaba saturada. Yo había venido a recorrerla sin haber buscado información previa; pensando que no encontraría viajeros en mi camino. Sin saber que era una de las clásicas, y que multitud de ciclistas de todo el mundo la recorrían entre primavera y verano. A mí, que esto de las rutas marcadas y de la aglomeración no me apasiona, se me quitaron definitivamente las ganas de continuar a Ushuaia; aunque fuera por no ser uno más, desde allí mismo tenía que cambiar la ruta y hacer algo más original que seguir a la masa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda noche de fiesta cambió de formato. Al final del pueblo, una pasarela llevaba a una playa, y al final de su arena se juntaban los jóvenes del lugar para charlar y tomar cerveza al calor de una hoguera. Allí me acerqué con mis amigos reporteros, y una vez más tratando de entender el humor local y las expresiones prefabricadas, pasé un buen rato entre gente agradable. Esta vez no dejé que se me hiciese tan tarde, y después de despedirme hasta pronto, como un niño bueno volví a la posada para que no se preocupasen por mi ausencia.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1581529128577350074?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1581529128577350074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1581529128577350074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/lunes-8-y-martes-9-de-diciembre-de-2008.html' title='Lunes 8 y Martes 9 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuvR27lnCI/AAAAAAAABdE/vYGLQFPjDj0/s72-c/SL374171.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-7278780480830757025</id><published>2008-12-19T05:47:00.001-08:00</published><updated>2008-12-19T06:18:19.616-08:00</updated><title type='text'>Domingo 7 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de Cochrane a orilla de un río sin nombre:    &lt;strong&gt;91  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.542 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281499650719660498" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUun8yJ-udI/AAAAAAAABcQ/qI2BdPOLwys/s400/SL374143.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La agradable urbanidad de Cochrane, con sus calles pavimentadas y sus casitas sencillas, no era más que un espejismo en una infinitud desierta; los habitantes del pueblo se consideraban a sí mismo pioneros, en el sentido de que tal vez habían sido sus abuelos los que habían llegado por primera vez al valle, moviendo a duras penas sus carretas por los pedregales casi ignotos que aún no soñaban con un camino que los conectara con el mundo. Viniendo desde el norte parecía que ningún lugar pudiera estar más olvidado de los tiempos que Cochrane; y para continuar al sur tenía un camino infame de 130 kilómetros para desesperarse, y sin un alma que los habitase. Nada que un buen trabajo de mentalización previo no pueda superar, y en eso había estado los últimos días. Madrugué bien para recoger a tiempo y comprar provisiones en la tienda nada más que abrieran, y después busqué la salida hacia el sur. Un decidido viento de cara anunciaba dificultades, pero al menos hacía más difícil el aterrizaje a los tediosos tábanos, auténticos guardianes de la pureza de la Patagonia. Los pocos huasos a caballo, versión chilena del gaucho argentino, que me cruzaba por el camino, daban fe del infierno que son estos bichos tapados de arriba abajo a excepción de los ojos, de los que sin pausa tenían que espantárselos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281498614610359010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUunAeWRcuI/AAAAAAAABcI/tOYFP0ZmFBA/s400/SL374128.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281500713730253442" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuo6qLdIoI/AAAAAAAABcY/INMVOsXxVXM/s400/SL374147.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En seguida llegó el primer lago del día, otra extensa masa de agua cristalina que ya no reflejaba grandes cordilleras. El relieve se había ido suavizando poco a poco, y a estas alturas sólo quedaban aislados ventisqueros en la lejanía, y lomas más bien redondeadas y cubiertas por los esqueletos de aquellos bosques que los pioneros quemaran allá por los años 30. Algunos tramos olvidados por estos bárbaros mostraban retazos del bosque increíble que alguna vez debió de cubrir todas estas tierras. Si ya tenía casi decidido no continuar más hacia el sur, hacia Ushuaia, el declive del atractivo del paisaje terminó por confirmar mis intenciones. Después de Caleta Tortel, regresaría en bus al norte de la carretera austral para recorrer algún otro tramo de Andes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281501749292385090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUup278tQ0I/AAAAAAAABcg/la8K5KV6meg/s400/SL374156.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unas decenas de kilómetros el paisaje recuperó algo de interés, con algunas moles de roca y hielo estrechando el desfiladero por el que pasaba el camino. La estrechez del paso tal vez lo había salvado de las quemas, al no poder ofrecer los extensos pastos que buscaban los pioneros. Algunos grandes ríos con el azul del deshielo sorprendían por su caudal; me llamó la atención uno de ellos, que según un letrero en el puente que lo cruzaba, era el Río Sin Nombre, como quien lo desprecia por insignificante; y no creo que en toda la península Ibérica haya un solo río con su caudal. Y es que lo magnífico de la carretera Austral era, sobre todo, la escala diferente con la que estaban hechas las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281502784238440322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuqzLbEz4I/AAAAAAAABco/42Vw9bM11FI/s400/SL374159.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo el día a penas pasó media docena de coches por la carretera; uno de ellos paró a mi altura para charlar. Se trataba de un alemán aficionado al ciclismo que vivía hacía años en Santiago. Cada vez que tenía una semana de vacaciones recorría algún tramo de la carretera Austral, y así, tramo a tramo, pretendía completar el clásico hasta Ushuaia un año de estos. Justo regresaba de una más de estas etapas, y tenía un buen trecho de coche hasta Santiago. Cuando me preguntó si mi bicicleta estaba bien, o si necesitaba materiales de repuesto, le contesté convencido que todo estaba bien; justo cuando se marchó se me ocurrió mirar las ruedas de cerca: la trasera tenía tres radios rotos… y yo sin repuestos… y el alemán alejándose por el horizonte. Ahora sí que no había otra: desde Caleta Tortel, si es que conseguía llegar antes de que la rueda se convirtiese en un hierro inútil, no podía continuar hacia Villa O’Higgins, con cientos de kilómetros por delante sin un lugar civilizado donde arreglar los desperfectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281504751503321522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUuslsDkqbI/AAAAAAAABc0/Kl9UbRX7714/s400/SL374165.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mucha tarde por delante me rendí y busqué un recodo de un río para acampar. No había recorrido demasiada distancia, pero la desesperación del esfuerzo perdido contra la piedra suelta que no dejaba avanzar, y el ataque masivo de los tábanos, me retiraron de la competición.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-7278780480830757025?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7278780480830757025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7278780480830757025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/domingo-7-de-diciembre-de-2008.html' title='Domingo 7 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUun8yJ-udI/AAAAAAAABcQ/qI2BdPOLwys/s72-c/SL374143.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1029774939683677617</id><published>2008-12-18T06:44:00.000-08:00</published><updated>2008-12-18T06:52:41.334-08:00</updated><title type='text'>Sábado 6 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de la orilla del río Baker a Cochrane:    &lt;strong&gt;44  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.451 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281141535416721266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpiPusTH3I/AAAAAAAABbo/kLVNm1iqwAk/s400/SL374119.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estaba ya lejos de Cochrane, la última población más grande que una aldea en lo que quedaba de carretera Austral. Parecía buena idea llegar y pasar un día relajado, recuperando fuerzas y preparando las últimas etapas hacia el sur. Para entonces, la idea de continuar hasta Punta Arenas y Ushuaia se había desinflado. Si quería hacer este recorrido tendría que tomar el barco del siguiente sábado, el único a la semana que cruzaba de Villa O’Higgins hacia el lado argentino. Pero eso suponía tener que esperar un mínimo de 3 o 4 días en uno de los tres pueblos que me quedaban en el recorrido de 300 kilómetros hasta Villa O’Higgins. Luego venía un periplo desagradable por un bosque sin camino trazado, acarreando la bici y los bártulos, otro barco, y por fin la continuación a Ushuaia.  Ese era el plan original, pero contando los días que me quedaban no era ya posible llegar a la ciudad más austral del planeta, y el camino intermedio parecía más una ginkana inútil que un disfrute de viaje o un reto. Así que a estas alturas, mi meta era el extremo chileno de la carretera Austral cuando llega al mar, Caleta Tortel, y de allí regresar en autobús hacia el norte para hacer alguna ruta más en lo que me quedase de viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281141961756520178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpioi7oLvI/AAAAAAAABbw/z1o1LvLwNxs/s400/SL374120.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, comparado con las montañas, bosques impenetrables y glaciares del norte de la ruta Austral, llegando a Cochrane estaba decepcionado por el paisaje seco y pelado, dominado por vientos que arrastraban la arena a su paso. No estaba disfrutando igual que antes de lo que recorría, y esto terminó por decidirme a dejar para mejor ocasión el tramo final a Ushuaia. Los secarrales eran dominio de los tábanos, y el suplicio aumentaba en las cuestas o cada vez que pretendía parar para tomar aire. Trepando por las costaneras se alcanzaban buenas vistas del colorido Baker, ya fundido con otros afluentes de deshielo que traían colores azulados opacos. Mientras hacía una parada en un risco de una curva disfrutando del espectáculo de los ríos, apareció por detrás otro ciclista. Walter era un holandés que seguía el mismo camino que yo, aunque él lo vivía casi como algo profesional. Llevaba 18 meses pedaleando, desde el extremo de Alaska, por toda la carretera Panamericana, y se proponía terminar en Ushuaia para poder decir que había cruzado el continente en bicicleta. A priori parecía que algo de obsesivo había en su aventura, pero charlando con él me encontré a una persona perfectamente equilibrada. Había planteado el viaje con unos cuantos amigos, pero después de Ecuador el grupo se había roto y todos habían continuado en solitario. No es fácil adaptar el ritmo y los deseos de todos, y ahora seguía más tranquilo a su aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281142305387273906" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpi8jDlXrI/AAAAAAAABb4/RXT5-g-2vzU/s400/SL374124.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedaleamos juntos la parte de desierto que quedaba hasta Cochrane. Teníamos presupuestos diferentes, así que no nos alojamos en el mismo lugar, y quedamos para tomar algo por la tarde. Aunque Walter seguramente había vivido multitud de experiencias en tantos meses de viaje, no era demasiado hablador, y parecía tener más curiosidad por mi viaje que ganas de contarme sobre el suyo. Cenando en un restaurante y paseando por el pueblo conversamos hasta que se hizo de noche. Él descansaría un día más en Cochrane, y yo en cambio prefería continuar, pues no era éste un pueblo con mucho que ofrecer a parte de la conversación del otro viajero. Así que nos deseamos buena suerte y nos despedimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpjQOQx9JI/AAAAAAAABcA/zL9dEy3p7N0/s1600-h/SL374125.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281142643402863762" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpjQOQx9JI/AAAAAAAABcA/zL9dEy3p7N0/s400/SL374125.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1029774939683677617?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1029774939683677617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1029774939683677617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/sbado-6-de-diciembre-de-2008.html' title='Sábado 6 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpiPusTH3I/AAAAAAAABbo/kLVNm1iqwAk/s72-c/SL374119.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1416269353143128949</id><published>2008-12-18T06:29:00.000-08:00</published><updated>2008-12-18T06:44:41.080-08:00</updated><title type='text'>Viernes 5 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, del lago Carrera a la orilla del río Baker:    &lt;strong&gt;97  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.407 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281137689577467522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpev30xLoI/AAAAAAAABa0/u4czQRsoZm0/s400/SL374067.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carretera continuaba hacia el sur por la accidentada orilla del lago, llena de penínsulas, bahías, playas e islotes que lo dotaban de una belleza remarcable. A unos kilómetros pasé por Río Tranquilo, un encantador pueblito junto al agua, rodeado de cien kilómetros de vacío y naturaleza. El rincón en el que se enclavaba era una islita de frondosidad y de prados cubiertos de flores en medio de un paisaje que se hacía cada vez más seco y desprovisto de árboles. Y para mi sorpresa, multitud de turistas paseaban por las calles y playas. Apenas había visto unos pocos viajeros después de Pucón, hacía ya más de un mes, y había empezado a tener la sensación de que el Mundo se había acabado y en Chile no nos habíamos enterado. Normalmente, en cualquier rincón del Mundo y en cualquier época del año, los mochileros se dejan ver sin falta, inconfundibles a la legua. Pero ya desde que recorría México con Susana habíamos reparado en que casi estábamos solos allá donde íbamos; tal vez la crisis los había retenido en casa, aferrados a los trabajos que en condiciones mejores habrían cambiado por unos meses de aventura en libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281138486613443378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpfeRA9AzI/AAAAAAAABbA/EX1GKzw3-VI/s400/SL374082.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en un hostal para desayunar como dios manda y distraerme un poco charlando con quien se dejase. La señora no daba abasto para atender a los viajeros hospedados y para prepararme el desayuno. Cuando amainó el temporal vino a conversar a la mesa. Sus rasgos eran puramente mapuches, y su mirada traslucía una serena sabiduría de siglos. Conocía bien la tierra en que había crecido. Había montado el hostal hacía 20 años, llenando el jardín de frutales que ahora producían para vender excedentes. Pero el clima había cambiado rápidamente, ya no se entendía lo que sucedía. Antes, me contaba, podía obtener hasta 6 kg de patatas de cada mata que plantara; hoy con suerte conseguía 1 kg. La explicación, para ella, era que antes llovía mucho más, y en invierno la nieve se acumulaba sobre la tierra y la preparaba para la agricultura. La escasa nieve de los inviernos actuales empobrecía año tras año la tierra. Incluso los glaciares de las montañas, que antes atraían a los turistas de todo el mundo, se habían derretido ya completamente. Javiera era una persona religiosa, y recordó un pasaje de la Biblia según el cual, en los últimos días del Mundo la tierra dejaría de producir y se volvería estéril. Pensé que siempre es fácil predecir que, al final, será el final. Pero no andaba desencaminada la señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281138912176250642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpf3CXCHxI/AAAAAAAABbI/vzJnrqWGDF0/s400/SL374090.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de Río Tranquilo la orilla del lago se volvía más arisca, empinada y azotada por el viento y el sol que no encontraban obstáculo en los árboles. El bosque había desaparecido y la belleza indiscutible del paisaje consistía sólo en montañas imponentes y lechos de hielo desprovistos de selva, y sus reflejos en el inmenso lago de color acuarela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281139766498779778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpgow9ZYoI/AAAAAAAABbY/DlVwHM5rJNs/s400/SL374112.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el camino dejó atrás el lago y, ascendiendo por un collado, ganó el balcón  de lagos más pequeños a los pies de ventisqueros de hielos perpetuos que brillaban cegadores bajo el sol. En uno de estos lagos me detuve para nadar y lavarme, aprovechando que la semana de buena temperatura lo había dejado apetecible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281139270398046914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpgL41w8sI/AAAAAAAABbQ/PYdPc-vMssQ/s400/SL374107.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sufrí el lento pedaleo contra el viento por un firme insoportable de pedruscos, y por unas interminables horas avancé entre tierra seca rodeada de picos nevados. Cuando alcancé la vertiente descendiente de las aguas, me dejé caer por una cuesta que se cubrió de nuevo de verde, hasta allegar al siguiente valle. Entre altas montañas apareció un estrecho lago con una franja de tierra plana donde se asentaba Puerto Bertrand, otro pueblito minúsculo de calles desiertas con algún hotel para el verano, y un par de turistas despistados paseando en soledad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281140125783772418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpg9rZnTQI/AAAAAAAABbg/MM6WZiObn98/s400/SL374116.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El atardecer estaba a punto de sumergir en la sombra de los picos la orilla del pueblo, cuando aún le quedaban muchas horas de sol al día para deleitar al resto del paisaje. De un extremo del lago nacía el poderoso Baker, un río de aguas turquesa que se abría paso con estrépito. Seguí su cauce durante unos kilómetros hasta encontrar un recodo agradable donde acampar, y a unos metros del río puse mi casita de tela, para con la faena hecha dedicarme al silencio  y a la contemplación. A aquellas latitudes, y en tales fechas, la claridad del cielo no se desvanecía completamente hasta pasada la medianoche, y vencido por el sueño me fui a dormir cuando aún parecía de día.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1416269353143128949?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1416269353143128949'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1416269353143128949'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/viernes-5-de-diciembre-de-2008.html' title='Viernes 5 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpev30xLoI/AAAAAAAABa0/u4czQRsoZm0/s72-c/SL374067.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8987997561016434824</id><published>2008-12-18T06:18:00.001-08:00</published><updated>2008-12-18T06:29:53.890-08:00</updated><title type='text'>Jueves 4 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de Cerro Castillo a orilla del lago Carrera:    &lt;strong&gt;110  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.310 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281135092698207522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpcYtsgVSI/AAAAAAAABaU/NtcURGpXd70/s400/SL374006.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras desayunaba en el comedor de la pensión sonaba en la radio un reguetón; lo escuché con atención, porque era el primero que no me repugnaba con una letra machista, violenta y descarnada. Éste me sorprendía con un alegato en contra del plan de construcción de pantanos que se estaba iniciando en la Patagonia, y que iba a anegar numerosos valles de sus caudalosos ríos. Desde que había pasado de Chaitén me había encontrado por todas partes pintadas y pegatinas, carteles en fachadas o en muros de la carretera, protestando contra este plan y llamando a la acción. En cualquier lugar al que llegara, en cuanto se enteraban de que yo era español me recordaban que era Endesa la compañía que iba a destruir la increíble naturaleza de la Patagonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281134686854046738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpcBFzt5BI/AAAAAAAABaM/UZpAfr8Jo4U/s400/SL374016.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía sonando el reguetón reivindicativo en la radio, y le pregunté a la señora su opinión sobre el tema. Me dijo que le daba igual. ¿Igual? La gente de la región parecía muy movilizada, ¿no era así? Según ella, los que protestaban contra los nuevos pantanos eran cuatro gatos, aunque hicieran mucho ruido. El resto de los patagones no hacía caso a la cuestión; y no porque quisieran los pantanos, sino porque sabían que el gobierno los construiría de todos modos, y de nada servía protestar. Para mí era evidente que si algo había conseguido la dictadura, era anular y desmovilizar la voluntad popular. Acomplejar a todo un pueblo que sentía que no pintaba nada en las decisiones políticas, ni tenía capacidad de influir en su propio destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281135774482377746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpdAZihLBI/AAAAAAAABac/5pV9_7GkK3U/s400/SL374026.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de  Cerro Castillo, el asfalto desaparecía definitivamente por el resto de la carretera Austral. Más impracticable que nunca, ascendía por la cordillera entre bosques, y ofrecía miradores estupendos hacia el valle del río Ibáñez, y a los torreones del Cerro Castillo que se elevaban tras una interminable ladera. El río había sido movido de su cauce por un aluvión de cenizas volcánicas procedentes de la última erupción del Hudson, una década atrás. Los bosques que antaño le habían servido de rivera en el amplio valle se habían convertido en un pantano natural, y todos los árboles habían muerto. Un extraño bosque de troncos secos rellenaba un lecho grisáceo, y la carretera se rodeaba ya de depósitos de cenizas volcánicas de más de un metro de altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en el norte había recorrido paisajes despoblados, pero esta zona que seguía a Cerro Castillo lo superaba. Durante los siguientes días no me encontraría más que alguna aldeita cada 100 km más o menos, recorriendo caminos duros y relieves espectaculares. La espesura de los bosques se rompía de vez en cuando por extensos vacíos repletos de enormes troncos muertos, y árboles mucho más jóvenes que poco a poco crecían sobre la tierra quemada. Con la colonización de la zona en la década de 1920, muchos de los bosques vírgenes de la región habían sido quemados para crear campos para pastos; pero fuera de control, los incendios habían arrasado incluso las improductivas verticales de las montañas. Noventa años después, a penas asomaban arbolillos de tres metros de altura; y es que con el extremo clima de la región, el bosque tardaba siglos en crecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque a menudo las vistas eran imponentes desde alguna altura alcanzada con esfuerzo, a penas podía pararme a disfrutarlas por culpa de los tábanos. Como hordas suicidas volaban directos a la piel descubierta, y la única manera de librarse de ellos era matándolos de un tortazo; aunque eran tan numerosos, que de poco servía esto, y al final sólo cabía seguir pedaleando para que el airecillo los despistara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281136117800918914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpdUYgCX4I/AAAAAAAABak/0jofhuGhMqU/s400/SL374040.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ganado de nuevo el valle, seguí un río de aguas azules por los arrastres del deshielo, hasta alcanzar la orilla del lago General Carrera. Con tiempo de día por delante, busqué una playa de hierba junto a las aguas del inmenso lago, y monté la tienda donde no se viera desde el camino. Los tábanos se iban a dormir al atardecer, pero entonces llegaban las oleadas de mosquitos; vestido de arriba abajo, y embadurnado de repelente, me relajé junto a la transparente agua, bebiéndola tras cada bocado de la cena. Dejé que la noche cubriera de estrellas el cielo, y poco a poco aparecieron ante mis ojos las Nubes de Magallanes y la Cruz del Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpdpU4MosI/AAAAAAAABas/Z1VsWcLtnos/s1600-h/SL374052.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281136477605765826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpdpU4MosI/AAAAAAAABas/Z1VsWcLtnos/s400/SL374052.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8987997561016434824?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8987997561016434824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8987997561016434824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/jueves-4-de-diciembre-de-2008.html' title='Jueves 4 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpcYtsgVSI/AAAAAAAABaU/NtcURGpXd70/s72-c/SL374006.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-2168360532434605922</id><published>2008-12-18T06:06:00.001-08:00</published><updated>2008-12-18T06:18:11.876-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 3 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de Coyhaique a Cerro Castillo:    &lt;strong&gt;99  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.200 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281131709878595026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpZTztdbdI/AAAAAAAABZk/kNN1F1U2vkI/s400/SL373971.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los días en Coyhaique había notado como la ligera alergia a las gramíneas que me ha aparecido en los últimos años comenzaba a generarme picores y estornuderas; la mañana que por fin me daba por recompuesto y dispuesto al pedaleo, me dolía la cabeza, tenía una abulia muy digna, y a penas podía separarme un minuto de los pañuelos de papel. Un viento frío en contra venía a complicarme el día, y alguna racha de lluvia a recordarme la agradable camita caliente que acababa de abandonar en pos del sueño mío de nómada perpetuo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281133266114544274" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpauZJBgpI/AAAAAAAABaE/QGYxFErE5o4/s400/SL373976.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a todo continué como pude, no podía atrincherarme en Coyhaique para siempre, y el paisaje que venía seguía siendo interesante. Empezó con relieves algo suaves y pelados, con algún balcón a la pampa infinita que por el este penetraba en Argentina. Pero poco a poco se fue internando en un paisaje solitario y terroso, de rocas desnudas y extensiones áridas. Por primera vez en todo el viaje no estaba rodeado de verde, y las montañas adquirían un aspecto primario y extraterrestre. Conforme fui ascendiendo el puerto, alguna de las vertientes del sur aparecieron más y más heladas, hasta recorrer un valle adornado por algunos glaciares pequeños. Descender hasta el siguiente valle fue menos agradable, un viento helado casi no me dejaba abrir los ojos, pero las vistas del la cadena montañosa que daba nombre al final de la etapa, Cerro Castillo, eran espléndidas. Unos torreones de roca sobresalían verticales sobre el hielo de tremendos ventisqueros, y sobre las agujas se enredaban las nubes. Para entonces, los síntomas de la alergia habían desaparecido y me encontraba perfectamente. Durante los próximos días comprobaría que la alergia remitía en cuanto me ponía a pedalear y a respirar fuerte por los campos llenos de polen, y me volvía a aparecer si pasaba demasiadas horas parado en un pueblo. No lo podía entender, pero el remedio ya estaba aprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281132080790198274" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpZpZdrWAI/AAAAAAAABZs/oXyIhGuSujk/s400/SL373989.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281132435534739410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpZ-C_Xd9I/AAAAAAAABZ0/MFu6gDVJPv0/s400/SL373994.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una duchita salí a cenar algo; el lugar más económico parecía un restaurantito montado en un viejo autobús que había sustituido las butacas por mesitas y sillas. La cocina estaba en la parte de atrás, y el asiento del conductor dejaba lugar a la estufa de leña que calentaba el espacio. Y pese a lo rústico del montaje, había que hacer cola para poder pedir algo. Fue allí donde conocí a Alicia, Marcos y Ana María, tres amigos que venían de Coyhaique sólo para ver actuar a los Jaibas. Yo nunca había oído nombrarlos, pero se trataba del grupo más legendario de Chile, y por una extraña casualidad y la intercesión de un proyecto de cultura rural, tocaban esa misma noche en el gimnasio del pueblito perdido en el que me encontraba. En la puerta del gimnasio me topé con el control de policía registrando a todo el que llegaba. Con la navaja multiusos que siempre llevo encima no podía pasar, y seguramente sólo por ser extranjero me libré de algún problema con la ley… busqué una calle solitaria para dejar la navaja escondida entre la hierba y así poder recuperarla después del concierto, y ya sin suponer un peligro para el acontecimiento pasé el control y me encontré de nuevo con los tres amigos. Durante un par de horas descubrí a un grupo potente, vibrante, que aunaba la tradición indígena y regional chilena con el rock moderno desde los años 70. Muchos de los temas reivindicaban el legado nativoamericano frente a la destrucción cultural que supuso la conquista; otros cantaban poemas de Neruda, o marcaban tendencia política; los Jaibas acabaron en el exilio después del asesinato de Allende, y de alguna forma representaban todo un capítulo de la Historia chilena. La gente se emocionaba sintiendo como propia la exaltación indígena, por más que pocos genes mapuches sobrevivieran en una población de origen marcadamente europeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281132824096622466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpaUqfvR4I/AAAAAAAABZ8/V_YADZg5sX8/s400/SL373999.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compartiendo con mis amigos este momento pude, aunque a gritos, charlar con ellos para conocerlos un poco más. Marcos había sido marinero y viajero, y su próximo plan era recorrer los primeros 2.000 km del Amazonas desde su nacimiento en Perú. Ana María tampoco había sido demasiado casera, y desde hacía lustros vivía en Suecia, todo un contraste para una chilena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre canción y canción me daban detalles de las canciones o me contaban curiosidades. Hasta hacía poco, aquella región no había estado comunicada por carretera con el resto de Chile, pero sí con la vecina Argentina; hasta el punto de que, tras un terrible terremoto que azotó algunas comarcas veinte años atrás, la ayuda llegó antes de los Gauchos que de las autoridades chilenas, generando un sentimiento de unión al país vecino, por ende más desarrollado y habitado que el lado chileno, olvidado a su suerte y casi deshabitado. Este sentimiento ya había desaparecido, pero la influencia argentina seguía viva en muchos aspectos de la cultura local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Jaibas seguían haciendo bailar al público, y afloraban en las canciones los rasgados sentimientos del exilio; las letras y la forma, cultas y visionarias, contrastaban con la pobre pseudocultura de la farándula que hoy se imponía en los medios, para mostrar sin contarlo el Chile que podría haber sido, pero no fue. Me sentí feliz; por sorpresa, tras un día de duro pedaleo, viento y lluvia, estaba en un pueblito perdido bailando con unos amigos en un concierto de dimensión internacional. Acabé por emocionarme.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-2168360532434605922?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2168360532434605922'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2168360532434605922'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/mircoles-3-de-diciembre-de-2008.html' title='Miércoles 3 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpZTztdbdI/AAAAAAAABZk/kNN1F1U2vkI/s72-c/SL373971.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-939152105067291534</id><published>2008-12-16T06:44:00.000-08:00</published><updated>2008-12-16T06:52:23.268-08:00</updated><title type='text'>Domingo 30, Lunes 1 y Martes 2 de Diciembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, del santuario de San Estéban a Coyhaique:    &lt;strong&gt;37  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.101 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuando por el valle del río me encontré varias cascadas más, próximas a la carretera y casi escondidas entre árboles. Poco después, la carretera se separó del río para subir una loma, y desde allí el paisaje cambió radicalmente. Tal vez la proximidad de Coyhaique, la ciudad más grande del entorno, se hacía notar en aquellas montañas peladas, desprotegidas de los vientos, y desprovistas de la belleza a la que estaba acostumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280399767434687026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe_nJn_8jI/AAAAAAAABZE/6Bo7YLRS84I/s400/SL373934.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana noté que me faltaban las fuerzas. Desde que allá por marzo empezase a viajar, no me había alimentado de la forma más completa; en los tres meses de bicicleta por Asia experimenté la dieta única de las tres sopas picantes de tallarines al día; en los dos meses y medio por México habían sobrado las grasas y faltado las vitaminas y los minerales. Y por fin, en las soledades de Chile era rara la comida que no consistiera en un bocadillo de una pasta grasienta que llamaban paté. Subiendo las últimas cuestas antes de Coyhaique me di cuenta de que mi cuerpo tenía tantas carencias que no daba más de sí. Cuando a duras penas llegué a la ciudad, decidí quedarme un par de días para recuperarme y comer todo lo que me entrase en el estómago. Para ello busqué una pensioncita con derecho a cocina, y durante los siguientes días cociné carne, pasta y verduras como para tres personas, pero con un solo invitado a la mesa: yo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280400180379767234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe__L9x0cI/AAAAAAAABZM/MhvRiJCA1Lo/s400/SL373938.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de Coyhaique era pequeño y agradable, con una sombreada plaza de armas desde la que se disfrutaban las fabulosas vistas de unas montañas de aspecto marciano que la rodeaban no muy lejos. Por una calle peatonal y por la viva avenida repleta de comercios y cafeterías desfilaba un animado ambiente de gente dando la bienvenida al verano. Todo un lujo teniendo en cuenta los páramos desiertos que venía de recorrer. Después de tantos fríos y lluvias, para caminar a gusto por el centro tenía que vestirme de ropa corta y buscar el lado de la sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno de poder cocinar en la posada era que, además de comer más sano, daba para conocer al resto de inquilinos. La dueña era una chiquilla de 22 años que cargaba un bebé algo insoportable allá a donde iba para atender a los clientes. Cristina había corrido demasiado en la vida, y así había tenido que dejar sus estudios de odontología para atender al muchacho. Por fortuna tenía la pensión de sus padres, y con poco trabajo le sobraba para vivir. Durante los tres días que pasé allí tuve tiempo de hacer buena amistad con Cristina, un humor ingenioso y fresco que yo echaba ya en falta. También pasé buenos ratos con un matrimonio chileno que se alojaba allí por unos meses en la posada, mientras durasen las obras en las que él trabajaba. Javier era campechano, contador de chistes algo machista y siempre chisposo, que tendía a la fanfarronería como truco de humor, pero sin llegar a ofender: lo que los cubanos llaman un tipo jodedor. Cada noche se nos hicieron las tantas jugando al ping-pong de las paridas y los piques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes por la mañana aún llegó un circo en pleno a sumarse a la incipiente familia de la posada. Eran sólo siete, pero cundían como veinte, tanto en su circo, en el que se apañaban para hacer de todo, como en la casa, que nunca volvió a conocer el silencio. Yo salí a buscar una peluquería donde me quitasen el aspecto de vagabundo barbudo. Mientras me obraban el milagro comencé a charlar con una clienta que esperaba su turno. Mónica era profesora de lengua en un colegio de la ciudad, y llena de inquietudes y de una variada cultura humanista, fue sacando uno tras otro temas tan interesantes para conversar que, cuando me quise dar cuenta, llevábamos tres horas de plática en el reducido espacio de la peluquería. Ya era la hora de comer, así que aplazamos la conversación para después del almuerzo; hacía tiempo que no tenía un interlocutor tan ágil, y teníamos que retomar la charla con un café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De ese modo nos volvimos a encontrar para pasar otras cuatro horas dando un buen repaso a nuestro abanico de ideas. Mónica se encontraba en una etapa delicada; sus cuatro hijos, ya crecidos, habían volado de casa. Su salud algo tocada se unía a su lúcida consciencia sobre el mundo imperfecto que la rodeaba para abocarla a un estado que rozaba la tristeza crónica. Yo compartía plenamente su escepticismo y su pesimismo sobre el valor de la especie humana, sobre los devenires y padeceres de nuestra Historia… pero yo, siendo consciente de lo poquita cosa que somos, y de lo poco a lo que podemos aspirar como género, soy en cambio muy optimista y feliz con respecto a mi propia vida y el pequeño mundo que me rodea. Mónica llevaba esa visión negativa del mundo al terreno personal, y acababa por apocarse. Era un privilegio para mí hablar con una de las personas más valiosas que había conocido últimamente, y sin embargo ella no se valoraba a sí misma como hubiera debido. Escuchándola hablar, conociendo sus ideas sobre las relaciones entre las personas, la psicología o la pedagogía, yo estaba seguro de que, pasados 20 años, sus afortunados alumnos no recordarían a ninguno de sus profesores con tanto cariño como a Doña Mónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280399366170110130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe_PyzEaLI/AAAAAAAABY8/UrmUnhiqLIM/s400/SL373940.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso a la pensión había crecido todavía más la familia. Una pareja de viajeros italianos cocinaba la inevitable pasta, y conversando con ellos completé mi ruptura con tantos días de voto de silencio. También ellos tenían una surtida variedad de puntos de vista en común conmigo, supongo que patrimonio compartido por quienes viajamos para tener una visión más cosmopolita de las cosas, una perspectiva más relativa y distante. Como yo, habían perdido la fe en este lío que entre todos habíamos montado, y llamábamos civilización occidental. Estábamos de acuerdo en que todo parecía a punto de reventar, y que no tenía mucho sentido esforzarse por levantar la vidita ideal y burguesa a la que casi todo el mundo aspira, cuando el próximo viento seguramente derribaría todo el castillo de naipes sobre el que se asentaba. Claro, que ellos me superaban por idealistas; creían que el necesario cambio de mentalidad global llegaría por sí solo; yo en cambio pienso que sólo las catástrofes, como la que sin duda nos aguardaba a la vuelta de la esquina, son capaces de obrar el cambio, despertándonos de una pesadilla con otra. O tal vez ni tan si quiera con el tortazo final sabríamos aprender la lección. La Humanidad no da para más, somos poco más que un montón de hormiguitas desorientadas.&lt;br /&gt;Por ejemplo, frente a este engendro del crecimiento ilimitado y exponencial en que se basa el sistema que vivimos frenéticamente desde hace más de un siglo, y que antes o después nos llevará a una crisis energética que nos diezmará por hambre, ellos opinaban que era posible fomentar una nueva mentalidad del no consumo, de la sostenibilidad, del decrecimiento y el ahorro de recursos. Claro, tal vez en Europa, pensaba yo, se pueda convencer a una minoría de iluminados. Pero tras milenios de penurias, vaya usted ahora a convencer a los chinos e indios de que no consuman, justo cuando comienzan a saborear las mieles del consumismo. Y entre tanto, la bomba de relojería de la vida a crédito que con tanto esmero cultivábamos en Occidente, estaba a punto de mandarlo todo al carajo. Tiempos interesantes y duros los que estábamos por ver.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-939152105067291534?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/939152105067291534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/939152105067291534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/domingo-30-lunes-1-y-martes-2-de.html' title='Domingo 30, Lunes 1 y Martes 2 de Diciembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe_nJn_8jI/AAAAAAAABZE/6Bo7YLRS84I/s72-c/SL373934.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-5525671458370988301</id><published>2008-12-16T06:32:00.001-08:00</published><updated>2008-12-16T06:44:43.933-08:00</updated><title type='text'>Sábado 29 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de Amengual al santuario de San Esteban:    &lt;strong&gt;120  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;2.064 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280396090483954594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe8RH6oU6I/AAAAAAAABYU/xDfOtsCDdyc/s400/SL373870.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo cambió el clima y me regaló un día soleado. Coincidió además con un tramo casi enteramente de asfalto, rara cosa que era de agradecer. A poca distancia de Amengual, entre las magníficas montañas que delineaban el valle, apareció un lago que reflejaba en su quietud perfecta el paisaje que lo circundaba, incluido un pico nevado de armoniosa simetría, dibujando contra el azul del cielo una pirámide muy empinada. Lo siguieron tremendas paredes de granito desnudo, esculpiendo formas caprichosas en la roca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280397271605854082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe9V38CP4I/AAAAAAAABYk/Gnbs1bOQg0Q/s400/SL373889.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un tramo de unos 20 kilómetros volvió el ripio, pero era más llevadero sabiendo que duraría poco antes de regresar al asfalto. La primavera andaba ya muy avanzada, y sobre verdes praderas se apilaban macizos de flores amarillas y violetas que aprovechaban el breve estío para dar todo de sí. Los árboles se sumaban al despliegue, y laderas enteras se volvían rojizas con sus flores adornando las riberas serpenteantes de los ríos. Cada día suponía un disfrute para mis sentidos, y yo me hallaba como pez en el agua haciendo lo que más me podía apetecer en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280396856325659666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe89s5hXBI/AAAAAAAABYc/wUcVAcFS60k/s400/SL373877.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto alcancé por el camino a otro ciclista que seguía en mi misma dirección. Se trataba de Paolo, un italiano de unos 60 años con un estado de forma envidiable, y que sólo por su cabello cano delataba su edad. Tal vez el ejercicio de la bicicleta lo había conservado así de bien; no necesitaba trabajar para ganarse la  vida desde hacía varios años, y no dejaba pasar muchos meses sin hacer alguna ruta ciclista curiosa. Con etapas mucho más cortas que las mías, eso sí, de unos 50 kilómetros al día; pero sin ninguna prisa, se proponía esta vez llegar hasta Ushuaia.&lt;br /&gt;Seguimos pedaleando juntos mientras disfrutábamos de las vistas y los campos de flores, y nos contábamos alguna anécdota de este viaje y de otros pasados. Llegados a Mañihuales, un pueblito a la orilla de otro precioso lago, Paolo daba por terminada su etapa del día. Para mí 50 kilómetros eran muy pocos, y preferí aprovechar el sol, últimamente inusual, a pesar de que así me perdía una conversación con un tipo bien interesante. Nos deseamos un feliz viaje, y busqué un restaurantito donde comer algo cocinado después de alguna que otra penuria con la comida. Pero en la mesa contigua almorzaba una pareja de españoles de unos 35 años, que conversaba con un matrimonio chileno de más edad. Sin poder evitarlo, escuchándolos regresé de pronto a la España de pandereta que tanto detesto, la que está por exiliarme definitivamente. Se trataba del típico engreído que de nada sabe pero de todo entiende, y pontifica sobre cualquier tema aunque no tenga ni la más remota idea sobre él. En fin, un manojo de dogmas heredados, bien enlazados para aparentar ser algo más que el garrulo arrogante que en realidad era. Lo peor no es que exista este tipo de sujetos, que de todo tiene que haber en esta vida. Lo peor es que de este género suelen ser los trepas que llegan a jefes, y a los que casi todos tenemos que padecer en el trabajo. Y es que España ha sido gobernada desde siempre, en todos los niveles, por personajes como éste, que no saben, pero ejercen. Y así nos ha ido siempre; y así nos sigue yendo. Con su gesto adusto y autosuficiente soltaba tontada tras tontada, fumaba, se rascaba… macho, muy macho, del tipo que por desgracia exportamos a todo el mundo y por el que se nos reconoce en el rincón más apartado. Demostrando un desprecio lamentable por el país en el que estaba, el educado y correcto Chile, enlazaba taco tras taco, y no hacía el menor esfuerzo de adaptación para usar los términos que resultan familiares a los chilenos. Ah, por supuesto: su novia no abría la boca, embelesada por el portento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280398141500772482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe-IgjJUII/AAAAAAAABY0/nfsbrwlX08w/s400/SL373910.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un estado casi depresivo salí del restaurante sin haber abierto la boca porque no reconocieran mi nacionalidad. Acababa de darme cuenta de que, por más flores y picos nevados, por más lagos que estuviese disfrutando con la mirada de un niño, en un mes estaría de vuelta en mi país, a la cruda realidad de los madrugones, el metro atestado, y el sol a sol entre impresentables como el zángano de la mesa de al lado. A pelearme con ellos, a sentir que de nada sirve la inteligencia, que el mundo seguirá siendo patrimonio de los idiotas. O al menos mi país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente me supuso un bajón psicológico, y me afectó tanto al ánimo que durante el resto del día no pude mirar igual los prados floridos ni los ríos monumentales. Un leve viento en contra me doblegó, pedaleando sin alma y desorientado. Acudí al remedio fácil, a evadirme escuchando mi mejor música para dejarme mecer por otros sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi al atardecer pasé por una aldea con una cafetería, y entré a hacer una parada. El bar estaba vacío, y el señor regordete y parlanchín que lo atendía me rescató el ánima con su buena conversación. Volviendo al tema del día, me habló de un español que había llegado al pueblo con 22 años, se compró un terrenito y  montó un invernadero. Siete años después el negocio le iba tan bien que ya era dueño de extensas tierras y gestionaba un gran número de invernaderos. Cosas como ésta son ya imposibles en la Europa superpoblada en que vivimos, donde todo está ya hecho y donde casi todos los nichos ecológicos hace tiempo que fueron ocupados. Me hubiera encantado hablar con aquel muchacho, pero había salido por unos días. A veces nos embaucan y nos obligan de tal manera en nuestro estrecho terruño, que no nos damos cuenta de lo sencilla que puede ser la vida con un poco de imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan agradable fue la charla que el hombre no me quiso cobrar el café y los panecillos; nos deseamos buena suerte, y volví al camino. No me quedaba ya mucha luz para encontrar dónde acampar. Después de unos kilómetros dí con un rinconcito sin vallar junto a un río, y cerca de una cascada. Penetrando por el bosquecillo encontré donde nadie me pudiera ver, y después de enfundarme la ropa larga para evitar tábanos y mosquitos, monté la tienda y me pude relajar cenando tras la mosquitera. Pensaba lo increíblemente variados que podían ser los días; de la mañana a la noche mi ánimo había vagado cual barco a la deriva, y después de todo me dormía cansado, pero con el alma amarrada a buen puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe9u-rMP0I/AAAAAAAABYs/JFL8mgXbm-8/s1600-h/SL373918.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280397702910984002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe9u-rMP0I/AAAAAAAABYs/JFL8mgXbm-8/s400/SL373918.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-5525671458370988301?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5525671458370988301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5525671458370988301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/sbado-29-de-noviembre-de-2008.html' title='Sábado 29 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe8RH6oU6I/AAAAAAAABYU/xDfOtsCDdyc/s72-c/SL373870.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-7216143143562783206</id><published>2008-12-16T06:20:00.000-08:00</published><updated>2008-12-16T06:31:58.923-08:00</updated><title type='text'>Viernes 28 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de Puyuhuapi a Amengual:    &lt;strong&gt;95  km&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.944 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amaneció una tamizada luz de sol a través de los jirones de nubes que se deslizaban, vencidas, laderas abajo, y salí de la cama con la alegría de poder seguir camino y no quedarme otro día varado en un pueblo sin casi nada ni nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280393316997490786" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe5vr37aGI/AAAAAAAABX0/ge18eXy6EZw/s400/SL373800.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inicié el recorrido de la pista de tierra que bordeaba el fiordo marino por el este, y al poco me topé con mis colegas de la pensión. Me hicieron apresurarme, debía cruzar los próximos kilómetros antes de media hora; si no, tendría que aguardar dos horas más a que terminasen de reventar la montaña con explosivos. Me dio tiempo a cruzar el tramo, y al salir del control me encontré con la cola de los que, viniendo en sentido contrario, ya no tenían más remedio que esperar. Entre ellos había un ciclista viajero, un filipino que hacía tiempo fumando marihuana sentado en una piedra, y con el que me paré a charlar un rato. Había empezado su viaje en Ushuaia, y se había puesto un plazo de 8 meses para llegar a Ecuador y hacer allí algunas rutas. Me parecía demasiado tiempo para esa distancia, pero él debía de tomarse la ruta con mucha más parsimonia que yo, con largas paradas, semanas enteras en los lugares que más le gustasen, por lo que después de todo no le sobraría tanto tiempo. Hablando de todo un poco, ambos estuvimos de acuerdo en que, aunque es agradable compartir unos días de viaje con alguien que se encuentra por el camino, el verdadero viaje tiene que ser en soledad, para que sea interior como lo es siempre exterior. Así que, aunque hubiese coincidido el sentido de nuestras rutas, nos hubiésemos comprendido mutuamente en no querer viajar juntos más que, tal vez, unas pocas horas antes de decirnos adiós. Hasta la fecha, Bambino, que así se hacía llamar, era el primer asiático que yo conocía viajando en la dureza de la bicicleta, así que me dejó gratamente sorprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280394047961543570" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe6aO7Vs5I/AAAAAAAABX8/jGUC1IQCmzY/s400/SL373841.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Separándose del mar, el camino se hacía más crudo para internarse en un  valle a cuyo fondo aparecía un callejón sin salida de picos y glaciares; acabó como no podía ser de otro modo, subiendo un puerto que me llevase al siguiente valle. Ganando rápidamente altura por las curvas que salvaban en zigzag el desnivel, se alcanzaba una perspectiva más ajustada a la realidad, y las moles de roca y hielo tomaban un aspecto ajeno, casi extraterrestre, monstruoso e inhumano. Si era morada de alguien, sólo podía serlo de titanes. Verticales farellones regalaban el agua de las cumbres heladas en cascadas que llegaban al suelo convertidas en una lluvia difusa sobre las hojas de los árboles centenarios. Las nubes viajaban a gran velocidad, y algún claro pasajero se alternaba con lloviznas que me obligaban durante unos minutos a vestirme el impermeable y sudar con él ascendiendo la cuesta. Coronado el collado ya no me quitaría el impermeable durante el resto del día, ya no por lluvia, sino por el aire helador que cortaba la piel al bajar por el camino encajonado bajo paredes de roca de mil metros. Me costaba entender cómo aquellas estructuras gigantescas no se colapsaban bajo su propio peso, y podían seguir erguidas soportando los glaciares en los ventisqueros que daban al sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280394502725196066" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe60tDcWSI/AAAAAAAABYE/WHv-6owGz1E/s400/SL373845.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios ríos y varios aguaceros más adelante, al final de una buena cuesta que de repente estaba cubierta de asfalto en lugar de ripio y tierra suelta, llegué al primer lugar habitado en 100 kilómetros de recorrido. Amengual era un desolado plano rodeado de una belleza insólita, donde se enclavaban  unas pocas calles y cabañas solitarias. Las calles estaban desiertas, y tuve que ir de puerta en puerta y preguntar muchas veces hasta que dí con una casa donde alojarme. La habían llenado de literas para hospedar a los obreros de los tramos cercanos de la carretera, y por fortuna sobraba una cama para mí. Llegaron del trabajo mientras cenaba algo en la cocina, justo a tiempo de acomodarse frente al televisor para ver la Teletón. Aguanté un par de horas, tratando de comprender su humor en un acento cerrado que se me hacía difícil  seguir. En la televisión se desataba el festival del consumo patrocinado por marcas que donarían, según aseguraban, grandes sumas si se superaba un número de compras en sus establecimientos; uno tras otro, los famosos desfilaban rascándose las carteras para contribuir a la causa, y el gobierno en pleno ocupaba la primera fila del auditorio, y tomaba la palabra para asegurar que destinaría el importe completo de su próxima revisión salarial para la colecta. Sentía algo de vergüenza ajena, tengo que reconocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compartiendo un mate con los compañeros, traté sin mucho éxito de entender sus chistes. Entretanto, seguía pendiente de la gala en televisión, y pensaba para mí que la limosna y la caridad, a menudo suelen delatar una mala conciencia que se intenta lavar por la vía fácil; ¿cómo tomarse el olvido intencionado del resto de graves problemas del país? Los huérfanos, los niños abandonados; los ancianos arrinconados en su soledad indefensa, los barrios marginales sin recursos ni futuro; los salarios de miseria, las jóvenes obligadas por la pobreza a ejercer la prostitución… el sistema de salud que no atendía a quien no podía pagarlo, la educación pública que carecía de valor frente a la educación privada… tantas cosas que pasaban por alto las buenas voluntades cristianas aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe7M4PRMPI/AAAAAAAABYM/St1O0iWdVNE/s1600-h/SL373853.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280394918044446962" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe7M4PRMPI/AAAAAAAABYM/St1O0iWdVNE/s400/SL373853.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-7216143143562783206?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7216143143562783206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7216143143562783206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/viernes-28-de-noviembre-de-2008.html' title='Viernes 28 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe5vr37aGI/AAAAAAAABX0/ge18eXy6EZw/s72-c/SL373800.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-989648210957768040</id><published>2008-12-16T06:10:00.001-08:00</published><updated>2008-12-16T06:20:41.818-08:00</updated><title type='text'>Jueves 27 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Bajo la lluvia en Puyuhuapi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280390872874157426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe3hazhBXI/AAAAAAAABXU/oQpP30x_aZM/s400/SL373797.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedarse pegado a la estufa parecía mucho mejor plan que padecer el desolador clima que volvía a regar la tierra ya saturada. Las cortinas de agua no dejaban ver si quiera las montañas que rodeaban el pueblito, así que me dejé querer por el acogedor calor de la sala de estar. La dueña de la posada era una señora ya mayor que vivía sola y había acondicionado su casa para alojar temporalmente a los obreros que trabajaban en la mejora del camino. Bueno, más que mejorarlo, a menudo pareciera que sólo desgranaban sus pedruscos y ahuecaban las arenas para hacer más difícil aún el tránsito; pero se suponía que en dos o tres años, toda la carretera austral estaría finalmente asfaltada, y en ello estaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé un día sedentario a la fuerza, leyendo o escribiendo en mi cuarto, o tomando un té caliente frente al televisor. Las cadenas chilenas eran pura farándula y cotilleos, aún más deplorables que las españolas. Pero para un viajero siempre es curioso tomar el pulso de la que, desgraciadamente, se ha terminado convirtiendo en generadora y portadora de la cultura popular de un país. En seguida, por ejemplo, quedaba en evidencia el respeto casi religioso que se profesaba por todo lo relacionado con el ejército y los carabineros; y una admiración casi exagerada por un excéntrico advenedizo de nombre Farkas que se había hecho millonario recientemente y hacía leyenda con sus fabulosas propinas. Como si fuera esa la manera de hacer funcionar un país, un tipo como Farkas, que proclamaba ignorarlo todo sobre la política y la economía, se había hecho popular con su generosidad hacia taxistas y camareros, y ya se presentaba veladamente como futurible candidato presidencial. Su golpe maestro era donar un buen montón de dinero cada año en la Teletón. Durante semanas había visto y oído  anunciar la Teletón hasta la saciedad, una telemaratón que llevaba 30 años enfervoreciendo  a los chilenos en pleno para, anualmente, recoger fondos en un show televisivo destinado a la construcción de varios centros de rehabilitación para minusválidos. Una loable intención, que para mí no hacía otra cosa que delatar a un Estado incapaz de resolver los problemas del país, y que dejaba a la caridad la que era su exclusiva responsabilidad. Sólo quedaba un día para la maratón televisiva, y ya nadie hablaba de otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280392136623504706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe4q-o1vUI/AAAAAAAABXs/uVPfj2XtV3I/s400/SL373792.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde volvieron del trabajo los currantes de la carretera, y cenando con ellos en el salón de la pensión disfruté de un par de horas de relajada charla, con poca miga pero mucha guasa. Como habitualmente en conversaciones de este tipo, en las que no se pretende gran cosa, surgía la rivalidad contra lo español y la historia de la conquista, que no se llevaba como algo serio, pero sí como un fácil chivo expiatorio al que achacar el origen de todos los problemas del país. Había ocasiones en que trataba de explicar cuántos siglos habían pasado ya desde que el país había logrado su independencia, y qué poco sentido tenía echarle la culpa de todo al muerto. Cómo sus gobiernos achacaban los males del país a un chivo expiatorio que llevaba dos siglos pensando en otra cosa. Pero esta vez preferí reírme, dejarlo estar, y así picarlos un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280391269573939394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe34goHUMI/AAAAAAAABXc/VMXlfus2gJc/s400/SL373784.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lluvia paró durante unos 20 minutos cuando poca luz le quedaba ya al día, y aproveché para dar un corto paseo y fotografiar la extraña luz que dejó la tregua. El escondido brazo de mar junto al que se situaba Puyuhuapi bien podría haber sido el refugio perfecto de piratas, si no fuese porque las aguas que los conocieron quedaban muy lejos de allí, en otro océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280391677639012290" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe4QQyaL8I/AAAAAAAABXk/VpapwYDROy0/s400/SL373780.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la misma naturalidad con la que me habían predicho un diluvio al saber de la rabia con que atacaban los mosquitos, la dueña de la pensión contradijo al aguacero que volvía a caer ruidosamente sobre los tejados metálicos, y al mismo parte meteorológico del noticiero, para adelantarme que por la mañana habría pasado la lluvia y podría continuar. No supe si fue una intuición o cosa de brujería, pero el caso es que acertó.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-989648210957768040?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/989648210957768040'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/989648210957768040'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/jueves-27-de-noviembre-de-2008.html' title='Jueves 27 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe3hazhBXI/AAAAAAAABXU/oQpP30x_aZM/s72-c/SL373797.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1418925054569083475</id><published>2008-12-16T05:55:00.001-08:00</published><updated>2008-12-16T06:10:32.142-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 26 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: Carretera Austral, de La Vanguardia a Puyuhuapi:    &lt;strong&gt;103  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.849 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280387119779185010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe0G9b8gXI/AAAAAAAABW8/0VZKGc8MhXs/s400/SL373745.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pelea con los mosquitos continuó por la mañana, pese a que en cualquier lugar civilizado éstos se hubieran ido a dormir con un sol como el que calentaba la hierba aquella mañana. De nuevo no pude detenerme en contemplaciones, ni en lavarme la cara en el arroyo si quiera. En unos minutos estaba listo para salir al camino y continuar la marcha. Poco duró el sol, y para cuando encontré una casita perdida con un cartel ofreciendo comidas, ya estaba de nuevo bajo un cielo que amenazaba lluvia. Entré en la casita a pedir desayuno, y a practicar mi español, que ya se me estaba olvidando de tanto rato conmigo mismo. La mujer que lo atendía también se veía feliz de recibir visita, algo que no debía de ser muy frecuente por allí. Al hablarle de lo fieros que habían andado los mosquitos desde la tarde anterior, me dijo que eso sólo podía significar una cosa: venía lluvia, y mucha. Con el estómago reconfortado pero con el ánimo entre amargo y resignado por el anuncio de diluvios, me marché para aprovechar lo que quedara de la efímera tregua que el clima me había dado. La temperatura ya había bajado bruscamente, y un fuerte viento en contra entró en escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280389457451696386" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe2PB8gQQI/AAAAAAAABXM/0xk3e6dkMyI/s400/SL373718.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el magnífico paisaje  seguía persuadiéndome de que  todavía quedaban  lugares en la Tierra donde la mano del Bicho no había hecho de las suyas. Aquellos bosques infinitos enroscados en montañas descomunales difícilmente podrían ser algún día devastados por el hambre incontenible de nuestra especie. Por cientos de kilómetros en todas direcciones no había ciudades, ni aldeas si quiera; sólo naturaleza en estado puro y completo, impenetrable y desafiante, que hacía sentirse al hombre que lo atravesaba pequeño e insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280387525003445362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe0ejA8BHI/AAAAAAAABXE/savs8slkCYY/s400/SL373739.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde se agudizó el viento, ya helado, y por tramos el camino se hizo impracticable debido a las rodadas de los coches sobre un barro blando e incómodo.  La vegetación enmarañada evidenciaba que allí llovía más si cabe que en otras regiones que hubiese recorrido en el viaje, y de cualquier pendiente de roca se descolgaba un sinfín de cascadas de agua cristalina. Pensaba acampar de nuevo, pero la espesura de las malezas lo imposibilitaba, y por decenas de kilómetros no dí con un huequito plano y despejado para pasar la noche. Acabé llegando a un precioso lago encerrado en el fondo de las paredes verticales de otra cordillera coronada de nieve. Durante una veintena de kilómetros recorrí la orilla del lago sin encontrar tampoco dónde acampar. El día se iba perdiendo y las frondas me impedían si quiera dar un paso fuera del camino o acercarme al agua del lago. Terminé de pasarlo casi de noche, y abriéndose por fin el paisaje, aunque ya tenía donde plantar la tienda, apareció el pueblito de Puyuhuapi en una ensenada del mar. Preferí, pues, buscar posada en el pueblo; y fue casi la providencia la que me guió, porque durante las siguientes 24 horas no paró  ni un minuto de llover con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUezn-IQneI/AAAAAAAABW0/bjL9AXHEd20/s1600-h/SL373766.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280386587389107682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUezn-IQneI/AAAAAAAABW0/bjL9AXHEd20/s400/SL373766.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1418925054569083475?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1418925054569083475'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1418925054569083475'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/mircoles-26-de-noviembre-de-2008.html' title='Miércoles 26 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUe0G9b8gXI/AAAAAAAABW8/0VZKGc8MhXs/s72-c/SL373745.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8843174398702342346</id><published>2008-12-16T05:45:00.001-08:00</published><updated>2008-12-18T06:06:07.729-08:00</updated><title type='text'>Martes 25 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;Recorrido: Carretera Austral, de Chaitén a río cerca de La Vanguardia: &lt;strong&gt;99 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total: &lt;strong&gt;1.746 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281130440402621010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpYJ6izUlI/AAAAAAAABZU/l-TCJLyMQBw/s400/SL373611.JPG" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando poco a poco la espesa niebla se fue disipando, aparecieron a la vista algunas de las islas por entre las que navegábamos, lejanas, innumerables y deshabitadas, como un rosario de mundos por descubrir. La mayoría de los pasajeros volvían a Chaitén para recuperar algunas de sus pertenencias; la ciudad había sido abandonada a la carrera en medio de la erupción, y había personas que todavía no sabían con seguridad si su casa había desaparecido bajo el lodo o si aún guardaba los recuerdos de toda una vida. Todo el mundo se agolpó en la barandilla de la borda cuando por fin apareció la línea neblinosa de la ciudad de Chaitén, bajo la imponente mole de montañas que habían sido su abrigo, y más tarde su destrucción. El cono volcánico no quiso aparecer tras el velo de nubes, como avergonzado ante quienes tantos años lo habían visto con indiferencia o admiración, y hoy lo maldecían por haberlos exiliado. Me quedé con ganas de ver la fumarola que, según me contaban, todavía salía de las entrañas de la tierra, amenazando con terminar el trabajo que había comenzado en mayo pasado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5281130828650147746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpYgg4Ob6I/AAAAAAAABZc/Aj2XqSEBGJA/s400/SL373635.JPG" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en tierra busqué un rinconcito para no dar demasiado espectáculo, montando la bici y cambiándome de ropa, y en unos minutos salí compuesto, a enfrentarme a la carretera austral. A doscientos metros ésta desaparecía en un socavón de cien metros de diámetro, que al final de una calle había sido cauce de la avenida de los lodos procedentes del deslave de los hielos, derretidos de repente. Un pequeño sendero lo rodeaba para llegar a Chaitén, desierta, fantasmal. De buena parte de la ciudad sólo quedaba una gran extensión de lodo y cenizas junto al mar; se sabía que había sido ciudad porque un par de casas asomaban del barro humeante en medio de la nada. Las calles que quedaban enteras estaban cubiertas de una fina ceniza gris, y por cualquier lado se veían los signos de un abandono precipitado: coches nuevos con las puertas abiertas dejados en medio de la calle; la mesa puesta tras los cristales de alguna casa que habían dejado sin cerrar. Afortunadamente, cuando la riada destruyó buena parte de la ciudad, hacía dos días que había sido evacuado el último de sus habitantes. Desde entonces no habían pasado muchos meses, y aunque algunos todavía soñaban con volver, la mayoría se había hecho ya a la idea de vivir en Puerto Montt, que es a donde los habían llevado, y donde poco a poco iniciaban una nueva vida. El día que el volcán despertó, un ruido ensordecedor procedente del interior de la tierra había aterrorizado a sus habitantes. La rápida reacción evitó tener que lamentar víctimas, pero la hasta recientemente próspera ciudad lucía hoy como una muda devastación nuclear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280384502680388066" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUexun--AeI/AAAAAAAABWc/y0wuzMTEa84/s400/SL373637.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros 30 kilómetros de carretera fueron agradables, sin tráfico en absoluto y sobre un asfalto sólo parcialmente cubierto de la omnipresente ceniza gris. Discurría por un ancho valle cercado por enormes montañas. Entre sus bosques tenía cada vez más la sensación de encontrarme en lo más remoto del planeta; a lo largo del día, con suerte me crucé algún coche cada dos horas, y las pocas granjas familiares que pasaba mostraban igualmente signos de su apresurado abandono al principio de la erupción; en su huída desesperada más de uno había dejado en la cuneta su viejo auto para subirse en algún otro que pasaba más veloz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero poco duró el asfalto. Los siguientes días recorrería 400 kilómetros de un camino de tierra y cantos rodados que me hubiesen desesperado si no me hubiese estado mentalizando durante muchos días antes de iniciarlo. Lo único que tenía que hacer era no plantearme ninguna meta ni distancia para cada día, y sólo disfrutar de los remotos parajes de increíble belleza de este extremo del mundo. Más espectaculares se hacían las montañas, y sobre algunas de sus cimas se distinguían ya los glaciares, los ríos eternos de hielo con aspecto quebrado y fiero. Era rara la montaña de la que no cayera media docena de cascadas altísimas entre bosque y rocas, completando una visión impactante sobre las copas de los árboles, que en plena ebullición primaveral, coloreaban el valle con sus flores y brotes. También los ríos, naciendo en los hielos para arrastrar disueltas las cenizas de la erupción que cubrían toda la región, sorprendían por su extraño color de acuarela, de un intenso azul traslúcido. Tan lejos de cualquier parte, tan aislado del resto del mundo, y bendecido por un inesperado día soleado, saboreaba la deliciosa pureza de la belleza y la vida, de la libertad (si es que tal cosa existe, es aquí dónde uno la puede llegar a sentir); y de la majestad de la Naturaleza en su estado más inmaculado. Estaba entusiasmado, fascinado y feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280384933118118786" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUeyHrfUi4I/AAAAAAAABWk/qcAzCnZK3as/s400/SL373671.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pista se complicó justo cuando menos a cuento venía, en la subida a un pequeño puerto que daba acceso al siguiente valle. La piedra suelta hacía patinar las ruedas, y el esfuerzo se multiplicaba para a penas poder avanzar. Los tábanos, que no conseguían acercarse a mí en los llanos o las bajadas, aprovechaban mi lento avance cuesta arriba para atormentarme y añadir una dificultad extra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de matar unos cuantos y de recibir algún que otro picotazo, llegué al collado, y desde allí me descolgué aliviado para, más veloz, librarme de ellos al fin. Abajo me esperaba un pueblito, Santa Lucía, a penas unas casas, pero con tienda para recomponer la despensa, y lugar donde echarme un café mientras charlaba con un comerciante que abastecía los pueblitos perdidos como este con su camioneta. Era un tipo viajado, y pudimos hablar de lugares conocidos por ambos, Perú, Bolivia, Paraguay, tan relativamente cercanos y tan distintos entre sí, y con respecto al propio Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280385391713493250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUeyiX4-oQI/AAAAAAAABWs/Bs8Hc30QaDU/s400/SL373695.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún seguí el recorrido una treintena de kilómetros, ahora con la energía renovada de una buena merienda y el café; una estupenda luz de atardecer iba llenando el valle y coloreando las cumbres nevadas; enormes ríos zigzagueaban en el fondo del paisaje y desembocaban en el principal, que poco a poco se hacía más y más caudaloso; y en un recodo de su orilla encontré el sitio ideal para acampar. Lástima que no pude disfrutar de un paseo entre los arroyos que llegaban al río; entre tanta agua los mosquitos eran soberanos, y pese a enfundarme toda la ropa larga y embadurnarme de repelente, me picaban rabiosos mientras a duras penas trataba de poner en pie la tienda de camping. Aliviado tras la mosquitera dejé irse las luces contemplando a su través el cuadro maravilloso de los Andes chilenos.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8843174398702342346?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8843174398702342346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8843174398702342346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/12/martes-25-de-noviembre-de-2008.html' title='Martes 25 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SUpYJ6izUlI/AAAAAAAABZU/l-TCJLyMQBw/s72-c/SL373611.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6700728651637584531</id><published>2008-11-30T13:18:00.000-08:00</published><updated>2008-11-30T13:19:13.091-08:00</updated><title type='text'>Lunes 24 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: en autobús de Quellón a Puerto Montt, y de noche en barco a Chaitén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La isla de Chiloé me había dado menos de sí de lo que esperaba. Quellón era la última escala, y en la oficina del puerto me confirmaron que ningún barco hacía el recorrido hasta Chaitén. Las carreteras chilenas se interrumpían al sur de Puerto Montt durante unos doscientos kilómetros de islotes y fiordos, y la continuación natural del viaje hacia el sur imponía cruzar en barco a Chaitén, y tomar allí la carretera Austral, una ruta de tierra que por más de 1.000 kilómetros recorría lo más remoto de Chile antes de llegar al callejón sin salida de los campos de hielos perpetuos. Si todo iba bien y el clima no me achantaba, desde el extremo sur de la carretera Austral cruzaría hacia el este a Argentina, desde allí continuaría por las pampas de la Patagonia, y quién sabe si alcanzaría Ushuaia, la legendaria ciudad situada en los confines del continente. Pero eso ya era soñar ciencia ficción; por ahora me conformaría con un tímido acercamiento y tanteo de la carretera Austral. Para ello no tenía más remedio que volver a Puerto Montt. En la oficina de la naviera en Quellón podía adquirir el billete, y contra lo que me habían recomendado con respecto a reservarlo con más de una semana de antelación, tuve suerte y pude hacerme con una plaza que quedaba para el barco de esa misma noche. Mejor combinación, imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un paseo un poco soso por las calles de Quellón, un pueblo sin ningún interés, recogí las cosas y me dirigí a la parada de autobuses. El trayecto a Puerto Montt, incluido el ferry que cruzaba de regreso al continente, duraba unas cinco horas. Las pasé leyendo y disfrutando desde la ventanilla del autobús del paisaje que me había hecho sufrir un poco más de la cuenta durante los últimos días. Llegado a Puerto Montt cené un poco y me acerqué al embarcadero del puerto. Las horas de espera se me hicieron cortas charlando y riendo con una pareja que había llevado a un familiar para que tomara el barco; a las 11 de la noche embarcamos, y me acomodé en una de las butacas. Mi ánimo estaba inquieto, tal vez ahora empezaba lo más duro del viaje. Lo veía como todo un desafío, recorriendo una carretera de pedruscos difícil, larguísima, en un área remota y despoblada. Tenía que descansar bien para llegar con energía.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6700728651637584531?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6700728651637584531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6700728651637584531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-24-de-noviembre-de-2008.html' title='Lunes 24 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-629066344036309583</id><published>2008-11-30T13:10:00.001-08:00</published><updated>2008-11-30T13:18:08.736-08:00</updated><title type='text'>Domingo 23 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Delcahue a Quellón, isla de Chiloé:    &lt;strong&gt;122  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.647 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274561654552789234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMB4QWEAPI/AAAAAAAABWE/KuDlBWAazDE/s400/SL373586.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como de costumbre, había programado el despertador relativamente temprano, pero me desperté sin mucha esperanza en que el clima me invitase a salir de la cama. Sin embargo, al echar un vistazo tras la cortina de la ventana, alcancé a ver entre legañas un inusual cielo azul que me sacó de las sábanas de un bote. Rápidamente recogí las cosas y bajé a desayunar un café al bar de la pensión. Para cuando hube enganchado las alforjas a la bici, el viento ya había traído las nubes desde el horizonte, y a los cinco minutos de iniciar la marcha tuve que parar a ponerme el impermeable. No había manera de librarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274562345402346450" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMCgd9bq9I/AAAAAAAABWU/ODkowoGK18I/s400/SL373575.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subir la cuesta que salía de Delcahue con un impermeable de plástico de la cabeza a los pies no parecía mejor idea que hacerlo descubierto. El esfuerzo me puso a sudar, y vestido de plástico acabé más empapado que si me hubiese dejado regar por el chaparrón. Así, cuando al otro lado de la loma tomé la cuesta abajo, el airecillo y mi cuerpo mojado prepararon la combinación perfecta para helarme. No era éste buen clima para la bici; por algo era la primera vez que no elegía para un viaje de este tipo algún destino tropical, siempre en busca del perpetuo verano. Poco después llegué a Castro, la ciudad más grande de la isla de Chiloé; y aunque nadie me había hablado de ella, fue con diferencia la que más me gustó. Encaramada a una colina pegada al mar, estaba enteramente construida en madera, combinando esta hechura rústica con el urbanismo de una ciudad más o menos moderna. Los barrios de la parte baja, junto al mar, eran pintorescas hileras de palafitos coloridos, entre los que se amarraban las barcas de los pescadores. Una feria de artesanía centraba la zona portuaria, y entre las casitas se podían encontrar agradables cafeterías con ambiente de domingo. En una de ellas pasé un buen rato tratando de secarme y reponerme del mal cuerpo que me había dejado la emboscada de la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274561258361049154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMBhMal0EI/AAAAAAAABV8/o74dU_lGtn4/s400/SL373574.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conforme me alejaba hacia el sur, la isla más se plegaba y su relieve se empinaba. No eran grandes las alturas, pero sí cansina la sucesión de subidas y bajadas a que obligaba cada surco montañoso y cada valle. Atravesé la vega de varios lagos, y los intensos verdes de su naturaleza algo más asilvestrada que en el norte. Chonchi, un lugar que sí me habían recomendado, me pareció un pueblo de lo más insulso, y nada en comparación con Castro, así que lo pasé rápidamente y continué hacia el sur. Estaba recorriendo el tramo final de la carretera Panamericana, la que cruza el continente americano desde Alaska hasta Chile. Y Quellón era el extremo sur donde acababan Chiloé y la legendaria carretera. Llegué allí con un frío casi polar cuando ya se esfumaba la última luz del día. Junto al puerto encontré alojamiento, y olvidé las penurias del recorrido bajo una ducha caliente. Hay gustos para todo, pero yo creo que no hay mayor placer en esta vida que darse una larga ducha caliente cuando el frío ya te ha llegado a los huesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMCHyxLxsI/AAAAAAAABWM/DMFj132U1-o/s1600-h/SL373583.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274561921491388098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMCHyxLxsI/AAAAAAAABWM/DMFj132U1-o/s400/SL373583.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-629066344036309583?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/629066344036309583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/629066344036309583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-23-de-noviembre-de-2008.html' title='Domingo 23 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMB4QWEAPI/AAAAAAAABWE/KuDlBWAazDE/s72-c/SL373586.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8616816455278940213</id><published>2008-11-30T13:02:00.001-08:00</published><updated>2008-11-30T13:10:31.303-08:00</updated><title type='text'>Sábado 22 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Quemchi a Delcahue, isla de Chiloé:    &lt;strong&gt;54  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.525 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274559215870557826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL_qTi6PoI/AAAAAAAABVc/d3XtlDXYU94/s400/SL373531.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando sonó el despertador, una intensa lluvia tronaba sobre los tejados de lata. No invitaba a salir de la cama, me dí media vuelta y seguí durmiendo confiando en que se pasase pronto. Pero así continuó toda la mañana, dándome tiempo a desayunar, a ver hasta repetidas las noticias en la CNN, y a aburrirme viendo llover por la ventana. La casa estaba vacía, con toda la familia en clase o trabajando, y el fastidio del clima me volvía a retener bajo techo. Aún no había regresado nadie de sus tareas cuando, sobre la una de la tarde, dejó por fin de llover, y aprovechando el impulso de valentía que me dio un café caliente, armé la bici y a mí mismo de valor, y salí a pedalear a sabiendas de que el aguacero no tardaría en volver. Una vez en marcha ya no importaba tanto lo que viniera, pero estando junto al calor de una estufa no era fácil decidirse por salir a la intemperie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274559456232034962" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL_4S9jUpI/AAAAAAAABVk/tvYXdUaQn2M/s400/SL373553.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274559674190074338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMAE-6zEeI/AAAAAAAABVs/N9lz_PM6Skc/s400/SL373532.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por segunda vez me decanté por explorar un caminucho de tierra que bordeaba la costa hacia el sur, en lugar de la carretera de asfalto que seguía por el interior. Tal vez los increíbles paisajes de la isla me aguardaban pegados al mar. Pero, por segunda vez, me encontré con un recorrido sin demasiado interés, desde el que sólo llegué a ver el mar al final del día. El terreno era un poco más accidentado, y las cuestas se combinaban con rachas débiles de lluvia para ponerme a prueba. Sólo hice una parada en todo el día para almorzar un bocadillo al cobijo de un techado abandonado; pero no lo alargué más de lo necesario, pues el viento frío me puso a tiritar en pocos minutos. Era cuestión de no dejar nunca de pedalear. La ruta se me hizo tan desapacible que, cuando llegué al primer pueblo, con un par de horas de día por delante y una cantidad ridícula de kilómetros en la cuenta de la jornada, preferí buscar alojamiento y darle una patada a la bicicleta. Delcahue no era un pueblo demasiado atractivo, pero el sol reapareció muy oblicuo tras las nubes del atardecer, y el brazo de mar repleto de barquitos que separaba el puerto de una isla enfrente de él, se llenó de una increíble luz que sorprendía a la vista. Un arco iris que parecía surgir del mar enmarcaba el verdor deslumbrante de la isla, y el colorido iluminado de los barcos contrastaba con un mar oscurecido por el reflejo de las espesas nubes. Me di cuenta de que, con un mejor clima, la isla realmente tenía mucho que ofrecer. El paseo marítimo terminaba en un palafito de madera colgando sobre pilotes, donde se vendían artesanías y productos del mar. La señora me advirtió de que no debía continuar el paseo más allá de su casa; aquellas calles ya eran dominio de malandros. Hasta recientemente Delcahue había sido un pueblo tranquilo, pero desde ciudades como Osorno y Concepción había llegado un grupo de familias medio desestructuradas, cuyos hijos andaban tonteando con drogas y alcohol, y que a cada rato asaltaban cuchillo en mano a quien se adentrase en su barrio. Le agradecí su oportuno aviso, y regresé por el paseo del mar para seguir disfrutando de los colores del atardecer. Regresé a cenar al bar de la pensión, donde se daban cita los marineros para ver los partidos de fútbol del sábado y tomar una jarra de cerveza tras otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMAmQD6VrI/AAAAAAAABV0/U_4-_I0eHKY/s1600-h/SL373549.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274560245727385266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STMAmQD6VrI/AAAAAAAABV0/U_4-_I0eHKY/s400/SL373549.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8616816455278940213?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8616816455278940213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8616816455278940213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/sbado-22-de-noviembre-de-2008.html' title='Sábado 22 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL_qTi6PoI/AAAAAAAABVc/d3XtlDXYU94/s72-c/SL373531.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-7699068575587282397</id><published>2008-11-30T12:54:00.001-08:00</published><updated>2008-11-30T13:02:22.386-08:00</updated><title type='text'>Viernes 21 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Ancud a Quemchi, isla de Chiloé:    &lt;strong&gt;87  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.471 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274557264431541170" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL94t3l67I/AAAAAAAABU8/o29mW50VoQw/s400/SL373513.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca de Ancud había una playa habitada por pingüinos de Humboldt, que componían el atractivo turístico principal de la ciudad. Aquella mañana me la tomé con calma, había pensado recorrer el camino de tierra hasta la pingüinera, y seguramente regresar por la tarde para dormir en la misma casita de Ancud. Por si acaso cambian los planes, siempre prefiero llevarlo todo conmigo, así que armé las mochilas y preparé la bici.&lt;br /&gt;En la calle hacía bastante frío, y el cielo encapotado no anunciaba nada bueno. Entré en una cafetería del centro para retrasar un poco más el comienzo del pedaleo, y acabé saliendo a la hora del almuerzo. En mal momento, pocos kilómetros después se puso a llover, una lluvia intensa y ventosa. Me coloqué el impermeable y decidí continuar por la carreterita que bordeaba las oscuras playas desiertas, pero en un momento de debilidad llegué a la conclusión de que no valía la pena pasar tantas penurias por unos pingüinos, y decidí dar media vuelta para volver a Ancud. De pronto, tras unos 1.400 kilómetros de recorrido sin pinchar, la rueda de atrás me dejó tirado cuando más fuerte diluviaba. Justo lo que me faltaba, pararme allí con el cuerpo sudado para quedarme bien helado. Reparar un pinchazo bajo la lluvia no es cosa fácil, así que pasé la verja de una granjita cercana y empujé la bici hasta la casa, una pequeña cabaña de madera, para pedir a los dueños que me dejasen arreglar la rueda debajo de su porche. Se trataba de una pareja joven, ambos de unos 25 años, y me miraron como a una aparición dado la que estaba cayendo. No sólo me ofrecieron el porche, sino un café caliente mientras, embarrado y empapado, desmontaba las mochilas y la rueda, y trataba de desliar el entuerto. Para colmo, con la humedad no quería pegar el parche sobre la cámara, y tuve que aplicar la llama de un mechero para que por fin se adhiriese. Pasé después a la casita, a tomar el café y unas rebanadas de pan con mantequilla. El chico no parecía muy despierto, y no llegó a abrir la boca, pero ella era bien parlanchina, y curiosa. Me preguntó extensamente sobre mi país, cómo era la gente, cómo el paisaje; en qué eran diferentes nuestros pueblos y ciudades a los de Chile... Ambos trabajaban como encargados de un camping próximo, y entre los dos recibían un salario de 150.000 pesos, unos 200 euros. La verdad es que la vida era mucho más barata en Chile que en España, pero con un sueldo como aquél no podía entender cómo sobrevivían. Me contaba que las cosas se habían puesto complicadas en el último par de años, los precios se habían multiplicado por tres, y los salarios ya no daban para vivir… y eso que aún no habían empezado a notarse los efectos de la tan anunciada crisis. Cómo sería la vida con las vacas flacas, si ya con las gordas no había quien llegara a fin de mes. Y con todo allí estaban, ofreciéndome su desinteresada hospitalidad a cambio de un poco de charla. Eran lindos, muy lindos estos chilenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les agradecí de corazón su ayuda y continué hacia Ancud. Justo cuando llegaba al paseo marítimo dejó de llover, y en ese momento me crucé con Helen, la ciclista holandesa que ya me había encontrado varias veces. Nos estuvimos poniendo al día de nuestros viajes, nos alegraba volver a vernos. Entretanto en el cielo se empezaban a ver claros… la lluvia había durado lo justo para reírse de mí, y después de pasar un buen rato a mi costa se marchaba a otra parte. Ahora ya no tenía sentido quedarme a Ancud un día más, y decidí aprovechar la tregua del tiempo para continuar trayecto. Me despedí de Helen hasta el próximo reencuentro, y seguí por la carretera hacia el sur de la isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274557838798418658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL-aJjU8uI/AAAAAAAABVM/pCcvAQT7t4g/s400/SL373521.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía sin encontrar el atractivo de Chiloé, imaginaba que una ruta en barco por sus costas quebradas y sus racimos de islotes verdes podía tener su interés; pero el interior era de lo más insípido. En medio de la carretera, cerca de nada, me encontré un puesto de pasteles atendido por tres hermanas de cierta edad. De su ascendencia alemana conservaban la receta de un buen Kuchen; y de la ascendencia española, el primer apellido y el hablar algo guasón. Su padre había llegado de España exiliado después de la Guerra Civil, y ya nunca quiso regresar, ni en tiempos de la democracia, para ver de nuevo su aldea de Galicia; nunca había superado el dolor de la guerra perdida, de los sueños rotos. Le dolía España, o más bien el cadáver de la España que nunca volvería. Para ellas todo aquello sólo eran ya cuentos de los mayores, aunque hablaban de ello con respeto; hacía poco que habían visitado Galicia de vacaciones, pero no consiguieron si quiera encontrar la aldea de su padre, seguramente abandonada y envuelta en zarzas desde hacía décadas. A ellas les había tocado sufrir la dictadura de Pinochet, pero con todo lo despiadada que fue, nada les parecía en comparación con las historias que su padre les contara de la España de la Guerra Civil. ¿Y cómo era eso de que había jueces españoles que habían querido enjuiciar a Pinochet, si todavía no se habían atrevido con los golpistas y carniceros del franquismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274558210542046930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL-vyZ6jtI/AAAAAAAABVU/9P73JNAaYzY/s400/SL373520.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la carretera y de la tregua de la lluvia, llegué a Quemchi con las primeras gotas de otro aguacero. Era un pueblito pesquero junto a un mar poblado de islotes verdes, y encontré acomodo justo a tiempo de no tener que ponerme de nuevo el impermeable. El dueño de la casa era un tipo activo al que le encantaba resolver los pequeños problemas domésticos con pequeños inventos llenos de ingenio, y  mostrándome algunas de las soluciones que había ideado, encontramos que teníamos aficiones en común, y mucho de lo que conversar hasta bien tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL-HfCVMGI/AAAAAAAABVE/I3jYWVIrV14/s1600-h/SL373523.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274557518148087906" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL-HfCVMGI/AAAAAAAABVE/I3jYWVIrV14/s400/SL373523.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-7699068575587282397?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7699068575587282397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7699068575587282397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/viernes-21-de-noviembre-de-2008.html' title='Viernes 21 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL94t3l67I/AAAAAAAABU8/o29mW50VoQw/s72-c/SL373513.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4583271152510054905</id><published>2008-11-30T12:47:00.000-08:00</published><updated>2008-11-30T12:54:27.229-08:00</updated><title type='text'>Jueves 20 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Puerto Montt a Ancud, isla de Chiloé:    &lt;strong&gt;125  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1.384 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274555540560462562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL8UX8swuI/AAAAAAAABUk/WJ7vgYfmJw4/s400/SL373498.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un error tomar el camino de tierra que, según el mapa, bordeaba la costa hacia el sur por el lado oeste del golfo. Durante más de 50 kilómetros peleé con un canchal infame y con la polvareda que levantaban los coches. Y a cambio tal vez conseguí ver el mar a lo lejos un par de veces, desde un paisaje pelado y empolvado. Cuando por fin regresé al asfalto de la Panamericana me tiré de los pelos: ni la carretera era tan estrecha y peligrosa, ni había tanto tráfico como me habían contado. Aquello era una gozada comparado con el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274555781812057618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL8iarj9hI/AAAAAAAABUs/DJnKDtuw6vw/s400/SL373500.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El paisaje no debía de estar muy mal, pero malacostumbrado a montañas, volcanes, lagos y bosques encantados, sus pobres eucaliptos raquíticos y sus praderas planas no me parecían gran cosa. La carretera llegó por fin al sencillo embarcadero del que salían los ferries para cruzar los pocos kilómetros a la isla de Chiloé. Pelícanos, delfines y gaviotas acompañaban el paso ruidoso de la barcaza, mientras charlaba con dos chavales de la tripulación. Al poco desembarqué en Chacao, la orilla norte de la extensa isla. No quedaba lejos Ancud, una ciudad de tamaño mediano con cierto encanto, según decían. Así que me puse en camino para llegar antes del anochecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto me habían hablado de la belleza de la isla que, recorriendo su suave relieve sin estridencias, escaso de bosque y repleto de serias praderas castigadas por el viento, no podía imaginar cuál era el atractivo del lugar. Tal vez para un habitante de los desiertos que rodean Santiago, esta campiña medio inglesa resultaba evocadora. Pero a mí me estaba decepcionando un poco, incluso cuando por fin divisé Ancud, en medio de una sucesión de bahías, islotes y cabos que rodeaban la ensenada de la ciudad. Un temporal de viento y conatos de llovizna agrisaban el día y azotaban la negra arena de la playa con más negras olas. Sólo las vacas en los prados, y los cisnes de cuello negro y las gaviotas en las revueltas aguas parecían encontrarse en su elemento. Todo lo demás, todo lo humano, desprendía un sabor de naufragio, de arrimado a la fuerza a un rincón inhóspito. Bueno, tal vez sería culpa del día, o tal vez de mi estado de ánimo solitario, que ya eran muchos días conmigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274555995582300674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL8u3CXAgI/AAAAAAAABU0/oOICrxnpDVk/s400/SL373511.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré habitación en el calor de un hospedaje familiar cerca de la Plaza de Armas. La ducha hirviendo me descongeló el ánimo y me devolvió un poco de vida para salir a pasear por el pueblo. Sus calles, barridas por la ventisca, sólo acogían a alguna pareja de jóvenes incondicionales, y a algún marinero borracho que trataba de tenerse en pie, o que ya dormía apoyado contra los soportales de una casa. En el paseo marítimo, que se asomaba al océano por el oeste, una extraña claridad en el horizonte sorprendía más tarde de las 10 de la noche, y el aullido del viento, el batir de las olas y el crujir de las tablas de las barcas despertaba reminiscencias de Edgar Allan Poe.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4583271152510054905?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4583271152510054905'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4583271152510054905'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-20-de-noviembre-de-2008.html' title='Jueves 20 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL8UX8swuI/AAAAAAAABUk/WJ7vgYfmJw4/s72-c/SL373498.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-7934539475331956579</id><published>2008-11-30T12:41:00.000-08:00</published><updated>2008-11-30T12:47:45.476-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 19 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>En Puerto Montt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274553883337340098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL6z6T6tMI/AAAAAAAABUM/b4l-nlcYhc4/s400/SL373494.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mismas calles que se habían quedado desiertas nada más caer la tarde bullían de vida por la mañana. Ni rastro de los vampiros, sólo quedaba un ir y venir de gente por las tiendas y oficinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de muchos días pedaleando tenía casi toda la ropa hecha un asco. La que usaba para la bici estaba especialmente sudada, acartonada por el salitre y hedionda; aproveché el día de reposo para llevarla a una lavandería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274554169476471298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL7EkQzWgI/AAAAAAAABUU/hgGKGJ7QR7c/s400/SL373488.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disfruté de nuevo de lujos como desayunar sin prisas un café, mientras hojeaba los periódicos, en los que era difícil encontrar alguna noticia interesante. O como salir de compras, necesitaba un buen pantalón impermeable ahora que me dirigía sin remedio al frío y la lluvia del sur. Lo encontré en una tienducha arrinconada en un callejón. La atendía una joven que en seguida distinguió mi mal disimulado acento español, y se llenó de curiosidad cuando supo del modo que estaba viajando por Chile. Se puso especialmente empática sufriendo al pensar en las noches que yo acampaba solo y en medio de la oscuridad del bosque, rodeado de pumas y otros seres que seguro habitaban más en su imaginación que en la realidad. Para ella yo era una rara mezcla de loco y valiente, aunque yo pensaba para mí que el peligro tangible acecha en las calles de las ciudades, y no en la armonía de la Naturaleza. Con esta y otras conversaciones casuales graciosas pero sin mucha miga, pasé un día entretenido, y dejé por unas horas de ser un huraño misántropo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274554446309146146" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL7Uri2viI/AAAAAAAABUc/63DYBJeJpw0/s400/SL373490.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque se veía bastante gente por las calles, se me hacía poca considerando el tamaño de la ciudad. El paseo me llevó a entrar por curiosidad en un enorme centro comercial al final del paseo marítimo. Claro, es que era allí donde estaba todo el mundo. El pasatiempo preferido de la tarde era recorrer sus lujosas tiendas, y en sus cafeterías se amontonaba el ambiente que no se hallaba en las calles del centro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi ruta ciclista había de continuar hacia el sur, a la isla de Chiloé; pero llegado a su extremo sur, Quellón, me encontraría con el fin de la carretera, y a no ser que desde allí zarpasen barcos a Chaitén, comienzo de la carretera Austral, no tendría más remedio que regresar a Puerto Montt en autobús para tomar allí el barco a Chaitén. Caminé unos kilómetros hasta las oficinas del puerto, y tras una larga espera conseguí saber que sólo había barcos desde Puerto Montt, dos veces a la semana. Y que, como éstos se solían llenar, era bueno reservar pasaje con más de una semana de antelación. Ignoraba el tiempo que dedicaría a la isla de Chiloé, así que no podía planear nada. En la cola comencé a charlar con un hombre que esperaba su turno. La conversación se inició, como era habitual, con temas más o menos triviales. Supe, por ejemplo, que con mi profesión ganaría bastante más dinero en Chile de lo que me daban en España, con la salvedad añadida de que en el país austral la vida era mucho más barata.&lt;br /&gt;Pero no recuerdo cómo, la conversación derivó a la política. Según Julio, ésta había causado ya tanto dolor en el país que, por más que las desigualdades sociales tuvieran a la mayoría sobreviviendo más que viviendo, no valía la pena luchar por ideas ni por cambios. Un tío suyo, me contaba, había sido la mano derecha de Allende, y consiguió salvarse por poco, escapando a Argentina y desde allí a Italia. Pasadas varias décadas de exilio ya tenía su vida hecha allá, y  ni le pasaba por la cabeza volver al país por el que tanto había luchado y sufrido. Pregunté directamente a Julio: ¿qué había hecho Allende para que la oligarquía hubiese decidido acabar con él y su gobierno? No lo dudó: había puesto en marcha un plan para expropiar parte de las tierras de los grandes latifundios y entregarlas a cooperativas de campesinos sin tierra. Eso era todo. El golpe había triunfado tras un trabajo previo de sabotaje: los canales comerciales y de transporte, en manos de las familias más poderosas, habían sido interrumpidos deliberadamente para provocar un desabastecimiento de productos básicos, y así acabar hartando a la gente, que culparía sin duda a la mala gestión del gobierno. Los chilenos de entonces tenían dinero, pero las tiendas estaban vacías; el camino estaba allanado para el derrocamiento militar. Este método del sabotaje perpetrado desde arriba para desabastecer los comercios había sido utilizado años después para tumbar el viejo sistema de la URSS. Tanto en Chile como en el país comunista, al día siguiente del derrocamiento las estanterías de los supermercados volvían a estar repletas de productos. Al menos estas dos lecciones históricas habían quedado en la memoria de políticos actuales, como Hugo Chávez. También en Venezuela se ensayó un boicot destinado a desabastecer los comercios y hartar por hambre a la gente; pero esta vez no los pillaron por sorpresa, y pudieron rearmar unos canales de distribución alternativos, y perseguir a los empresarios que paraban sus fábricas para no producir los bienes de primera necesidad. Todo esto me contaba Julio, que para no querer saber nada de política, sabía más de la cuenta. Parecía acongojarse recordando cuando era adolescente: tras el triunfo del golpe, allá en Temuco, donde él vivía, era raro el día que los pescadores no sacaban algún cadáver del río, enganchado en sus redes. La gente desaparecía, pero en seguida los encontraban corriente abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que la noche descorriera las pálidas lápidas de los abominables seres de callejón, me retiré a la posada a matar un par de horas con las noticias de los canales internacionales.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-7934539475331956579?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7934539475331956579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7934539475331956579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/mircoles-19-de-noviembre-de-2008.html' title='Miércoles 19 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL6z6T6tMI/AAAAAAAABUM/b4l-nlcYhc4/s72-c/SL373494.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6669267547671618450</id><published>2008-11-30T12:36:00.001-08:00</published><updated>2008-11-30T12:41:36.036-08:00</updated><title type='text'>Martes 18 de Noviembre de 2008      </title><content type='html'>Recorrido: de Río Puelo, en la falda del volcán Yates, a Puerto Montt: &lt;strong&gt;81 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total: &lt;strong&gt;1.259 km&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274552386576609362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL5cycWcFI/AAAAAAAABT0/z_FIwrre1QA/s400/SL373471.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El buen tiempo no podía durar, y aquella mañana volvieron el viento helado, las lluvias y el gris plomizo de los nubarrones. Con no poca pereza me puse en marcha por el caminito de tierra que seguía al fiordo por el lado sur. Conforme avanzaba hacia el oeste, la curva del estuario se iba abriendo hacia mar abierto, que ya se veía al final del recorrido, y el camino se quedaba desprotegido del azote impetuoso del viento del océano. La ventisca hacía ímprobo a veces el esfuerzo de avanzar, pero me consolaba con la idea de llegar a la ciudad de Puerto Montt, y pasar allí un merecido día de descanso, relegando la bici a un rincón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve a punto de pasarme el desvío a la rampa de la que salían los barcos que cruzaban el fiordo, cerca de su desembocadura en el mar. El camino continuaba unas decenas de kilómetros hasta algunos pueblitos escondidos del mundo, antes de interrumpirse definitivamente. Yo lo dejaría un poco antes, para cruzar el fiordo y seguir la carretera de la costa hasta Puerto Montt. Unas barcazas hacían el recorrido con cierta frecuencia, y con suerte llegué a tiempo de embarcarme, y no tuve que esperar ni cinco minutos antes de zarpar. El frío se había agudizado, y navegando las negras aguas bajo un cielo que se había cubierto ya por completo, mi ropa ligera de bicicleta no bastaba. En veinte minutos desembarcamos en la orilla norte, y en seguida busqué un restaurantito en el pueblo para entrar en calor con una buena sopa. Los kilómetros que seguían no eran muy difíciles, bordeando suavemente la costa de la bahía que conducía a la ciudad, sin grandes desniveles, entre lomas y campos más domesticados de lo que venía viendo los últimos días, pero siempre con el fondo de grandes moles montañosas y nevados.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274552622959116322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL5qjCVQCI/AAAAAAAABT8/S9jmcAfwyjE/s400/SL373477.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué de vuelta a la civilización de la ciudad con una sensación extraña, como de un náufrago que viera gente por primera vez en años. Estaba cubierto de mugre, de frío y del viento que se me adhiriese a la piel en las montañas del interior. Puerto Montt crecía a lo largo de un paseo marítimo y de un activo puerto que ensuciaba las aguas, tan limpias sólo unos kilómetros antes. Mucha gente paseaba a esas horas, o tomaba los rayos de un sol muriente que había vuelto a asomarse tras la línea de nubes, ya rozando el horizonte. En las callejas cercanas a la terminal de autobuses, poco antes del puerto, encontré una pensión a mi alcance, a riesgo de tener que andar con mil ojos para regresar por la noche después de un paseo. Como ciudad grande y portuaria, rezumaba en seguida un ligero aroma venenoso, de miradas cortantes y reyertas de taberna. Era cuestión de dejar todas mis cosas a buen recaudo, y de andar atento por si había que echar a correr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274552864038491138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL54lIIlAI/AAAAAAAABUE/dNiqcGlPB14/s400/SL373486.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad no tuve ningún problema, aun cuando las calles se quedaron desiertas en cuanto se perdió la última luz del atardecer. Para reconciliarme con la vida civilizada, después de cenar me dí un pequeño homenaje con un buen café en la cafetería más exclusiva del centro, donde lo más granado de la ciudad se daba cita cuando todo lo demás se cerraba a cal y canto para pasar las horas de las brujas sin ser notado.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6669267547671618450?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6669267547671618450'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6669267547671618450'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/martes-18-de-noviembre-de-2008.html' title='Martes 18 de Noviembre de 2008      '/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL5cycWcFI/AAAAAAAABT0/z_FIwrre1QA/s72-c/SL373471.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3446640042920737865</id><published>2008-11-30T12:27:00.001-08:00</published><updated>2008-11-30T12:35:31.862-08:00</updated><title type='text'>Lunes 17 de Noviembre de 2008   </title><content type='html'>Recorrido: de Petrohue, en la falda del volcán Osorno, a Río Puelo, en la falda del volcán Yates: &lt;strong&gt;99 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total: &lt;strong&gt;1.178 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274550161540555794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL3bRiapBI/AAAAAAAABTM/FAyAQFfxVDI/s400/SL373419.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Amanecer a los pies del fabuloso volcán brillando bajo el sol fue todo un privilegio. El barullo violento del río no me había molestado para dormir; al contrario, me había reconfortado con su espíritu de madre Naturaleza. Recogí las cosas mientras me peleaba con el bicherío que intentaba picotearme, y harto de ellos conseguí ponerme en marcha. Unos kilómetros más abajo, volviendo por el camino de cenizas volcánicas, paré cerca de un famoso salto del río. Antes de entrar a verlo desayuné en el kioskillo de la puerta del parque, charlando con el camarero, un tipo guasón al que no parecían acudir los bichos. Dejé la bici a su cuidado y, cruzando el bosquecillo por unas pasarelas de cemento, llegué a los imponentes rápidos del río Petrohue, que se desplomaba por unos toboganes basálticos con una furia que amenazaba con destrozar todo lo que tuviera la mala fortuna de caer al agua.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274550402832723858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL3pUa875I/AAAAAAAABTU/OMzdf3ULTgE/s400/SL373433.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí después la ruta hacia el sur, dejando atrás poco a poco la perspectiva del volcán que me había acompañado los últimos días. En medio del deshabitado bosque encontré un restaurante justo a la hora del almuerzo, en la única casita que me crucé en muchos kilómetros. Un dinamitero que trabajaba en las obras de pavimentación del camino comía en otra mesa, y observaba las noticias de la televisión. Hablaban de alcaldes corruptos, robos y alguna pelea, cosas sin importancia en cualquier otro país de la región; pero para los chilenos, no acostumbrados a estos casos, era indignante y preocupante. En seguida alzó la voz para afirmar que con Pinochet estas cosas no sucedían. Los partidarios de la dictadura no tenían reparos en proclamar sus opiniones, a diferencia de los herederos de Allende. Me dijo que, con el ejército en el poder, no había quién se atreviese a robar una gallina, porque al día siguiente desaparecía. Pero ahora, lo que sucedía al día siguiente era que el delincuente salía en libertad. No era para tanto lo que contaban en la televisión, pero con el aire de drama que le daban los periodistas, no era de extrañar que hubiera gente que se aferrase a posiciones tan radicales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274550643607644994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL33VYKq0I/AAAAAAAABTc/5OvjJq0OPhg/s400/SL373443.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274551093590422354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL4Rhsa81I/AAAAAAAABTs/AlfhwpGhBf0/s400/SL373449.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mediodía llegué al estuario Reloncavi, un brazo de mar que penetraba entre montañas por más de 50 kilómetros. El camino bordeaba la orilla sur a poca altura. Por fin sentía el helado aroma del mar, ya tan cerca del extremo sur del continente, a merced de las salpicaduras climáticas de la Antártida. Sus aguas, encajadas entre altas cumbres nevadas desde las que descendía un espeso bosque, sólo acogían de vez en cuando la vida humana en forma de pequeñas granjas perdidas en la inmensidad. El único núcleo de población considerable, Río Puelo, no era sino un reducido número de casitas dispersas en el bosque, rodeadas por un paisaje sobrecogedor, en un amplísimo valle acordonado por cimas y nieve. Unos kilómetros después me alcanzó el atardecer. Me acomodé en una pradera a pocos metros de una cascada, a los pies de otro volcán que dominaba el paisaje circundante. Antes de que la energía del pedaleo se me esfumase y me quedase frío, me desnudé para darme una ducha en la cascada. Cuando la noche va a ser fría, es importante quitarse el sudor y el salitre; si no, la sensación de humedad no se despega de la piel, y se acaba pasando frío por más ropa y mejor saco de que se disponga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL4EhazBlI/AAAAAAAABTk/jqcKIpMTbUE/s1600-h/SL373458.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274550870178203218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL4EhazBlI/AAAAAAAABTk/jqcKIpMTbUE/s400/SL373458.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3446640042920737865?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3446640042920737865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3446640042920737865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-17-de-noviembre-de-2008.html' title='Lunes 17 de Noviembre de 2008   '/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL3bRiapBI/AAAAAAAABTM/FAyAQFfxVDI/s72-c/SL373419.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3372919312178324123</id><published>2008-11-30T12:18:00.000-08:00</published><updated>2008-11-30T12:27:22.400-08:00</updated><title type='text'>Domingo 16 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Puerto Octay a Petrohue, en la falda del volcán Osorno:    &lt;strong&gt;79  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1079 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274548754778594658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL2JY8OnWI/AAAAAAAABS0/pgPyloI_Jkw/s400/SL373387.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La religiosidad de los chilenos me dejaba perplejo. En un par de semanas en Chile me había hecho ya una idea de la magnitud del fenómeno. Cualquier rincón en las ciudades podía ser aprovechado por proselitistas protestantes, evangelistas, adventistas, pentecostales,… que, micrófono en ristre, atormentaban a las criaturas con imágenes del infierno y con promesas de salvación. Siempre disponían, cómo  no, de un grupo de músicos para, a ritmo popero, demostrar lo perdidos que estaban en la vida antes de encontrar a Jesús.&lt;br /&gt;Me sorprendía ver cómo, por ejemplo, en las paredes de las paradas de autobús o en los lavabos de los bares, en lugar de las típicas pintadas de mal gusto se podían leer cosas como “Dios te ama”, “Yo tengo un gozo en el corazón”, o “Sólo Jesús es el camino”. A veces, en las soledades insondables de las montañas buscaba algo que escuchar en la radio para distraer la mente de sus vueltas en círculo; y a menudo sólo encontraba una emisora de detestables cancioncejas de amor pueril y primario, y otro par de emisoras de predicadores con canciones dioseras y sermones. Imagino que para cualquier criatura que crezca en un mundo así, la presión del entorno sólo podría llevarla en una dirección, un cierto fanatismo religioso que suele acabar haciendo un lío de represiones y deseos en la mente maltrecha. Afortunadamente, al menos de cara al exterior no parecía manifestarse demasiado en el comportamiento del día a día de los chilenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanta secta destacaban los Amish, o Menonitas, o sólo dios sabe qué versión de ultrarreligiosos de origen alemán que seguían un modo de vida rural anclado en el siglo XIX. Me producían estos, al menos, una cierta simpatía por su estilo de vida sencillo y minimalista, de espaldas a cualquier avance tecnológico, ideas éstas con las que yo siento cierta identificación. Se los veía pasar vestidos con sus inconfundibles atuendos de época: las mujeres con cofia en el pelo y saya larga con enaguas, y los hombres con peto de tirantes, camisa por dentro y sombrero de ala ancha. En esta zona que yo recorría ahora, la población de origen alemán era muy numerosa, y la visión casi de atrezzo de los Amish se hacía más frecuente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La posada estaba situada junto al edificio de la radio. Radio evangelista, por supuesto. Y las paredes de tablas no eran un buen aislamiento acústico. Desde bien temprano me desvelaron los cánticos y guitarreos que exaltaban a dios con una retórica bastante simple, pero a la vista queda que muy efectiva. Con compañías como éstas, definitivamente prefería la soledad de los bosques y la presencia respetuosa de las águilas. Me acordé del mito aborigen según el cual los orangutanes eran en realidad unas personas tan sabias, tan sabias, que habían decidido no volver a hablar. A veces siento que el ser humano es lindo hasta que abre la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé a desayunar, el precio de la cama incluía el desayuno. Alicia, la dueña, había quedado viuda hacía poco, y el negocio le quedaba un poco grande. Y debía de tener ganas de hablar, porque cada vez que me comía lo que me había puesto sacaba alguna cosa más de la despensa para ofrecerme, y así me tuvo conversando más de una hora. Me explicó punto por punto lo que podía ver en los próximos 1000 kilómetros de ruta que tenía más o menos pensados; su parsimonia era tal que conseguía desesperarme, pero no podía más que agradecer su buena voluntad. Para explicarme que en tal pueblo había una iglesia que valía la pena visitar, me dibujaba en un cuaderno la forma de la carretera hasta allí, los cruces que me encontraría, y después se detenía en pintarme una iglesita con torres y ventanitas. Entretanto, las noticias de la televisión hablaban de las candidaturas a las próximas elecciones presidenciales, y bajando la voz casi se sofocó para recordar la democracia perdida, el golpe de Estado, el miedo que se pasó, los muertos y desaparecidos, las familias rotas y el exilio para salvar la vida en la cacería que se desató. Seguía siendo éste un tema tabú en Chile, y quien me sacaba el tema como partidario de Allende, hacía un ademán de clandestinidad, de no querer que nadie lo escuchara opinar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274548337311817554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL1xFwZH1I/AAAAAAAABSs/rXfVIhGLxC0/s400/SL373377.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el estómago a rebosar me despedí por octava vez, y por fin tomé la ruta.  Tras la colina que protegía Puerto Octay partía un camino de tierra que rodeaba el lago por la orilla norte, en dirección al siempre presente volcán Osorno. El viento cruzaba el lago y se helaba en sus aguas antes de azotar el camino; combinado con el deplorable estado del pedregal, me regaló otro día duro para la cuenta. Algún ingeniero industrial, seguramente norteamericano, había diseñado el sistema de suspensión de los coches pensando sólo en las carreteras de asfalto, sin calcular los efectos que tendría sobre los caminos de tierra. Existe una propiedad física de los sistemas que se llama frecuencia propia o de resonancia, a la que tienden a oscilar cuando se someten a movimiento. Y al ingeniero de marras se le olvidó filtrar en las suspensiones de los coches la frecuencia de resonancia de, más o menos, unos 60 cm de longitud de onda. Me explico: cada coche que pasa por un camino se pone a vibrar con los baches, y al poco lo hace predominantemente a esa frecuencia propia, batiendo el suelo en resonancia para darle la forma de las viejas tablas de lavar ropa, con ondulaciones separadas unos 60 cm entre sí. El mamón del ingeniero consiguió que todos los caminos de tierra del mundo sean un suplicio de surcos bonitamente delineados en el suelo; cualquier ciclista sabe a qué me refiero, la desesperante incomodidad del camino ondulado. Y estará de acuerdo conmigo en que habría que condenar a cuarenta azotes al puñetero ingeniero, como  poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274549021092698674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL2Y5CdWjI/AAAAAAAABS8/uDddBqL7Qcw/s400/SL373407.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese al panorama, seguía disfrutando de campiñas verdes, del lago enorme y azul como un mar, y de los varios volcanes nevados que lo rodeaban. Algunas casitas perdidas recordaban el escenario de una película de terror, y más con lo infrecuente que era avistar a alguno de sus habitantes. Al final de un tupido bosque casi sin luz, desemboqué en la falda del Osorno, campos de lava y cenizas a los que algunos árboles se agarraban como podían. El cono nevado se veía imponente, aparentemente a un paso de donde me encontraba. Tomé un desvío por una perdida carreterita que alternaba tramos de asfalto y otros de impracticables cenizas volcánicas, para subir paralelo al poderoso Petrohue, un río que nacía en el lago del mismo nombre. Tras un esfuerzo considerable conseguí llegar a la meta y al final del camino, la orilla del lago, quieto como un espejo, reflejando sus picos y las caprichosas nubes que se formaban en sus hielos. Se suponía que allí había un pueblito, pero sólo encontré unas pocas casitas y un hotel de lujo, así que volví unos kilómetros río abajo para buscar dónde acampar. A los pies del impresionante Osorno, y junto al estrépito del río, puse la tienda para protegerme cuanto antes. Afuera, nubes de mosquitos y tábanos hacían la vida inviable, pero al abrigo de la mosquitera podía contemplar el bellísimo atardecer y el volcán durmiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL2oNZXuXI/AAAAAAAABTE/HSNk0moJUno/s1600-h/SL373404.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274549284255545714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL2oNZXuXI/AAAAAAAABTE/HSNk0moJUno/s400/SL373404.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3372919312178324123?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3372919312178324123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3372919312178324123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-16-de-noviembre-de-2008.html' title='Domingo 16 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/STL2JY8OnWI/AAAAAAAABS0/pgPyloI_Jkw/s72-c/SL373387.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6693801109664715534</id><published>2008-11-19T17:25:00.001-08:00</published><updated>2008-11-19T17:32:22.762-08:00</updated><title type='text'>Sábado 15 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Osorno a Puerto Octay:    &lt;strong&gt;60  km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Recorrido total:  &lt;strong&gt;1000 km&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad me había propuesto quedarme un día entero en Osorno, y dejar por unas horas la tiranía de la bici para recuperar fuerzas. Pero la cabra tira al monte, y antes del mediodía ya tenía claro que me marchaba. Pasé la mañana paseando por las calles del centro. Osorno era una ciudad, como todas las del país, carente de encantos o atractivos. Sus calles comerciales se componían de edificios modernos de hormigón y vidrio; y sus calles residenciales, de casitas de madera con terrenito alrededor; un paisaje original, pero homogéneo una vez conocido. Para ayudarme a retomar la bici, había salido un día de radiante primavera, y el sol empezaba a arrancar los abrigos a la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270544950876027426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS8tVGxuiI/AAAAAAAABSM/39bDzYfushE/s400/SL373341.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de almorzar regresé a la pensión a por mis cosas, y me puse en marcha. No me quedaban ya muchas horas para la bici, pero con una poca suerte llegaría a Puerto Octay a tiempo para ver el atardecer sobre el lago y los volcanes que seguro se habían de ver reflejados en él. Pero me esperaba otra etapa para desesperarse; ahora que me dirigía de vuelta hacia el este, el viento había cambiado de dirección para vérselas de nuevo de cara conmigo. En uno de los momentos de más agotamiento por la pelea con el viento, encontré un hostal de carretera con restaurante. Lo llevaba una señora de origen alemán, que había convertido su espacio en una pequeña embajada bávara. Muchos de los habitantes de esta zona de Chile venían de aquel país, y aunque ya latinizados por siglo y medio en su tierra de acogida, mantenían intactas muchas de sus tradiciones, y una refinada educación y buen gusto. Por fin probé el kuchen de mantequilla, un pastel alemán de sabor suave. María Hexe había recuperado el contacto con su familia en Alemania, y los había visitado varias veces allá. Pero aunque admiraba el orden y la perfección de Europa, ella se quedaba con los infinitos campos solitarios, con las montañas y los lagos de Chile. Allá parecía todo el mundo loco por trabajar, trabajar… sin tiempo para las pequeñas cosas, le parecía una vida poco humana, y se imaginaba que tal vez los alemanes de hacía un siglo tenían mucho más en común con ella y su estilo de vida chileno, que con la Alemania de hoy. La verdad es que en aquel país difícilmente se podría permitir vivir en un lugar idílico y espacioso como el que su casa y su granja ocupaban en una loma desde la que se divisaban los volcanes y un gran río cristalino rodeado de bosques. Justo cuando estábamos hablando llegó una comitiva de coches antiguos, una concentración que tenía lugar de vez en cuando en la casa Hexe, y que llenó de un colorido de época el jardín de la entrada. Era momento de marcharme, y continué mi camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270545300601509874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS9Br71F_I/AAAAAAAABSU/0KH_cyPiojo/s400/SL373350.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270545834748394178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS9gxyXusI/AAAAAAAABSk/7T2HTRh_F5w/s400/SL373371.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de una leve cuesta se encontraba Puerto Octay. Cerca de un lago, pero separado de sus vistas y de las del volcán por un cerro empinado, tenía mucho del sabor de un pueblito alemán de otros tiempos. Las casas de la plaza eran de madera, pero con cantidad de detalles, ventanales y tejadillos, torres y porches columnados; eran diferentes de otros pueblos chilenos. Encontré un cuchitril de precio razonable donde dejar mis cosas, y con la bici más aligerada me dí un paseo hasta el lago. Para eso había que ascender la rocha tremenda al cerro, sobre el que se asentaba el cementerio, y algunas casitas cochambrosas de la gente más humilde del pueblo. Sin duda, los que disfrutaban de las mejores vistas del lago y los volcanes, eran los difuntos. Vamos, que en aquel pueblo daban ganas de morirse, sí que parecía cumplirse lo de pasar a mejor vida. Entre cruces con apellidos alemanes disfruté de la panorámica del lago más grande de Chile, del volcán Osorno y de otros menores; y de la compañía de unos chiquillos que dejaron sus bicis para preguntarme por mi viaje y por mi país. Pero no quise alargarlo demasiado. Me había quedado con ganas de un poco de comodidad y menos intemperie, así que regresé a por mi libro de compañía, y busqué el barecito más cálido de la plaza para devorar sus páginas después de una cenita rica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS9RMZkRKI/AAAAAAAABSc/ZOGWaAFXRwA/s1600-h/SL373356.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270545567014208674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS9RMZkRKI/AAAAAAAABSc/ZOGWaAFXRwA/s400/SL373356.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6693801109664715534?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6693801109664715534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6693801109664715534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/sbado-15-de-noviembre-de-2008.html' title='Sábado 15 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS8tVGxuiI/AAAAAAAABSM/39bDzYfushE/s72-c/SL373341.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3412872830974273127</id><published>2008-11-19T17:17:00.001-08:00</published><updated>2008-11-19T17:25:07.398-08:00</updated><title type='text'>Viernes 14 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de la frontera de Argentina con Chile a Osorno:    104  km&lt;br /&gt;Recorrido total:  940 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aguantó. Me pasé la noche soñando que me llegaba el agua al cuello, pero no me llegué a mojar. Había sido una buena prueba de fuego, bueno, de agua, para la tienda que me tendría que proteger en las despobladas soledades de la carretera Austral, que era el plato fuerte de mi viaje. Continuamente le daba vueltas a la idea, y trataba de imaginarme las condiciones de viento, lluvia; el camino impracticable que me debía conducir por 1000 km hasta el extremo sur de Chile, a la Tierra del Fuego y el Estrecho de Magallanes. A veces pensaba que, en el momento en que las condiciones empeoraran, tomaría un autobús de regreso hacia el norte y me trasladaría a regiones más benignas… pero tenía que intentarlo. Iba a intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270543137319099970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS7DxFHHkI/AAAAAAAABR0/2zWEgFUJuCM/s400/SL370413.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a mis amigos de la aduana, una vez más sólo disponía de queso y pan para el desayuno. Bueno, era de esperar algún lugar habitado en la carretera tan buena que estaba recorriendo. Pero los kilómetros pasaban, y a parte de un insoportable y helado viento de cara, no encontraba qué llevarme a la boca. Cuando me hice a la idea de que el infierno que dios me tenía reservado consistía en comer queso revenido con pan de dos días en toda ocasión, me hice un tentempié digno, e hinché pecho; es mejor tomárselo con orgullo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270542862565264258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS6zxisS4I/AAAAAAAABRs/ba18SUnYelQ/s400/SL370399.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el camino me encontré un letrero hacia una cascada y tomé un desvío por un par de kilómetros por un sendero de tierra, un tunelito entre una espesura desproporcionada, con árboles quién sabe si milenarios, de troncos de dos y tres metros de diámetro, entre los que se enmarañaba una profunda selva continental y húmeda. Al final de la vereda apareció el salto del Indio, una virulenta caída de un poderoso río desde unos 10 metros de altura. Justo entonces se hizo camino el sol para hacer brillar las gotitas de agua flotando en el aire, las hojas de los árboles saturadas de humedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270543834243343410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS7sVUzJDI/AAAAAAAABSE/Ha13KQ5GxS8/s400/SL370410.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carretera se hizo más fácil, recorriendo la orilla de un lago que ya se rodeaba sólo de suaves lomas, a cambio azotadas por un viento impertinente. Hasta después de las 2 de la tarde no encontré un lugar habitado, un pueblito de apenas unas casas dispersas, entre las que encontré un restaurantito y un supermercado. Aterido por el frío entré a comer y a descongelarme, y allí pasé dos horas junto a la estufa; me costó convencerme de que no era mi hogar, y que la buena educación me obligaba a volver al vendaval de la calle, coger la bicicleta como un hombre, y ponerme a pedalear sin rechistar. Al final de la ruta estaba Osorno, una ciudad de tamaño intermedio que, no teniendo mucho interés, suponía para mí un poco de refugio, una ducha caliente y una cena en condiciones después de unas ciertas penurias por los Andes. Bueno, quede claro que aunque penurias, la sarna con gusto no pica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La silueta de varios volcanes nevados me acompañó durante todo el recorrido, por praderas y cercados de ganado, y al final de la tarde arribé por fin a buen puerto, el de Osorno. Me costó encontrar dónde alojarme sin tener que escurrir demasiado el bolsillo; cultivé un poco de conversación con la dueña, y cuando la tuve a tiro regateé todo lo que pude para que me dejase un precio razonable. Bien contento por la rebaja, me dí una ducha y salí a pasear vestido de ciudad. Ya era hora de recorrer sin un dedo de polvo encima, calles y plazas concurridas, llenas de gentes y de amigos paseando; de cafeterías, de puestos de comida callejera, de bancos bajo los árboles con abuelas conversando y niños correteando. Cuando esto me parecía una maravilla sobre asfalto, ¿no sería que llevaba demasiado tiempo por los montes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS7ebvSExI/AAAAAAAABR8/YkoAwNB4GoU/s1600-h/SL370422.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270543595446866706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS7ebvSExI/AAAAAAAABR8/YkoAwNB4GoU/s400/SL370422.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3412872830974273127?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3412872830974273127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3412872830974273127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/viernes-14-de-noviembre-de-2008.html' title='Viernes 14 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS7DxFHHkI/AAAAAAAABR0/2zWEgFUJuCM/s72-c/SL370413.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-222363675170837848</id><published>2008-11-19T17:09:00.001-08:00</published><updated>2008-11-19T17:17:04.404-08:00</updated><title type='text'>Jueves 13 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: del lago Correntoso a la frontera de Argentina con Chile:    77  km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270540997033847970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS5HL5V7KI/AAAAAAAABRM/FJQvZ3F_VQg/s400/SL370351.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque no había acampado lejos de lugares poblados, nadie me molestó ni se acercó por allí aquella noche. Amaneció otro día azul maravilloso, pero yo no tenía ni un corrusco para hincar el diente, así que no me entretuve en la playa del lago. Recogí el tenderete y me puse en marcha hacia Villa la Angostura. Llamada el Jardín de la Patagonia, se trataba de otra pequeña ciudad de familias ricas, de casas de veraneo junto al lago y cerca de montañas donde podían practicar esquí. La avenida principal daba fe de esto con sus lujosos comercios y cafés, todos ellos construidos con gusto en madera, aprovechando la irregularidad de los troncos para darle un aire rústico pero sofisticado. Me hubiera comido una vaca con cuernos y todo, llevaba más de un día a base de pan y queso… pero cuando vi los precios me espanté, y se me quitó en seguida la gana de almorzar allí. Pasé por un supermercado a por algo de comida, y me hice un reparador desayuno, bien surtido de dulce y de grasa, que a este paso me iba a quedar en el ramaje. Y para quitarme el gusanillo de alta sociedad, me dí el lujo de tomarme un expresso en una terraza de la avenida. A doble precio que en España, pero eso sí que me lo podía permitir. Un caluroso sol de casi verano obligaba a buscar la sombra; con el frío que había pasado, pensaba yo… Haciendo tiempo para que la batería de la cámara se recargase, leí los periódicos, y continué con el libro que todo ciclista misántropo debe llevar consigo. Me refiero, uno cualquiera, pero uno que le guste al ciclista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa contigua, un argentino de pro empleaba sus consabidas técnicas de seducción con una argentina prototipo. Haciendo tiempo para que la cámara acabase de recargarse, curioseé en las técnicas australes, para descubrir con asombro que la famosa labia, al menos en aquel caso, no era más que un mareante monólogo en que el tipo relataba hasta el detalle más insignificante su obra y milagros a la pobre paciente, que seguramente así entraba en un letargo hipnótico y bajaba la guardia. La verdad, el chaval tenía una vida de lo más gris, pero carecía de abuela, y lo contaba todo como si fueran hitos de la Humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya nos tenía a punto de caramelo a la pobre y a mí, decidí recoger la cámara y marcharme. Ya eran más de las dos de la tarde, había echado la mañana en nada, pero qué delicia de terraza después de tantas penurias… Con la despensa repleta de provisiones, tomé el camino de regreso al lago, rumbo a la frontera chilena. Sólo había pasado a Argentina para ver los siete lagos y disfrutar de los dos pasos andinos en plena naturaleza, así que tocaba regresar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270541863873146258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS55pH77ZI/AAAAAAAABRk/v8j5urpn-uE/s400/SL370365.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante decenas de kilómetros no hice más que subir y subir, por una estupenda carreterita pavimentada que se colaba entre las montañas impresionantes que hacían de frontera natural. Un espeso bosque se iba formando en las bases, mientras las cumbres permanecían nevadas, como quitándose con pereza el invierno de encima. Bravas corrientes de agua abrían tajos en los desfiladeros, y tras el zigzag de curvas, la frontera. Al menos, el paso argentino, pues el control de la entrada en Chile distaba más de 40 kilómetros del argentino. Sellada la salida, la subida continuaba internándome en un paisaje cada vez más perdido, deshabitado por completo y crecientemente frío y ventoso. La altura cambiaba poco a poco los espléndidos bosques y el calor veraniego por una pelona en la que árboles cada vez más raquíticos se las veían con el clima. Tras varias horas de ascenso, bloques de nieve compactada jalonaban la carretera, y la primavera de la Villa de la Angostura quedaba ya en el recuerdo. Arriba seguía fiero el invierno, pero no me hacía falta la ropa larga, y con tal de no parar de pedalear me sobraban las calorías. Pero en algún momento había que descender lo subido. Al otro lado del puerto, la vertiente chilena ofrecía las espectaculares cumbres de otra cadena de volcanes, completamente envueltos en nieve, y en los que el viento del oeste se convertía en nubes espesas. A poco que bajé, ya con toda la ropa cubriéndome, recordé el Chile que en dos días casi había olvidado: frío húmedo, torrentes de agua por doquier, y un bosque espeso y lleno de musgos radicalmente diferente del lado argentino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270541534780073106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS5mfKCJJI/AAAAAAAABRc/9yLGQeFi-Zo/s400/SL370378.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos cuantos kilómetros más abajo, en una empinada cuesta, me encontré un camión averiado a un lado de la carretera. El conductor llevaba unas horas esperando que un mecánico le viniese a echar una mano, y se entretenía sacando de la carretera, con una rama de bambú, las enormes arañas con aspecto de tarántula peluda que cruzaban, para que no las aplastasen los coches. Estuve un rato hablando con él. El hombre estaba nervioso, las horas de retraso suponían dinero, y últimamente el negocio estaba muy mal; ya hacía que se notaba la crisis, los pedidos eran menos, y con lo que sacaba no le daba ya ni para pagar la cuota del camión… pero tenía que seguir, justo ahora no podía rendirse, cuando su hija mayor acababa de entrar en el conservatorio. Algo que en España se hace casi como pasatiempos, en Chile era muy costoso, y Andrés no sabía si podría pagarlo si las cosas seguían así. Pensé en su hija… y es que nos educan para ser héroes y poetas, pero la cotidianeidad de la vida no da para mucho. No hay sitio en el mundo para el talento; ni para las ganas de mejorar el propio mundo. Malos tiempos, para la lírica. ¿Alguien se dará cuenta de una vez que andamos de vuelta a una segunda Edad Media? Por dios, que alguien apague la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le deseé mucha suerte, y continué el descenso vertiginoso, hasta llegar al control de entrada en Chile. Me decomisaron las naranjas y manzanas que traía, y hasta un chorizo que me quedaba en la despensa; todo por no sé qué alerta sanitaria y no sé qué plagas que venían de Argentina. Nuevamente con poca comida en la mochila, seguí por la carretera sin más remedio que acampar y tirar con lo que me quedaba. En un rinconcito de cuento, entre árboles centenarios cubiertos de musgos, encontré un planito escondido para poner la tienda y dormir. Y antes de que me diera cuenta, al frío se le unió la lluvia para poner a prueba la consistencia de la tienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS5Vi2ZhXI/AAAAAAAABRU/ubik_RsIwqU/s1600-h/SL370384.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270541243713684850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS5Vi2ZhXI/AAAAAAAABRU/ubik_RsIwqU/s400/SL370384.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-222363675170837848?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/222363675170837848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/222363675170837848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-13-de-noviembre-de-2008.html' title='Jueves 13 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS5HL5V7KI/AAAAAAAABRM/FJQvZ3F_VQg/s72-c/SL370351.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6614971939931053338</id><published>2008-11-19T17:02:00.001-08:00</published><updated>2008-11-19T17:09:21.101-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 12 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de San Martín de los Andes a la orilla del lago Correntoso:    111  km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos el desayuno estaba incluido en el precio de la pensión; pero siendo suficiente para quitarme el hambre de la mañana, no lo fue para darme las energías que necesitaba para un día que sería inesperadamente duro. Viendo que la ciudad era tan cara, pensé en salir de ella cuanto antes, ya compraría comida en algún pueblito del recorrido. Pero fue un grave error. Durante los siguientes 111 kilómetros no encontré nada. Ni un pueblito. Ni un bar, ni una tienda de carretera. Nada. Ciertamente el mapa no situaba ningún poblado en el recorrido, pero en la mayoría de los países eso significa que no hay lugares grandes, aunque siempre se encuentran  pequeños núcleos, o al menos algún bar en el que te pongan un bocadillo… Nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270539955399057010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS4KjgQXnI/AAAAAAAABRE/H0m5d762DU8/s400/SL370303.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejé atrás San Martín por una carretera asfaltada, que después de un recorrido junto al lago que bañaba la ciudad, iniciaba el ascenso a un puerto en las montañas. Algunos carteles indicaban que aquélla era zona Mapuche, aunque ya me había acostumbrado a no reconocerlos como tal, puesto que tanto sus casas y sus vestimentas como el aspecto externo de su estilo de vida, no eran muy diferentes a los de cualquier otro chileno humilde y rural de origen europeo. Conforme ganaba altura se mejoraba la perspectiva de los picos nevados que me rodeaban en todos los puntos cardinales. La carretera se conocía como la Ruta de los 7 Lagos, y uno tras otro fueron apareciendo, separados por cadenas de montañas que había que subir y después bajar. El lado argentino se veía más seco, aunque no por ello menos boscoso. Sí se distinguían sus tonos ocres y serios, en contraste con el verde refulgente de Chile, tan sólo a unos kilómetros en la ladera oeste de los Andes. Esta barrera montañosa retenía las nubes y las obligaba a descargar en el lado chileno, dejando poca humedad para la vertiente oriental, que se perdía progresivamente en las secas pampas argentinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los lagos vertía sus aguas en un potente caudal que saltaba al vacío en una estrepitosa catarata, para continuar hasta el siguiente lago. La reciente orografía andina se había levantado obstaculizando por todas partes el curso de  los ríos: derrumbes de rocas y brazos gigantes de lava formaban presas, y allá los ríos se convertían en lagos hasta rebasar por algún lado y continuar su curso al mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270539698984868882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS37oSWXBI/AAAAAAAABQ8/IdfTdi71V2Q/s400/SL370313.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaba a tener claro que Argentina, un país de veintipocos millones de habitantes, la mayoría apiñados en unas pocas grandes ciudades, era un país prácticamente despoblado en toda su inmensa extensión. Sí, el mapa era serio, donde no situaba nada es que nada había. Sólo naturaleza en estado puro a lo largo de los más de 110 kilómetros hasta Villa la Angostura. Contemplando la catarata tomé un frugal almuerzo, administrando la escasa comida que debía durarme todo el día. Agua había por todas partes, aunque tuve que aceptar que llevase un poco de todo en suspensión; me arriesgaba a enfermar, pero después de 10 días bebiendo agua de los deshielos, no me parecía estar yendo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270539092313135394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS3YUQiWSI/AAAAAAAABQs/6atlBcRHAo4/s400/SL370321.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fenomenal paisaje andino se reflejaba en los lagos que iba recorriendo. Ya perdí la cuenta, y no sabría decir si fueron siete o si diez. Después de 50 kilómetros ya de por sí duros por el perfil de subida y bajada, crecieron las dificultades. Desapareció el asfalto, y durante otros 50 kilómetros tuve que vérmelas con otro pedregal lleno de cuestas. Parando de vez en cuando y contando los bocados de pan, paté y queso, con mucha agua para engañar al estómago trataba de organizarme para no desesperarme antes de tiempo. La ruta de tierra seguía recorriendo un paisaje espectacular, pero los pocos coches que pasaban suponían un tráfico excesivo: cada uno levantaba una polvareda, y antes de que se disipase llegaba el próximo a enterrarme de nuevo. Supongo que para desahogarme, me entretuve en maldecirlos uno a uno, a grito pelado, cada vez que esto sucedía. Creo que se trata de una terapia japonesa, y aunque el tormento no disminuye, algo ayuda a sobrellevarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto lago se acabó haciendo monótono. Me hubiese gustado variar con algún pedazo de desierto o con un mar agitado… los últimos kilómetros se me hicieron eternos, pero en lugar de acampar preferí continuar, con la esperanza de llegar al primer pueblo marcado en el mapa, Correntoso, y comprar comida en alguna tienda. Pero Correntoso, aunque por fin de vuelta sobre carretera de asfalto, no era ni si quiera un pueblito. A lo largo de la orilla de dos lagos entre los que circulaba la carretera, sólo encontré algunos hoteles de lujo y urbanizaciones de vacaciones. Ni una tienda. Me cansé de buscar  cuando no le quedaba mucha luz al día para pedalear. Era hora de buscar un rincón escondido para acampar, y de conformarme con cenar un pedazo de pan y queso. Guardaría las dos galletas que había encontrado al fondo de las alforjas para el desayuno. Por un caminito de tierra llegué a la orilla del lago Correntoso, y tras unas matas encontré el lugar perfecto para pasar la noche. La temperatura no era nada mala, y después de colocar la tienda me desnudé para darme un lavado rápido con las gélidas aguas del lago, y meterme limpio en la ropa larga. Los colores del atardecer brillando en las cumbres se reflejaban sobre el agua, y el día se desvaneció hasta dejarme solo bajo las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS3qVX7DyI/AAAAAAAABQ0/Qt8SyKKOYa4/s1600-h/SL370336.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270539401850195746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS3qVX7DyI/AAAAAAAABQ0/Qt8SyKKOYa4/s400/SL370336.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6614971939931053338?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6614971939931053338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6614971939931053338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/mircoles-12-de-noviembre-de-2008.html' title='Miércoles 12 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SSS4KjgQXnI/AAAAAAAABRE/H0m5d762DU8/s72-c/SL370303.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-2515756016010801895</id><published>2008-11-15T06:45:00.001-08:00</published><updated>2008-11-15T06:55:39.634-08:00</updated><title type='text'>Martes 11 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Puerto Fuy a San Martín de los Andes:    60 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268895870405594818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7g4NoMTsI/AAAAAAAABQM/P4QteCsvA-c/s400/SL370237.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la una del mediodía no salía la barcaza para cruzar el lago. Y el pueblo no tenía mucho que ofrecer cuando uno ya se había cansado de contemplar los dos cráteres nevados que dominaban el entorno, o los bosques de las orillas del lago. De todos modos, dormir hasta tarde tampoco parecía tan mal plan, y cuando salí a dar un paseo ya pegaba bien el sol. Me acerqué hasta el embarcadero para asegurarme de la hora del barco y del lugar preciso, y después paseé por las cuatro calles de tierra de Puerto Fuy. Otra cosa era digna de verse, el río que desaguaba el lago hacia el oeste, y que se llevaba un poderoso caudal de agua increíblemente transparente entre árboles y rocas. En la tiendita del pueblo compré algo de comida para el día, contando con que seguramente no me daría tiempo a llegar a San Martín de los Andes, el primer pueblo del lado argentino, y que me tocaría acampar y cenar lo que llevase. A mediodía volví a la posada a por mis cosas, y bajé hasta el embarcadero. Helen ya estaba allí, charlando con unos alemanes que esperaban su turno para embarcar su coche en la barcaza. Mientras me tomaba un té en el barecillo de la pasarela, fue llegando más gente, y hasta una pareja de ciclistas sin mucho equipaje. Se trataba de Ariadna y Fernando, dos chilenos de vacaciones que tomaban el barco para cruzar el lago hasta el extremo oriental, y después de un paseo en aquel lado volver con la barcaza en su viaje de regreso por la tarde. Acomodamos nuestros vehículos en la borda, y al poco zarpamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante las casi dos horas de recorrido nos dio tiempo a admirar el lago encajonado en un estrecho desfiladero de montañas, muchas de ellas nevadas, y todas cubiertas de un bosque inmaculado; también de charlar un poco de todo. Fernando y Ariadna venían de Santiago, y también me hablaban de una agitada vida urbana que volvía loco a cualquiera. De vez en cuando se escapaban a hacer algún recorrido, en plan coche y hotel de lujo, pero con las bicis a cuestas para pequeñas paseos como el de aquel día. Fue Fernando el que sacó el tema de la crisis, que parecía ya el monotema en cualquier rincón del mundo. Trabajaba en una empresa de maquinaria pesada, y en pocos meses habían pasado de vender unas 5.000 máquinas anuales en el mercado español, a tan solo 400. Visto desde este lado parecía una hecatombe, era como si medio planeta se hubiese sumergido bajo el océano. Y claro, indirectamente ya afectaba a Chile, empezando por empresas como la suya, que veían recortar tan drásticamente las ventas. Chile dependía casi en un 80% de las exportaciones de materias primas, cobre particularmente; con el frenazo en seco de la industria de todo el mundo, las compras de materias primas habían descendido bruscamente, y además bajado de precio dada la baja demanda. Al final no se iba a librar ni el gato de lo que se nos venía encima. Y todo por la especulación inmobiliaria en Europa y EEUU, el crecimiento exponencial de los precios y el recurso generalizado e ilimitado al crédito bancario para alimentar la máquina especulativa de los pisitos… Fernando era economista, y veía con clarividencia notable el origen de los problemas, aunque de ningún modo la luz al final del túnel. Lo que sucediese dependería en gran medida de lo que los dirigentes de los principales países decidiesen; no era descartable una conflagración de países, siempre la economía de guerra había sido un buen recurso para escapar de las crisis de la economía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un prolongado serpenteo entre las montañas que encerraban el lago, llegamos por fin a la orilla oriental, a penas una pasarela de madera y dos casas desde los que partía la pista de tierra hacia la frontera argentina. Me despedí de Fernando y Ariadna, y me puse en camino junto con Helen. Después de todo, si conseguía abstraerme de su presencia, dado lo poco propensa a la conversación que era la holandesa, podía llegar a sentirme como solo en medio de la inmensidad. Y bueno, no había más remedio. Continuamos durante unos kilómetros hasta llegar al control de frontera chileno. Ya nos habían avisado en el barco de que, debido a una huelga en la administración chilena, la frontera estaría cerrada todo el día, hasta las 5 de la tarde. No eran ni las 3, y si nos retenían allí hasta las 5 sería imposible completar los 50 km que nos quedaban hasta San Martín de los Andes. Así se lo expliqué a los dos policías, que insistían en que sus compañeros de aduanas no nos atenderían hasta las 5. Pero la ventaja de no estar en Europa, es que fuera de ella las personas nunca dejan de ser personas. Existe un concepto de flexibilidad ajeno por completo en las cuadriculadas mentes europeas. Con ánimo relajado y un poco de guasa comencé a charlar con los policías, ambos habían estado en Francia, Italia y Alemania en una especie de viaje de fin de curso de la academia, y recordaban cómo los europeos parecían bastante torpes a la hora de entrar a un bar y hacer buenas migas con las mujeres. A ellos les había bastado un poco de salsa y merengue para llevárselas de calle, y es que los hispanos teníamos algo de gracia y viveza, de las que carecían los nórdicos. Mientras uno de ellos continuaba la conversación preguntándome por mis viajes en bicicleta, el otro salió para convencer a su compañero de aduana de que hiciese una excepción y nos dejase pasar con las bicis, para que pudiésemos llegar a San Martín con la luz del día. Al momento regresó, teníamos vía libre, ni si quiera nos revisarían las mochilas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268896702433395810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7hopLFBGI/AAAAAAAABQc/htVIBYkLtRo/s400/SL370284.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estaba divirtiendo mucho conversando con los policías, así que casi me dio pena que me dejasen continuar el viaje. Nos despedimos, y Helen (que no hablaba casi español y no había abierto la boca), y yo, volvimos a la tortura de la pista de piedras, eso sí, en medio de un espeso bosque de árboles enormes. Pasar la frontera argentina fue más sencillo, sin huelga ni otros pormenores. El lado argentino nos recibía con una agradable bajada hasta un lago azul, otro más entre los muchos que vería, con sus típicas cumbres de rocas nevadas y sus faldas cubiertas de selvas impenetrables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268896208338059682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7hL4hkgaI/AAAAAAAABQU/Mj4wlHPo4-Y/s400/SL370267.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recodo del lago la pista se encaramaba por una de las montañas, y durante una veintena de kilómetros nos peleamos con las cuestas. Helen era un rayo en las bajadas, pero la pobre no podía con su alma en la subida. Durante el resto del trayecto me quedé solo, entre páramos deshabitados y naturaleza salvaje, águilas y otras aves como únicos testigos. Varias horas después descendí lo subido, para llegar con el atardecer al valle en el que se encontraba, a la orilla de otro lago, la ciudad argentina de San Martín de los Andes. Tal vez esperaba un desolado pueblito de frontera, con destartaladas casas depauperadas. Pero la sorpresa fue mayúscula. De pronto se acabó la tierra, llegó el asfalto y se rodeó de casas de lujo, comercios de lujo, y un urbanismo cuidado y refinado a la altura de los lugares más prósperos del País Vasco. En comparación, el 90% de España parecía una república bananera de África después de una guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268897011521800834" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7h6onfyoI/AAAAAAAABQk/Igd3lnId1AY/s400/SL370291.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos kilómetros los había recorrido despacio, tratando de que Helen me alcanzara. Y por fin apareció mientras pedaleaba despacio por la avenida principal de San Martín. Lo primero de todo era conseguir pesos argentinos, una visita a un cajero automático. Después, buscar la pensión que habían recomendado a Helen. Resultó ser un youth hostel, y el precio acorde con el elevado nivel de vida de la ciudad. Ya no era cuestión de salir a acampar a los montes; pero me daba cuenta de que mientras siguiera en Argentina, mi único alojamiento sería la tienda de campaña y en medio del bosque. Y viendo que el menú en un restaurante era más caro que en España, opté por el supermercado. Tampoco era una ganga, pero siempre era más barato prepararse algo en la cocina del hostal. Tras otro día de pedalear duro y no comer casi nada, me di un buen atracón en el comedor. Mientras, comentaba el día con un argentino viajero que venía de Buenos Aires a maravillarse con los Andes. Me decía que hasta entonces no había tenido ni la menor idea de la dimensión real del país. Porque no era lo mismo verlo pintado en un mapa, que recorrer sus carreteras en días y días de autobús. Patagonia, y en particular San Martín y algunas otras ciudades de la región, eran el lugar más rico de Argentina, y de ahí los precios desmesurados. Aquél era un país de contrastes, y si quería un viaje barato, tenía que ir al norte, donde nunca habían sido demasiado ricos, pero desde la crisis del 2002 vivían casi como en África. En otra mesa un español fanfarrón alardeaba sin demasiada gracia con los nuevos amigos que había conocido en la pensión. Se trataba de un tipo que vivía de sus fotografías y llevaba una temporada en Argentina. Trataba de imitar el acento sin conseguir disimular su origen canario; y también la labia argentina, pero sin el arte de estos. Dándose importancia de más y cruzando la barrera del buen gusto para intentar ser gracioso, acabó por desesperar a los que lo escuchaban. Una pena. Amigo mío, la primera de las virtudes es la humildad, y sin ésta las demás carecen de valor; y para carecer de humildad, hay que tener algo decente de lo que presumir…&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-2515756016010801895?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2515756016010801895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2515756016010801895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/martes-11-de-noviembre-de-2008.html' title='Martes 11 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7g4NoMTsI/AAAAAAAABQM/P4QteCsvA-c/s72-c/SL370237.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4257909217152724702</id><published>2008-11-15T06:37:00.000-08:00</published><updated>2008-11-15T06:45:36.258-08:00</updated><title type='text'>Lunes 10 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Panguipulli a Puerto Fuy:    97 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unos pocos kilómetros de asfalto, volvieron el pedregal y las nubes de polvo al paso de cada coche que se perdía por el camino. Lo bueno de las sendas de tierra era su perfecta soledad, internándose en la naturaleza  más indómita de Chile: montañas, lagos, bosques sólo perturbados por alguna casita de madera aislada y acomodada en una pradera arrancada al monte… Lo malo era que los pocos coches que pasaban me enrunaban, y literalmente me hacían morder el polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268894815272027938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7f6y8vxyI/AAAAAAAABQE/rh24gxYwLHE/s400/SL370170.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lluvias parecían ya un recuerdo lejano, y una claridad cegadora resaltaba los cauces de agua, los volcanes nevados, y la miríada de cascadas que caían por los acantilados de basalto que cercaban los valles. Llegué a Coñaripe al final de otro lago más, cubierto de polvo de la cabeza a los pies, y con las articulaciones desencajadas por el traqueteo de las piedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de almorzar y recargar la despensa de las alforjas, tomé el camino de tierra hacia la frontera argentina. Los desfiladeros se hicieron más angostos, el bosque más espeso y viejo, y el perfil más empinado y matador. Los únicos habitantes que me cruzaba eran las águilas y halcones que acechaban a otras aves más pacíficas y ruidosas. A veces se hacía tan complicada la cuesta de piedras sueltas que no tenía más remedio que bajarme y empujar la bicicleta. Después de coronar el collado se abrió un amplio valle cercado por cumbres nevadas, y moldeado por otro río caudaloso y perfectamente transparente. Cada lago ofrecía un matiz que lo hacía diferente, especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino llegó a una bifurcación, de la que tomé la ruta menos usada en dirección a Puerto Fuy. Sus puentes de tablas casi destrozados, y los enormes baches en las empinaduras cubiertas de árboles y sombra, evidenciaban que pocos se aventuraban por allí. Incluso algún tronco derribado sobre el camino impedía el paso a cualquier vehículo algo más ancho que mi bicicleta. En efecto, no me crucé con nadie durante más de 40 kilómetros, disfrutando de las vistas encaramado a media altura de las montañas que recorría, como en un balcón abierto al valle y a la sierra cubierta de hielos que me miraba desde el oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268894511412133970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7fpG-5wFI/AAAAAAAABP8/3bYGhYC-iEo/s400/SL370194.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final del camino retomé la ruta principal, también de tierra, y me fue atardeciendo en los últimos kilómetros al destino del día, Puerto Fuy, el final de la carretera a orillas de un lago que debía cruzar en barco a la mañana siguiente, para poder así continuar hacia Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268893932070737554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7fHYxJlpI/AAAAAAAABPs/hwfZQ2QBexM/s400/SL370222.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puerto Fuy no era más que un grupo de casas al final de un espeso bosque sin luz, dispersas en un vallecito rodeado de un paisaje imponente, que presidían las siluetas blancas dos conos volcánicos consecutivos. Pero como fin de la carretera y punto de embarque, disponía de un par de alojamientos. Helen, que había partido de Coñaripe por la mañana, llevaba allí varias horas ya, tratando de reponerse de la paliza del día.Me quité el barrizal del cuerpo en una ducha reparadora, y salí a pasear bajo las estrellas. Las constelaciones diferentes del hemisferio sur me eran desconocidas, aunque no era la primera vez que las veía. Incluso la luna se veía extraña, como si le hubiesen dado la vuelta al dibujo de sus cráteres. La luz del cielo iluminaba las cumbres nevadas de un azul pálido fantasmagórico, y sólo algún perro asustado de mi presencia en la oscuridad me salió al encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7fXVHn69I/AAAAAAAABP0/9VEc6qG3C5E/s1600-h/SL370227.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268894205969165266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7fXVHn69I/AAAAAAAABP0/9VEc6qG3C5E/s400/SL370227.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4257909217152724702?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4257909217152724702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4257909217152724702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-10-de-noviembre-de-2008.html' title='Lunes 10 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7f6y8vxyI/AAAAAAAABQE/rh24gxYwLHE/s72-c/SL370170.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8139035844083482074</id><published>2008-11-15T06:25:00.001-08:00</published><updated>2008-11-15T06:37:55.638-08:00</updated><title type='text'>Domingo 9 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Pucón a Panguipulli:    99 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268890728218499026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7cM5fQF9I/AAAAAAAABPE/z0a3IzscPQQ/s400/SL370070.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba continuar pedaleando de todos modos, pero inesperadamente amaneció con algunos claros en el cielo. Hacía frío, pero ya parecía que las lluvias habían pasado. Los nuevos huéspedes de la posada me habían desvelado entrando y saliendo del barracón-dormitorio, sin miramientos, encendiendo la luz y hablando en voz alta hasta bien entrada la madrugada. Así, a la hora que había quedado con Helen en estar listos para ponernos en marcha, apenas había dormido cuatro horas. Una vez más tenía un día duro por delante, y sin haber descansado en condiciones.&lt;br /&gt;Tomé venganza de mis desveladores haciendo todo el ruido posible, metiendo y sacando las bolsas en las alforjas, con la cortina bien descorrida para que entrase suficiente luz para mí y para los impresentables que no me habían dejado dormir. No soy persona propensa a revanchas, pero de vez en cuando sienta bien dar una lección de civismo con un poco de incivismo, por puro afán pedagógico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268891177687682482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7cnD5DjbI/AAAAAAAABPM/2t__QzIDxRk/s400/SL370071.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la orilla del lago de Villarrica tomamos camino a la ciudad del mismo nombre, por una carretera asfaltada entre floridas granjas a la orilla del agua. Las últimas nubes se aferraban a la cumbre del volcán, que después de 4 días en Pucón todavía no había alcanzado a  ver.&lt;br /&gt;Villarrica era un pueblo un poco feo, cerca del lago, pero sin aprovecharse de su belleza en su urbanismo. Allí paramos a almorzar algo antes de iniciar las subidas que nos separaban de Lican Ray, a orillas del siguiente lago. Helen seguía en su tónica silenciosa, pero ya había pensado yo cómo superar la situación algo incómoda en que me veía, sin llegar a ser rudo. Llegados a Lican Ray, tomaría yo el desvío a Panguipulli, una vuelta innecesaria que se apartaba del camino original hacia la frontera argentina, y que Helen seguro que prefería evitar. Por otro lado las vistas de los tres volcanes de la zona reflejados en el lago de Panguipulli bien podían valerme el desvío, un día como aquél en que por fin reinaba un cielo azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268891539137106130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7c8GZUENI/AAAAAAAABPU/qYrjUFPqQ44/s400/SL370099.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lago Calafquén, a orillas de Lican Ray, ofrecía el paisaje de montañas reflejadas que poco a poco se me empezaba a hacer monótono, sin perder por ello un ápice de su incuestionable belleza. Después de un rato de contemplación, llegó el momento de separarnos. Helen tomó la carretera del este, y yo me dirigí hacia el sur. Realmente estaba hecho para la soledad, a falta de una compañía perfectamente complementaria como lo fue Susana en México; un profundo alivio de felicidad se acomodó en mí. Escuchando música y dejando vagar la mente en una especie de meditación, sentía el latir de la vida en mi piel, sin presencias extrañas que me distrajesen. Poco a poco aparecían tras las lomas boscosas los tres conos volcánicos brillando cegadores ante un sol tibio que se hacía luminoso en sus nieves. El Villarrica, el Quetrupillán y el Chosuenco reinaban sobre un paisaje verde mientras yo avanzaba por la fácil planicie que rodeaba los lagos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268892317063881314" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7dpYZgomI/AAAAAAAABPk/QKxShTzc3Ts/s400/SL370129.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descendiendo al siguiente valle llegué por fin a Panguipulli, un pueblito entre verdes asombrosos a orillas de un lago. Los tres volcanes cercaban el oriente y el norte, e incluso sus habitantes, más que habituados a la postal, ocupaban las mejores posiciones del paseo del lago para disfrutar de las vistas de la tarde. Me sobraba tiempo para recorrer otros 30 kilómetros y dormir más adelante, pero la belleza sobrecogedora del lugar me decidió por hacer noche en Panguipulli. Entré en una tiendita a comprar algo de merienda y preguntar por alguna pensión. Una mujer que había entrado con su marido e hijos, al escuchar mi acento me saludó. Era asturiana, y llevaba más de 25 años en Chile. Había conocido a su marido cuando éste fue a Asturias a los partidos del mundial del 82, y se la había traído al país austral. No echaba de menos su tierra natal, aunque desde que entrara en erupción el volcán que dominaba el pueblo donde habían vivido todos estos años, estaban como exiliados.  Ya llevaban dos años lejos de su granja, ahora sepultada bajo un metro de ceniza volcánica. Pronto pasaría yo por su pueblo, donde hacía poco que se había cancelado la alerta roja que evacuara a todos sus habitantes. Pero Ángeles, más consciente que yo de lo revuelta que venía la partida en España, ni se planteaba volver por allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de descargar los bultos en una pensioncita, con la bici libre me dirigí hacia la orilla sur del lago. Al final de un camino de tierra encontré una playita que ofrecía unas perspectivas inmejorables. Aquel lugar era maravilloso. Durante más de tres horas asistí absorto a la evolución de la luz del atardecer sobre los tres volcanes y sus reflejos sobre el lago; de los tonos  del bosque que tapizaba las montañas más próximas, y de las praderas impecables que rellenaban el pueblo y sus alrededores. Pensé que, si alguna vez ya viejito quería elegir un lugar para alejarme del mundo y saborear cada puesta de sol, aquel rincón bien podía ser el lugar perfecto. Para levantar una cabañita en la orilla del agua, y dejarse morir rodeado de pura belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268891842360474962" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7dNv_ZfVI/AAAAAAAABPc/mD-MwOSSL7M/s400/SL370137.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8139035844083482074?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8139035844083482074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8139035844083482074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-9-de-noviembre-de-2008.html' title='Domingo 9 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7cM5fQF9I/AAAAAAAABPE/z0a3IzscPQQ/s72-c/SL370070.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4931981949893469592</id><published>2008-11-15T06:17:00.001-08:00</published><updated>2008-11-15T06:25:31.935-08:00</updated><title type='text'>Sábado 8 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Lloviendo en Pucón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero amaneció con otro diluvio. Y pasaban las horas y no aflojaba si quiera. No podía salir bajo la lluvia con la bici… como el tiempo continuase así por mucho tiempo, tal vez tendría que considerar la idea de tomar un autobús y escapar a los desiertos del norte del país. No eran desiertos lo que yo había venido a ver a Chile, pero al menos no podrían darme mal clima. La predicción meteorológica anunciaba mejoría para el domingo, así que aún le daría una oportunidad al sur antes de tirar la toalla… pero una y no más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268889268636531426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7a38HyuuI/AAAAAAAABO8/6Isz30ZfCj0/s400/SL370065.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aproveché la lluvia para empezar a buscar trabajo por internet. Se suponía que estaba en excedencia en la empresa en la que había trabajado cinco años; pero no podía dar nada por seguro, y no contaba con que me readmitieran a la vuelta en enero. Y menos con los datos económicos que me llegaban en las noticias. En España ya casi alcanzábamos los 3 millones de parados… y el gobierno iba a garantizar carencias en las hipotecas de los parados. Mmmm, subsidios por desempleo a varios millones de nuevos parados, sufragio de las hipotecas malpagadas… a ver si después de todo, en lugar de la quiebra de los bancos y una probable expulsión del euro, nos íbamos a encontrar con la bancarrota del mismo Estado… como en los buenos tiempos de Felipe II. Tal vez la mejor opción era buscar trabajo en Chile, y olvidarme de mi condenado paisito por una larga temporada…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268888645152226610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7aTpdjPTI/AAAAAAAABO0/3mLC02KypqQ/s400/SL370067.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche volvieron los grupos de viajeros, y la pensión de Vivi se volvió a llenar de un ambiente familiar en los sofás del comedor. Con un té y alrededor de la estufa, volvía la charla hasta las tantas. Aunque decidido a madrugar y seguir el viaje contra viento y marea, no hubo tiempo ya de hacer grandes amistades. Helen viajaba en mi misma dirección, y me propuso comenzar la ruta juntos por la mañana. Tampoco supe decirle que no, pero ya me empezaba a fastidiar la idea de no gozar de la soledad que tanto aprecio, en la única compañía de mis pensamientos y de la naturaleza. Ya le empezaba a coger cariño a la holandesa, pero tenía que pensar cómo darle esquinazo. Nada personal, es que prefiero viajar solo.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4931981949893469592?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4931981949893469592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4931981949893469592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/sbado-8-de-noviembre-de-2008.html' title='Sábado 8 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7a38HyuuI/AAAAAAAABO8/6Isz30ZfCj0/s72-c/SL370065.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-9010888440143201564</id><published>2008-11-15T06:07:00.001-08:00</published><updated>2008-11-15T06:17:28.057-08:00</updated><title type='text'>Jueves 6 y Viernes 7 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: jueves en Pucón bajo la lluvia, y viernes de ruta local hasta el lago Caburgia:  53 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de los viajeros se marcharon por la mañana para continuar viaje, y sólo dejarían una lluvia fría y continua que no hacía apetecible la bicicleta. Decidí quedarme a pasar el temporal en casa de Vivi, aunque Pucón no tenía mucho que ofrecer para días como aquél. La gente llegaba para escalar el volcán Villarrica, o a hacer rafting en sus ríos; pero con el chaparrón, ni se veía el volcán, ni había ganas de río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268887361604946306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7ZI74CCYI/AAAAAAAABOs/99wc70z05UY/s400/SL370064.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ratos de más lluvia los pasé cómodamente sentado, leyendo junto a la estufa, o tomando tés calientes mientras conversaba con Vivi. Estaba especialmente contenta, porque su hija mayor había venido a visitarla. Se la llevó a su tierra sudafricana un viajero que se había perdido por Pucón, y después de un breve romance la convenció para que se casara con él y lo acompañara a su pueblito cerca de Ciudad del Cabo. Por lo que contaba, se trataba de una islita blanca en medio de la mayoritaria población negra; su hija se había acostumbrado un poco a esta segregación, pero no a la insoportable vida gris de la anquilosada mini-sociedad aristocrática blanca, donde lo único fresco lo aportaban los sirvientes negros. Le había costado dos años de adaptación y depresión, pero con su bebé nacido hacía unos meses parecía haber vuelto a la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasear por el pueblo cuando la lluvia daba una tregua no era más interesante que estar en casa; las calles casi desiertas, y sus numerosas cafeterías vaciadas por la temporada baja no lo hacían especialmente atractivo. Helen, la ciclista holandesa, andaba en las mismas, refunfuñando mientras miraba los grises nubarrones, y tomándoselo con paciencia en la pensión. Yo tenía dos alternativas: coger mis bártulos y ponerme en ruta bajo la lluvia, arriesgándome a no encontrar dónde dormir a cubierto al final de algún barrizal; o bien quedarme en Pucón hasta que se pasase el temporal y hacer algún recorrido por la zona, sin bultos y para regresar de noche al calor de la posada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268887007358546994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7Y0UNG9DI/AAAAAAAABOk/745jAOEave8/s400/SL370061.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                               …….-------------------…….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Opté por lo segundo. La idea de dormir empapado en mi tienda sobre un barrizal no me seducía; después de todo había cosas interesantes alrededor de Pucón, que se podían ver en el día. Preparé una bolsa con lo mínimo, comida y herramientas, y cuando iba a ponerme en camino, apareció Helen igual de preparada. No habíamos conectado demasiado, después de todo se trataba de una holandesa de más de 50 años solitaria y poco sociable, curtida por la vida aséptica, aislada y competitiva de la Europa profunda. Completamente opuesta a mi carácter. En la configuración de las arrugas de su cara se adivinaba una jefa severa y temible, puntillosa y perfeccionista, que hería a sus subordinados en el hospital con observaciones correctas pero demoledoras. Cinco minutos de conversación con ella eran entretenidos, después de todo estaba de vacaciones y se la  veía relajada; pero al cabo no había mucho más que comentar, y quedaba al desnudo su ser real, reservado y hermético. Pero soy un blando, y como dice Susana adolezco  del defecto muy español de no saber decir que no. Se notaba que pedía a gritos un poco de compañía, y cuando me preguntó si podía venir conmigo, no supe decirle que yo era más bien un viajero solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero nos acercamos al lago que bañaba el oeste de la ciudad. Sus aguas oscuras de mar del Norte parecían ignoradas por todos, menos por una jauría de perros que se habían adueñado de la negra playa volcánica. Tras unos kilómetros de carretera tomamos un desvío, una pista de tierra que se internaba entre bosques, cerros arriba hacia otro lago. Las brumosas copas de los árboles daban al paisaje un aspecto perezoso y durmiente. Solitarios caballos pastaban en los cercados, y el único sonido de un río calmo acompañaba nuestro silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268885967338924578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7X3x1G6iI/AAAAAAAABOM/Dy42Duv9_ck/s400/SL370025.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio del camino encontramos un camping vacío, pero que mantenía abierta su cafetería junto al río. Era un pequeño jardín del edén volcánico, con musgos en los basaltos y verdores perennes. Un café caliente consiguió derribar algún muro, y Helen me habló de sus cosas, de su vida en Holanda en una casa que se le hacía demasiado grande para ella sola; de algún que otro viaje en bicicleta por España. E incluso de una mala experiencia con un tipo que intentó violarla en su misma casa, y que seguramente la había hecho tan huraña y fría. Aunque su falta de comunicatividad no nos había acercado mucho, parecía una buena persona. No es pecado ser un alma solitaria, aunque eso tiene su efecto sobre las arrugas de expresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268886625691450226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7YeGYlO3I/AAAAAAAABOc/5L6iMO3rJCI/s400/SL370041.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo el camino encontramos por fin el desvío a los Ojos del Caburgua, las cascadas que habíamos venido a ver. Un agua transparente caía en dos cataratas sobre una amplia balsa que después continuaba río abajo. Una hilera de pasarelas de madera entre las cenizas volcánicas cubiertas de verde permitía acercarse a las mejores vistas, e imaginarse en el bosque encantado de los gnomos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268886309411220674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7YLsJf7MI/AAAAAAAABOU/QnxhbFh6a_g/s400/SL370017.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos kilómetros más adelante llegamos a Caburgua, el pueblito que daba nombre a otro gran lago rodeado de montañas. Era el final de la ruta, y ahora tocaba regresar por otra carreterita cerrando el círculo hasta Pucón. Había sido un bonito paseo, entre frío y conatos de lluvia; y ver que no era para tanto me daba ánimos para retomar el viaje en bicicleta pese a lo adverso del clima.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-9010888440143201564?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/9010888440143201564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/9010888440143201564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-6-y-viernes-7-de-noviembre-de.html' title='Jueves 6 y Viernes 7 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7ZI74CCYI/AAAAAAAABOs/99wc70z05UY/s72-c/SL370064.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-2650611942429837704</id><published>2008-11-15T05:57:00.001-08:00</published><updated>2008-11-15T06:07:05.513-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 5 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: del collado del puma a Pucón:    99 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sé si el puma vino a olisquear, si se marchó o entró en la tienda; si arreció el vendaval o pasó a mi lado un regimiento de caballería. Cuando desperté por la mañana no había ni cambiado de posición, y seguía como me había acostado. No me había enterado de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268884809969769026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7W0aSzGkI/AAAAAAAABOE/d8JFsWvySfA/s400/DSCN6322.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecía más cubierto, más ventoso y frío que el día anterior. Después de recoger y mal desayunar algo de pan duro y queso, me puse en camino forrado con toda la ropa que tenía. En seguida me sobró, y tuve que volver a la ropa corta en cuanto las cuestas de ripio me pusieron a sudar. Subidas y bajadas empinadas se sucedían por valles en los que ríos salvajes horadaban un paisaje todavía en formación. Incluso las glaciares araucarias parecían fuera de lugar, y  no lucían tan peripuestas como en las faldas del volcán Llaima. Por fin llegó el descenso, que me duraría prácticamente el resto del día, para regresar poco a poco a los valles  más cálidos de las cotas bajas, con pequeñas granjas que me devolvían al planeta Tierra. Acabé encontrando una aldeíta, Ripollil, en cuya tiendita encontré un par de yogures para desayunar. El dependiente charlaba con otros dos hombres, que parecían los únicos habitantes del pueblo. Me pusieron al día: el tal Obama había ganado las elecciones de EEUU. Uno de ellos parecía ilusionado, quizás algo mejorarían las cosas y el mundo con un presidente negro en la gran potencia. Yo me acordaba de Clinton y de sus bombardeos en Irak para desviar la atención sobre el escándalo de la Lewinsky, no había sido mucho más simpático que papá Bush. También me acordé del discurso que dio Obama cuando fue seleccionado por su partido en detrimento de Hillary Clinton. Yo estaba en Siem Reap, Camboya, después de recorrer las ruinas del templo de Angkor Wat. Y el caballero Obama se pasó la hora hablando exclusivamente de el compromiso que tenía EEUU con el pueblo de Israel, de cómo habían sufrido los pobres en la Europa de la II Guerra Mundial, y de cómo su apoyo incondicional al sionismo en su lucha contra el terrorismo palestino iba a ser nota característica de su eventual mandato. No parecía el ilusionante discurso inaugural de alguien que va a cambiar el mundo. Ciertamente el color de la piel no hace diferentes a las personas… estos racistas son unos ignorantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268884484364452946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7WhdUcRFI/AAAAAAAABN8/iTwLz3SnkZI/s400/DSCN6315.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre valles amplios rodeados de moles monumentales y empinadas, la pista iba llaneando y descendiendo poco a poco. Volvían las casitas con granja, los cercados de vacas de los mapuches. La lluvia acabó alcanzándome poco antes de llegar al primer pueblo con aspecto contemporáneo en dos días. Curarrehue era un centro turístico repleto de hoteles, base de las excursiones por los valles, montañas y lagos que acababa de recorrer, y de los volcanes que se internaban, un poco más allá, en territorio argentino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268884234518982146" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7WS6ko7gI/AAAAAAAABN0/hmJUYyu46FQ/s400/DSCN6330.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dio tiempo a entrar a un restaurantito a comer algo caliente antes de que se pusiera a diluviar. Unas amigas comían juntas, y acabé hablando con ellas. Se rieron de mí cuando les dije que me estaba pensando si quedarme a pasar la noche en el pueblo, dada la que estaba cayendo. ¿Lluvia? Pero si aquello no era nada… unas gotitas que ni mojaban. Tenía que venir en invierno para ver lo que era lluvia con todas las letras. En fin, con una temperatura de menos de 15ºC y una fina llovizna persistente, me parecía que aquellos andinos debían de estar hechos de otro material. A mí sólo me apetecía meterme entre mantas y tomar un chocolate caliente. Pero ciertamente, en la calle la gente paseaba sin paraguas, como quien toma el sol en primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consiguieron tocarme el amor propio que no suelo sacar a menudo, y me dejé convencer; después de todo le quedaban varias horas al día, y a treinta kilómetros de carretera asfaltada estaba Pucón, un lugar que me habían recomendado. Y no podía abandonar tan pronto, según me decían el clima sería así la mayoría de los días, y tendría que irme acostumbrando. Me despedí de las chicas y, con gran dolor, me puse en marcha con un impermeable bajo la lluvia. Algo me protegía, pero en bici se acaba mojando todo de igual manera. Atrás iban quedando las grandes montañas, y por la carretera se sucedían las granjas con casita de cuento de hadas, siempre en madera, con chimeneas por las que salía un humo hogareño por el que hubiera dado cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268883666946583026" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7Vx4M1afI/AAAAAAAABNs/V58BQtd9pZk/s400/DSCN6328.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Pucón llegaba a tiro hecho, a una posada que me habían recomendado. Llegué empapado, y fui recibido como si me estuviesen esperando por un gentío de mochileros que preparaba la cena en la cocina, y por Vivi, la dueña, que procuraba darle un ambiente familiar a su posada. Antes de nada me trajo una toalla para secarme y un té caliente, y en unos minutos ya charlaba con todos como si fuésemos amigos de siempre. Hans y Helen, dos viajeros que había conocido en la pensión de Scott en Santiago, estaban allí desde hacía un par de días. Helen también viajaba en bicicleta, pero después de Cunco había tardado poco en hartarse de la bici, y había llegado en autobús hasta Pucón. Conversando alrededor de la estufa de leña se nos hicieron las tantas.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-2650611942429837704?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2650611942429837704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2650611942429837704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/mircoles-5-de-noviembre-de-2008.html' title='Miércoles 5 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7W0aSzGkI/AAAAAAAABOE/d8JFsWvySfA/s72-c/DSCN6322.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4656542692886821248</id><published>2008-11-15T05:48:00.000-08:00</published><updated>2008-11-15T05:57:32.700-08:00</updated><title type='text'>Martes 4 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de Cunco a un collado en las montañas:    69 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268882398255882626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7UoB9ZoYI/AAAAAAAABNk/ontkFxxohtY/s400/DSCN6305.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venía un temporal de lluvia, y con el cielo encapotado y un viento frío y desagradable dejé la calidez de la hogareña pensión. Antes desayuné allí mismo, charlando con otros dos huéspedes que llevaban unos días en el pueblo trabajando en las instalaciones de un banco. Eran de Santiago, y se preguntaban cómo nunca antes habían sido conscientes de que en su propio país existieran paraísos como aquél, donde la gente era pausada y amable, y las montañas altísimas y cubiertas de pura naturaleza. En Santiago, me decían, la gente ni te mira a los ojos. Todo está amañado por el dinero, la gente vive en la avaricia, tenga o no tenga. No era lugar para hacer amigos… en cambio, tras unos días en Cunco ya tenían su ambientecillo hecho, y hasta con quién salir de marcha, a “carretear”, como decían en Chile. En cuanto pudiesen, se vendrían a vivir a un lugar como Cunco, para qué vivir la vida deshumanizada de la capital. Deseándoles que lo consiguieran lo antes posible, me puse en camino con la despensa del cuerpo bien repleta. Hasta la laguna de Colico, la carretera estaba pavimentada; pero cuando alcancé la orilla, el asfalto se cambió en tierra volcánica suelta y pedruscos, y así seguiría por unos eternos 150 km.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268882079855139506" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7UVf0v2rI/AAAAAAAABNc/xopVwerdeVc/s400/DSCN6287.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un largo recorrido seguí la boscosa orilla norte, tras la que se elevaban escarpadas montañas verticales, acantilados desde los que de vez en cuando se desprendía un arroyo en forma de cascada de cientos de metros de altura. El gris del cielo le daba al lago un aspecto negro y siniestro, salvaje e inhóspito en medio de las paredes de roca. Al final del lago se descubría su origen, un río bravo de aguas cristalinas que peleaban con las rocas desprendidas de las cornisas heladas, formando remolinos, rápidos y cascadas antes de desembocar mansamente en el lago. Desde allí se complicó la vía, iniciando un considerable ascenso por un camino que no estaba pensado para las bicicletas. Aún con el cambio más ligero, la fuerza de las piernas se perdía con el continuo patinar de la rueda trasera, o con el desequilibrio errático de la delantera, que se iba por donde quería. Conforme ganaba altura reaparecían las araucarias, y tras las nubes moviéndose a gran velocidad, se asomaban de vez en cuando las cumbres nevadas que ya helaban el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268881853368920050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7UIUGOZ_I/AAAAAAAABNU/g76Z1gPz9g0/s400/DSCN6302.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un par de horas así, había subido demasiado. Allá arriba, en el collado, soplaba un viento despiadado y ártico, y aunque quedaba un par de horas de sol, preferí acampar antes de que el frío se extremase con el anochecer. No lejos de unas casitas que ocupaban el estrecho valle del collado, busqué un lugar llano y protegido del viento del oeste por un pequeño cañaveral, y allí coloqué mi tienda con los dedos ya entumecidos. Preparado el refugio me senté en un tronco a cenar un bocadillo y mientras contemplar el atardecer entre araucarias y carreras de nubes. En ese momento surgió de las matas mi vecino, el pastor de la casita perdida en medio de la nada. Estuvimos charlando un buen rato. Venía de agrupar a sus vacas para que pasasen juntas la noche. Un puma merodeaba la zona desde hacía días, justo cuando sus vacas estaban pariendo con la primavera. En grupo se podían defender del depredador, pero por separado los terneros eran presa fácil, y ya había perdido dos terneros en lo que llevaba de primavera. Al pastor lo acompañaba su hijo, un adolescente con síndrome de down que, seguramente hubiera sufrido una vida difícil en una ciudad; pero que en medio del campo se mostraba feliz, capaz de realizar todas las tareas igual o mejor que su padre, y en un entorno de belleza incomparable.&lt;br /&gt;El pastor, que ni si quiera me llegó a decir su nombre, me aseguró que los pumas nunca atacan al Hombre; pero cuando se fue a casa a encender la lumbre para la noche, me hubiese quedado intranquilo escuchando los sonidos que filtraba el fantasmagórico ulular del viento, si no fuera porque estaba tan agotado por la paliza del día, que nada más meterme en el saco, me olvidé del mundo y me dormí como un tronco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7TpH3AJUI/AAAAAAAABNM/kMkN1H5CuLg/s1600-h/DSCN6308.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268881317507900738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7TpH3AJUI/AAAAAAAABNM/kMkN1H5CuLg/s400/DSCN6308.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4656542692886821248?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4656542692886821248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4656542692886821248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/martes-4-de-noviembre-de-2008.html' title='Martes 4 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SR7UoB9ZoYI/AAAAAAAABNk/ontkFxxohtY/s72-c/DSCN6305.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3657246952022268317</id><published>2008-11-07T15:10:00.000-08:00</published><updated>2008-11-07T15:24:08.150-08:00</updated><title type='text'>Lunes 3 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Recorrido: de la base del volcán Llaima a Cunco:  75 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266057266947132354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTLLvs_i8I/AAAAAAAABMs/-CIoUXAFhKc/s400/DSCN6232.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí más de 13 horas para recuperar el sueño atrasado. Cuando me levanté por fin, el sol ya hacía rato que reinaba en un cielo azul, pero sin llegar a calentar el aire invernal. Me lo tomé con calma, mis piernas desacostumbradas ya a la bicicleta resentían la paliza del día anterior, el ascenso por los pedregales hasta el collado de la laguna. Con la luz del día se veían más extrañas las araucarias, unos árboles endémicos de esta región que habían sobrevivido a los dinosaurios. Se trataba de un auténtico fósil viviente de aspecto acorazado y primitivo, y por primera vez los veía formando un espeso bosque en su medio nativo. Algunos ejemplares tenían diámetros de más de dos metros, y alturas considerables de un tronco pelado que acababa en una geometría de candelabros  ramificados. Los largos líquenes de un verde pálido que cubrían las cortezas recordaban las barbas de los venerables ancianos que eran en realidad. El camino seguía siendo impracticable, y bajo los cortes que las máquinas habían hecho en la tierra para recuperar la ruta, aparecía un helado permafrost, y rodales de nieve protegidos del sol por los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266058132289317394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTL-HWpahI/AAAAAAAABM0/lAfJ_lBjZ1k/s400/DSCN6224.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos kilómetros después llegué al lago Conguillío, a los pies de un murallón de montañas cubiertas de bosque y coronadas por picos nevados. Por el lado oeste se podía acceder a las playas negras de ceniza volcánica en las que todavía no había crecido ni un matojo. Detrás, siempre presente, el coloso dormido del Llaima, y por doquier las araucarias con sus ramas como cabezas de dragón. Era el escenario perfecto para una película de dinosaurios. A partir de entonces la mayor parte del trayecto fue una pura bajada, aunque difícil de disfrutar por el frío y por el estado de la pista. Unas montañas sucedían a otras, y por el lado sur aparecía el mayor campo de lava de la última erupción. Toda la ladera había sido arrasada, y el bosque sustituido por una negra sombra de bombas volcánicas y cenizas. Durante kilómetros atravesé este paisaje muerto a los pies del soberbio nevado. Los brazos gigantes de lava habían cortado el cauce de los ríos en algún tramo para formar nuevas lagunas de aguas tan puras que brillaban con el matiz de piedras preciosas. La belleza del lugar era salvaje y desbordante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266059046179393554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTMzT3BUBI/AAAAAAAABM8/55c5YlYdPVU/s400/DSCN6243.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué por la tarde al primer lugar habitado después de Curacautín. Melipeuco era poco más que una calle con casitas de madera a los lados, en un valle verde protegido por picos a un lado, y amenazado por el Llaima en el contrario. Allí reaparecía la carretera de asfalto, y después de  comer algo caliente me puse en camino, ahora contra el viento de poniente, para llegar a dormir a Cunco. Encontré un hostal familiar, que alquilaba las habitaciones que no ocupaban los miembros de la familia. Tan familiar era, que la hija mayor de la señora recibía con un beso en la mejilla a todos los huéspedes, y les ofrecía un café para tomar. Me quité el salitre y la polvareda en la ducha, y vestido de nuevo como un ser civilizado salí a dar un paseo por el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTNZl9OxMI/AAAAAAAABNE/WBNrsjhLgrI/s1600-h/DSCN6253.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266059703872308418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTNZl9OxMI/AAAAAAAABNE/WBNrsjhLgrI/s400/DSCN6253.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3657246952022268317?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3657246952022268317'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3657246952022268317'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-3-de-noviembre-de-2008.html' title='Lunes 3 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTLLvs_i8I/AAAAAAAABMs/-CIoUXAFhKc/s72-c/DSCN6232.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1966036780357698627</id><published>2008-11-07T14:56:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T15:10:44.392-08:00</updated><title type='text'>Domingo 2 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>Por fin la bicicleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recorrido:   de Lautaro a las faldas del volcán Llaima:    96 km&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En México me había acostumbrado a vestirme con toda la ropa que tuviese en la mochila para defenderme del gélido aire acondicionado de los autobuses. Aún así solía desvelarme en cada curva con los huesos helados y una intensa mala leche hacia la honorable madre del conductor. Y así, forrado de ropa, subí al autobús nocturno de Santiago a Lautaro. Tampoco pegué ojo, más que por la incomodidad del asiento, por el calor de estufa que me tuvo sudando toda la noche pese a quedarme en camiseta. Entre unas cosas y otras, amanecí en Lautaro sin haber dormido ni un minuto, con una sensación de somnolencia e hipnosis, molido, y como siempre, con ganas de cometer un homicidio. Caramba, parecía que todos los conductores se habían formado en las escuelas secretas del Santo Oficio, qué mala sangre, por dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sur de Chile me recibía, a las 7 de la mañana, con un frío invernal envuelto en brumas. La gente bien abrigada me miraba con curiosidad mientras armaba mi bicicleta y sus alforjas. Faltaba mucho para que abrieran las tiendas, y con el frío que hacía no era cuestión de esperar dos horas en la calle para poder desayunar. No veía el momento de empezar a pedalear; un vistazo al pueblo, y a hacer kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la primera cuesta entré en calor, y en una curva hice un strip-tease para ponerme la ropa corta y el maillot, sin dejar de saludar a los lugareños que pasaban. Es curiosa la habilidad de la gente para aparecer de la nada cuando uno se encuentra en paños menores. Una vez vestido, pueden pasar horas sin cruzarse con nadie… Estaba entusiasmado con mi bici nueva, y con los dos meses que tenía por delante en un paisaje que prometía. El sol iba disolviendo las neblinas sueltas para dejar brillar el intenso verde de sus praderas, donde pastaban vacas y caballos. Los leves relieves se iban acentuando según me dirigía hacia el este; al poco, de entre las nubes, apareció la silueta refulgente del cono del Llaima, un soberbio volcán completamente simétrico, cubierto de nieve como si quisiera amansar su fiera realidad. No habían pasado ni dos años desde su última y devastadora erupción, y yo me dirigía, tan tranquilo, a sus campos de lava ya dormidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266055696588847106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTJwVqZuAI/AAAAAAAABMk/MnG7C-8ktJA/s400/DSCN6181.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaban las horas y no encontraba más que humildes cabañas de madera dispersas y de aspecto deshabitado. Seguía en ayunas, sin agua ni comida, y ya me veía comiendo hierba para hacer boca. Por fin, entre un grupo de cabañas encontré un letrero, se vendían quesos. Con eso y un pedazo de pan que me dieron pude por fin calmar la fiera, y recuperar fuerzas para pedalear. La carretera rodeaba de lejos el volcán, y su silueta crecía y se hacía más impresionante. Un segundo cono volcánico y varias cumbres, todas nevadas, me introducían en un formidable paisaje de extremada belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266054861370872322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTI_uO60gI/AAAAAAAABMc/tJ0cWX8e79U/s400/DSCN6189.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a Curacautín para almorzar. Era el único pueblo en doscientos kilómetros de ruta, y por fin pude comprar comida para un par de días. Pregunté a un señor por la pista que subía a la base del volcán. Lo primero que me dijo es que estaba cortada debida a la erupción; pero como no estaba seguro llamó con su celular a los carabineros, que le contaron que ya se encontraba practicable. Eso significaba que, pasada la alerta roja, por fin las máquinas habían entrado a recuperar el trazado de la pista sobre la nueva orografía de los campos de lava. Bueno, no era para echarse a temblar, pero algo de vidilla le daba al recorrido. Unos kilómetros después del pueblo, el asfalto se convirtió en ripio, ceniza volcánica y piedras sueltas en las que las ruedas se hundían y patinaban. De pronto avanzaba penosamente a una velocidad ridícula, luchando por no hundirme en arenas movedizas. En cada repecho no tenía más remedio que bajarme y empujar. El paisaje era increíble, eso sí, con el volcán cada vez más cerca, amenazante y poderoso. Los ríos de lava habían sepultado los caminos y destruido los bosques de araucarias centenarias, y aparecían a los lados del camino como monstruosas olas petrificadas en un entorno lunar. Al menos no había problemas de abastecimiento de agua, y cada poco paraba a rellenar el botellín en cualquiera de los arroyos de aguas cristalinas que bajaban de los hielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266054032353814738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTIPd52aNI/AAAAAAAABMU/Gp5v2Pxl-7U/s400/DSCN6197.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el atardecer bajó la temperatura bruscamente, y llegué a la base del volcán, ya anaranjado por el ocaso, con un gélido viento que hacía brotar nubes de la cima. Había subido hasta los 1.800 metros sobre el nivel del mar, y acampé junto a una laguna antes de que la noche helara el aire y me atenazase las manos. Una cresta de cumbres nevadas se reflejaba sobre la laguna, y el silencio incómodo del monstruo que en cualquier momento podía despertar se apoderó de la tierra. Yo estaba tan molido por la dureza del camino, y tan muerto de sueño por la tortura del autobús, que antes de que las últimas luces se escapasen de los nevados, ya estaba metido en mi saco, tratando de entrar en calor y de dormir en la perfecta soledad, en el increíble silencio sólo roto por las pocas aves que se atrevían a asomar el pico entre las copas de las araucarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTH2YoCyMI/AAAAAAAABMM/crv2M3vCThk/s1600-h/DSCN6202.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266053601440221378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTH2YoCyMI/AAAAAAAABMM/crv2M3vCThk/s400/DSCN6202.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1966036780357698627?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1966036780357698627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1966036780357698627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-2-de-noviembre-de-2008.html' title='Domingo 2 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTJwVqZuAI/AAAAAAAABMk/MnG7C-8ktJA/s72-c/DSCN6181.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4615926512317824293</id><published>2008-11-07T14:49:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T14:56:42.616-08:00</updated><title type='text'>Viernes 31 de Octubre y Sábado 1 de Noviembre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266052876279922658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTHMLMWv-I/AAAAAAAABME/yZYZyiNIm1o/s400/DSCN6140.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comencé el día con un paseo por el centro. El puente había dejado la ciudad relativamente vacía, y los huecos se llenaban con los omnipresentes Evangelistas, que celebraban su día con conciertos en la calle y estruendo de altavoces. Se los veía trajeados y repeinados, en grupos agazapados tras cualquier esquina para atormentar a los paseantes con sus berridos amplificados por potentes altavoces, invocando a dios, a su madre, al fin del mundo y a los pecados de los Hombres. El micrófono siempre andaba en manos del más energúmeno de todos ellos, muy al estilo poseso de los telepredicadores yanquis, pero en la misma calle y sin ofrecer posibilidad de defensa a los pobres  viandantes. También se podía encontrar algún repartidor de milagros que, a un módico precio, ofrecía su bendición a grito limpio, deshacía maleficios y desterraba al demonio de la carne de los pecadores al tiempo que desatascaba las orejas de los benditos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266051641995102978" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTGEVH7CwI/AAAAAAAABL0/_Fg9poxIRmg/s400/DSCN6155.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a la tienda de Jorge, necesitaba un par de herramientas más para poder reparar la bici en caso de avería. Era la única tienda abierta en toda la calle, ya que todo el mundo se encontraba de puente. Menos el palestino adicto al trabajo. Mientras me atendía charlaba con una chica, y acabamos hablando los tres. Como a Jorge no había quien lo sacase de su tienda, Feña, que así se llamaba, me propuso dar una vuelta y almorzar por el centro. Algo diferente se veía en el rostro de Feña; llevaba poco tiempo en Santiago, era original de un pueblito del sur, y todavía no había cambiado su mirada limpia por el ceño fruncido y la expresión airada de los santiagueños. Había dejado su carrera de medicina por la de arte dramático, y disfrutaba de la bohemia de la capital y de su libertad y anonimato en la gran urbe. Pasamos la Plaza de armas, repleta de artistas, retratistas y pintores, y continuamos hacia el mercado del norte para comer algo en sus improvisados restaurantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266052432263613986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTGyVGnjiI/AAAAAAAABL8/5G9ZQMRDFsc/s400/DSCN6152.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feña provenía de la alta sociedad chilena, la que había disfrutado de la dictadura de Pinochet. Pertenecía a una generación nueva y más comprometida, pero no le resultaba difícil comprender que sus padres fueran pinochetistas hasta la médula. Después de todo, los ricos habían mantenido y acrecentado su bienestar con la dictadura. También reconocía que una versión muy distinta me daría cualquiera de los millones de chilenos más humildes que vivieron aquellos años en represión y miedo, cuando no en el exilio o en las fosas comunes. Poco a poco el país había ido cambiando y se había adaptado a los nuevos tiempos. Hoy se hallaba inmerso en una lenta transición hacia una mentalidad más abierta. Algo había que reconocer, Santiago era, con diferencia, la ciudad más tranquila, civilizada y segura de toda la América que yo había conocido hasta el momento; y mucho de esto seguramente se debía a la mano dura del dictador.&lt;br /&gt;Feña era una persona reflexiva y educada, con una cultura amplia y una gran curiosidad. Me preguntaba por mis viajes, y parecía que su imaginación volaba soñando tal vez con recorrer mundo algún día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos despedimos por la noche, me invitó a acompañarla a su pueblo a la mañana siguiente. Iba a ver a sus padres, y aseguraba que no tendrían problema en que apareciese por allí con un nuevo amigo. Pero trastocaba mis planes demasiado, después de todo tenía que tomar el autobús por la noche, y no tenía claro ni qué hacer con la bici y el equipaje si me iba con ella; decliné la invitación, y prometimos tomar algo cuando volviera de mi recorrido por el sur. Supongo que perdí una estupenda ocasión de vivir una experiencia única: por lo que contaba de la casa de sus padres, no debía de tener mucho que envidiar a la de Falcon Crest.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la posada se celebraba el cumpleaños de una viajera. Su novio la había abandonado días atrás en mitad del viaje, y todo el mundo se puso de acuerdo para hacerle más agradable la noche. Poco antes de que saliese Scott con la tarta y una vela, llegó el novio pródigo a hacer acto de presencia. La escena no fue apta para mimosos, y superada la sorpresa y la reconciliación, hubo tarta y vino para todos, y nadie se acostó antes de las tantas de la madrugada. Me encantan estos lugares en donde los viajeros forman en seguida una alegre familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                   …..------------------------…..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aproveché la falta de planes del día siguiente para escribir y poner al día mis anotaciones. El ambiente de la pensión se relajaba por el día, con todo el mundo visitando los museos y los rincones de la ciudad, dejando un agradable silencio para la escritura. Cuando quedaban un par de horas para el autobús nocturno a Lautaro, armé el equipaje sobre la bicicleta, me despedí de los viajeros, y salí a la avenida principal para recorrer el par de kilómetros hasta la estación. Incluso de noche, Santiago parecía segura, con gente de todas las edades paseando y charlando en cada esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación charlé con un maletero de mi edad que en seguida captó la procedencia de mi acento.  De todos los europeos que había, me decía con guasa, tenían que haber colonizado Chile justo los españoles… no podían haber sido los ingleses, o los alemanes… los españoles, tan llenos de defectos y tan flojos. En ese momento lo avisaron para que buscase un pasajero despistado de un autobús que tenía que partir en ese momento. Se marchó diciendo con sorna: “¿Lo ve? Si es que es la mala raza…” Qué se le va a hacer. Apellidándose Pérez, mi amigo el maletero aspiraba en balde a tener origen inglés. Pídale cuenta a sus antepasados, amigo mío, creo que razón no le falta.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4615926512317824293?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4615926512317824293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4615926512317824293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/viernes-31-de-octubre-y-sbado-1-de.html' title='Viernes 31 de Octubre y Sábado 1 de Noviembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTHMLMWv-I/AAAAAAAABME/yZYZyiNIm1o/s72-c/DSCN6140.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1152703435303715873</id><published>2008-11-07T14:44:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T14:48:37.008-08:00</updated><title type='text'>Jueves 30 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Un último vistazo a las tiendas, y me decidí por una bicicleta. De tanto entrar y salir, el dueño ya me conocía. Jorge era un chileno de padres palestinos que vivía por y para su tienda… como buen árabe, llevaba el comercio en la sangre. Me preparó la bici con los accesorios que le pedí, un sillín cómodo, un transportín con sus alforjas; un cuentakilómetros, unos cuernos para el manillar, un kit de herramientas, y cosas así. Más contento que un crío con zapatos nuevos volví a dejarlo todo al hostal, y empleé el resto del día en elegir saco de dormir y tienda de camping en los centros comerciales del sur de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266050899097491282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTFZFnVF1I/AAAAAAAABLs/8pY6FIa0f9g/s400/DSCN6161.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo me quedaba un detalle: el billete de autobús. La ruta que me había recomendado Scott empezaba a unas 11 horas de trayecto más al sur, en la localidad de Lautaro. Hasta allí el paisaje era más bien árido y carente de interés, pero a partir de este pueblo se ascendía entre montañas y volcanes nevados, bosques y lagos cristalinos.  Pero inesperadamente, la estación de autobuses estaba colapsada, llena de miles de capitalinos que querían abandonar la ciudad para pasar el puente de todos los santos en la playa. No quedaban billetes, y me tuve que conformar con viajar el sábado por la noche, dos días después. Tenía dos días para desesperarme en una ciudad sin demasiado interés, europea y carente de atractivos para el viajero de lo exótico. Con todos los deberes hechos no me quedaba más que hacer tiempo paseando las calles del centro, conversando con los viajeros, y tratando de disfrutar su vida urbanita y sofisticada. Claro que, hacer esto uno solo no era lo mismo que en compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266050685437573250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTFMpq1eII/AAAAAAAABLk/7xNK-t1qPvo/s400/DSCN6159.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me había formado una primera impresión de los chilenos, al menos de los de la capital. Como una extraña anomalía en un continente cálido y apasionado, los santiagueños parecían fríos, distantes… caminando rápido, con prisa y cara de vinagre. Si preguntaba por alguna calle me contestaban con un gesto, con un gruñido, sin si quiera mirarme y sin más explicaciones. No parecían muy amistosos; pero poco a poco fuimos convergiendo: yo en mi adaptación a un carácter más reservado y norte-europeo, y ellos sorprendiéndome de vez en cuando con su amabilidad. De pronto empezaban a parecerme más cívicos y educados que los españoles. A esta facilidad para simpatizar con los habitantes del país que visito, por extraños o diferentes que sean, lo llamo síndrome de Estocolmo, y es así como a lo largo de los años he acabado amando países y gentes de todo tipo. Que me dure siempre…&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1152703435303715873?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1152703435303715873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1152703435303715873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-30-de-octubre-de-2008.html' title='Jueves 30 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTFZFnVF1I/AAAAAAAABLs/8pY6FIa0f9g/s72-c/DSCN6161.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1765622115105389278</id><published>2008-11-07T14:40:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T14:44:29.420-08:00</updated><title type='text'>Miércoles 29 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266049874080442594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTEdbIOKOI/AAAAAAAABLc/J1B3gH8FE-0/s400/DSCN6139.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dormí unas pocas horas en el tercero de los aviones, el que me llevaba a Santiago. Las primeras luces del alba delineaban el colorido cielo sobre las aserradas cumbres de los Andes, presidiendo la capital de Chile. Ni si quiera se había levantado el sol sobre ellas cuando ya me encontraba listo con mi mochila y a la puerta del aeropuerto. No tenía una guía de Chile, así que ignoraba incluso dónde alojarme en Santiago. Durante el trayecto había buscado sin éxito algún otro viajero de mochila que tuviese una guía del país; por fortuna había una librería en el aeropuerto. Allí pude buscar el nombre de una pensión económica, y además muy útil, porque el dueño conocía Chile como la palma de su mano y podía recomendar rutas y lugares de interés. Estuve haciendo tiempo para no salir a la urbe antes de que las calles se llenasen de gente. No quería jugarme el tipo en una ciudad que desconocía. Pasado un tiempo prudencial, tomé un autobús que me llevase al centro, y ya por el camino me di cuenta de que Santiago no tenía el aspecto sórdido de otras ciudades hispanoamericanas. Parecía más bien una ciudad dinámica y moderna, y casi la totalidad de la gente que se veía en la calle se dirigía inequívocamente a su trabajo. Esto que parece una trivialidad no es común en Hispanoamérica, donde la mayoría de la gente se levanta muy pronto para tratar de buscarse la vida de cualquier manera; y algunos de ellos cuchillo en mano, si es menester. Con ello se fue tranquilizando mi ánimo, y me sentí seguro para salir a explorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pensión que buscaba se encontraba al final de una calle industrial, apartada de todo. En cualquier otro país de la región no me hubiese aventurado con mi equipaje en un lugar como aquél, pero Santiago se veía saludable, más incluso que muchas zonas de Madrid. Tanto es así que, cuando descubrí que la pensión que buscaba ya no se encontraba allí, sino que se había trasladado al centro, no me importó caminar un par de kilómetros por las callejas en busca de su nuevo emplazamiento. Por fin llegué a Tales, un hostal que recomiendo a cualquier viajero que precise de un empujón para conocer Chile. A los cinco minutos de entrar, Scott, su dueño, ya me había dibujado en un mapa una ruta recomendable para conocer en bicicleta lo mejor del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266049456352611506" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTEFG-JTLI/AAAAAAAABLU/qlAyfnszYMk/s400/DSCN6153.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería aprovechar el tiempo, y después de desayunar salí a recorrer centros comerciales y tiendas de bicicletas. Necesitaba adquirir el equipo completo para el viaje ciclista, saco de dormir y tienda de campaña incluidos. Me fui haciendo a la idea de precios y calidades, y decidí retirarme para consultarlo con la almohada antes de gastarme los cuartos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La posada se llenaba de mochileros, y por la noche el mismo Scott, un americano de unos 50 años curtido en viajes, se convertía en el alma de la fiesta, y una relajada conversación entre amigos se establecía con facilidad. Volvía al paisanaje cosmopolita, como me decía una amiga.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1765622115105389278?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1765622115105389278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1765622115105389278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/mircoles-29-de-octubre-de-2008.html' title='Miércoles 29 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTEdbIOKOI/AAAAAAAABLc/J1B3gH8FE-0/s72-c/DSCN6139.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-9121564846581714556</id><published>2008-11-07T14:38:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T14:40:35.827-08:00</updated><title type='text'>Martes 28 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Mi avión salía a media mañana. Tenía un largo día por delante, con tres aviones y una extraña combinación. Primero de Cancún a Miami; después de Miami a Bogotá; y de allí, vuelo a Santiago de Chile. Hacía falta armarse de paciencia, pero el costo de los tres vuelos era mucho menor que el de un vuelo directo, y a estas alturas del año sabático no estaba yo para derrochar. El autobús me dejó en el aeropuerto, y así comencé la carambola por toda la geografía americana. Cómo no, un vuelo a EEUU requería de controles extraordinarios. Nada de líquidos, como si aún hubiese pirados tratando de reventar aviones con nitroglicerina… no quería facturar la mochila, prefería llevarla como equipaje de mano para no arriesgarme a que me la perdieran con tanto transbordo. Dos tarros de líquido sobrepasaban el mínimo: un champú, y un protector solar. Me daba cuenta de que me los iban a quitar en el control, así que intenté salvar al menos lo más caro, el protector. Lo envolví dentro del saco de dormir, y dejé cerca el champú. En el escáner debieron de ver dos botes, pero los tuve un par de minutos entretenidos haciéndome el loco; cuando encontraron triunfantes el bote de champú ya se habían olvidado del otro bote, y entró sin dificultades al coste de aquél. Así que, queridos terroristas de todo el mundo, nada más fácil que colar 300 ml de protector solar explosivo en un avión, para atormentar a los pasajeros con olor a coco y vainilla. De todos modos, para los aprendices, añadir que lo de los explosivos líquidos ya no se lleva, es demasiado retro. Mejor colar explosivo plástico dentro de la suela del zapato, o en la batería de un aparato electrónico, opaca a los escáners. Estos de los aeropuertos no se enteran de nada. Hablando en serio, el tema de los líquidos y los aviones es tan estúpido que demuestra que no pretenden otra cosa con estos controles que extender y generalizar el miedo y la paranoia colectiva, afianzar el Estado del Miedo con el que nos dominan desde hace unos años. Con cuentos de viejas como estos, consiguen que adultos hechos y derechos parezcan bebés asustados, dispuestos a descalzarse y desnudarse en los arcos de los aeropuertos, o de renunciar a los más elementales derechos civiles provenientes de la revolución francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266048968667874450" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTDouNCxJI/AAAAAAAABLM/Bq4JCuXalRw/s400/DSCN6135.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El formulario norteamericano de inmigración tenía su aquél. Rodeado de norteamericanos en la sala de espera del vuelo a Miami, sentía el peso de la Historia en sus miradas desconfiadas y recelosas. Ese pueblo enriquecido en exceso, pasó su época dorada cultivando un delicioso hedonismo según se iba sumergiendo en una absurda espiral de arrogancia. De ahí nació su visión casi judaica de pueblo Elegido, para dominar el Mundo, para dar lecciones hasta al último rincón de la Civilización. En unas décadas construyó su efímero Imperio, y se dedicó a dar bofetadas allá donde le llevaban la contraria. Hoy, con un planeta lleno de enemigos suyos, el miedo secuestraba sus miradas, las del que tiene mucho que perder y ya no se fía de nadie. Me resultaban cómicos, incluso me inspiraban ternura, tan perdidos y desorientados, tan confundidos y convertidos en ovejitas a merced de sus tiranos. Mirando a su alrededor parecían buscar las barbas de un famoso espía de la CIA, un tal Bin Laden que los traía locos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces he llegado a la conclusión de que el Ser Humano se vuelve caduco y decadente cuando consigue la riqueza y la abundancia material. Se convierte en un ser vulnerable y blando, manejable y acaudillable. Es triste reconocerlo, pero sólo damos lo mejor de nosotros mismos en la dificultad, en la penuria. Sólo de la miseria nace el talento y la alegría. Que se lo pregunten a los malogrados argentinos, o a los brasileños en su país al que el futuro nunca llega. Entre tanto pensaba en España, desperezándose poco a poco de su sueño de eterna primavera, volviendo a la cruda realidad con cada telediario. Todos nos subimos a la parra y creímos en un futuro deslumbrante; no podía ser de otro modo, éramos los mejores, los más listos. Nos creímos unos fuera de serie, pasando en pocos años del eterno complejo tercermundista a la arrogancia más ñoña y autocomplaciente. Ahora regresábamos despacio, pero seguro, a los tiempos del cocido y el bocata de salchichón, de los jornales y los rateros de esquina. Se pasó la primavera, y sin tocar el verano regresamos al invierno. Tal vez ahora volveríamos en la penuria, y lección de humildad mediante, a ser un pueblo que valiese la pena. El tiempo lo diría.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-9121564846581714556?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/9121564846581714556'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/9121564846581714556'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/martes-28-de-octubre-de-2008.html' title='Martes 28 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTDouNCxJI/AAAAAAAABLM/Bq4JCuXalRw/s72-c/DSCN6135.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4522549481435140889</id><published>2008-11-07T14:36:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T14:38:01.147-08:00</updated><title type='text'>Lunes 27 de Octubre de 2008</title><content type='html'>El avión de Susana salía por la noche. Era nuestro último día juntos, y un intenso amargor de despedida coartaba la conversación. Los dos meses y medio se nos habían pasado en un suspiro, como era fácil prever; yo me había reído de Susana cuando al planificar el viaje se había hecho la cuenta de que con tres o cuatro semanas tendría de sobra para conocer el país y hartarse de viajar. Y allí estaba, dos meses y medio después, con la sensación de que le quedaba todo por ver, y seguramente ninguna gana de volver. A mí, que soy un descastado y un loco irreflexivo, aún me quedaban dos meses por delante para viajar por Chile, antes de retomar sin remedio la vida adulta de casa. Me encontraba triste por la despedida, pero ilusionado con la nueva etapa. No veía el momento de ponerme sobre dos ruedas y pedalear otros pocos miles de kilómetros por las fascinantes montañas del sur de Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como colofón del viaje decidimos pasar de nuevo por la playa de las tortugas. Preparamos las mochilas, y después de despedirnos de Carlos y compañía, tomamos el colectivo para Akumal. Llevábamos todo encima, así que no era cuestión de abandonarlo en la arena mientras buceábamos. En el punto de información turística conseguimos que nos guardasen las mochilas durante el par de horas que teníamos para el mar. Volvimos a disfrutar de las tortugas, de nadar a su lado o al de los peces, de la barrera de coral… Eran cosas que ciertamente extrañaríamos desde el mismo momento en que saliésemos del agua. La variedad, intensidad y cuantía de la vida submarina desbordaba con mucho la pobre naturaleza que se podía observar en la tierra firme. El despliegue de vida bajo el mar dejaba atónito al más insensible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ducharnos, con un leve secado, tomamos el camino de vuelta a la carretera, y en dos horas estábamos en Cancún. Buscamos una habitación para mí, que no volaba hasta la mañana siguiente y tenía que hacer noche, y dejando allí las mochilas a resguardo, salimos a dar un último paseo. Aún le quedaba algún regalo que comprar, y por los puestos de artesanía y plata completó la lista. Las horas hasta la noche se nos hicieron pocas, y sin saber ni por dónde, llegó el momento de la partida. Gracias por todo Susana, nos vemos pronto. Fue un placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que llevaba meses sin pasar una hora solo, y cuando se subió en el autobús que la llevaba al aeropuerto, me sentí extrañamente melancólico y triste. Volví despacio a la pensión, salí sin ganas a cenar algo en los puestos callejeros, y apuré mis últimos tacos por una larga temporada. Maté las penas charlando con los otros viajeros del hostal, y dándome cuenta de que había perdido mucho inglés después de no hablarlo durante varios meses. La aventura continuaba, próximo destino: Santiago de Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTDLkwtn2I/AAAAAAAABLE/d1knn0eYK4I/s1600-h/DSCN6132.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5266048467916922722" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTDLkwtn2I/AAAAAAAABLE/d1knn0eYK4I/s400/DSCN6132.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4522549481435140889?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4522549481435140889'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4522549481435140889'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-27-de-octubre-de-2008.html' title='Lunes 27 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SRTDLkwtn2I/AAAAAAAABLE/d1knn0eYK4I/s72-c/DSCN6132.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-812299234526547995</id><published>2008-11-01T17:59:00.000-07:00</published><updated>2008-11-07T14:36:29.546-08:00</updated><title type='text'>Domingo 26 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263859920008153378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz8tUeAiSI/AAAAAAAABKk/OYcs_n_EC38/s400/DSCN6115.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sólo unos kilómetros de Tulum había una playa que nos habían recomendado, porque a unos metros de la arena se podía nadar junto a tortugas marinas de gran tamaño. Parecía una experiencia interesante, así que preparamos una mochilita con los bártulos para el buceo, y tomamos el colectivo, a playa Akumal. Dejamos nuestras cosas junto a una familia que tomaba la sombra bajo un grupo de palmeras, y entramos al agua. El sol aparecía y desaparecía entre las nubes, y el mar no terminaba de caldearse. Nos costó un poco más de la cuenta mojarnos, pero en seguida comprobamos que valía la pena. Lo primero que apareció bajo el agua fue una manta raya de tamaño mediano, pero siempre sorprendente por volar más que nadar,  a ras de la arena del fondo. Y un poco más adentro, las tortugas, rondando el metro de largo, indiferentes a nosotros mientras comían de las algas del fondo. Cada cierto tiempo salían a respirar a la superficie, momento en que era más fácil nadar junto a ellas… los dos estábamos maravillados por el privilegio de verlas desde tan cerca, y en su medio natural. Aún nos aventuramos unos cien metros mar adentro hasta la barrera coralina que protegía la bahía. No era peligroso internarse, ya que varias vías de boyas unidas por cuerdas podían servir en cualquier momento de salvavidas en caso de problemas. Al fin nadábamos por una zona de aguas claras, y entre bancos de peces de colores. Susana llevaba dos meses soñando con ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263859025813336946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz75RVWc3I/AAAAAAAABKU/uxKlbb7JpAQ/s400/DSCN6112.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La arena de la playa no era espectacular como el litoral de Tulum, pero las tortugas marcaban la diferencia. En la arena Susana vivía su despedida interior, su final de viaje y su pronto regreso a la realidad, la dura realidad.  Ya se la veía nerviosa, con un pie en Madrid buscando trabajo y viviendo la incertidumbre de tiempos algo más difíciles que de costumbre. Es complicado cambiar la libertad y el bienestar interior del viaje por la rutina de la vida real, por la frialdad de la ciudad gris y antipática que es Madrid. Antes de que se fueran las últimas luces de la tarde caminamos de regreso a la carretera para tomar el colectivo a Tulum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263859485147630434" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz8UAfLi2I/AAAAAAAABKc/0b6JPz1qvTM/s400/DSCN6114.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                   …..----------------------…..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y haciendo un paréntesis en el relato, quería hablar aquí, fuera del momento en que ocurrió, sobre una conversación que tuvimos con un mexicano que conocimos por el camino. Lo que nos contó tenía miga, por lo que he preferido sacarlo de contexto para que nadie pueda identificarlo por culpa de este blog. Se trataba de un ex policía que había vivido en primera persona los hechos que contaba, y que por todo ello había decidido dejar su trabajo tras cinco años en activo. Hoy vivía una vida más tranquila, aunque seguramente asaltado por el miedo de vez en cuando. Nos desviamos de una charla más casual para comentar alguna noticia que había salido en los periódicos, la habitual matanza de cada mañana a manos del Narco. Comenzó criticando la hipocresía del Gobierno, que llevaba meses supuestamente inmerso en una guerra contra el Narcotráfico. Qué farsa tan enorme, decía, cuando el Narco y su violencia eran la misma policía y el Estado. Él lo había vivido desde dentro, de 20 policías que uno se encontrase, podía haber dos o tres que quisieran cumplir con las leyes, que eran los buenos, según sus palabras. Los otros 17 eran corruptos, al servicio del narco, y más delincuentes que los propios delincuentes. Había estado un tiempo destinado en un puesto fronterizo con Guatemala. Decía que todos en el cuerpo policial conocían perfectamente quiénes eran los capos, los jefes de los Carteles, y que todo lo que se hacía era abrirles la frontera sin control alguno, y saludarlos cortésmente; después de todo eran ellos los que gobernaban el país y pagaban sus sueldos…&lt;br /&gt;Una vez había sido destinado a una prisión, de incógnito, para controlar el narcotráfico. Como novato, había supuesto que su misión era localizar a los  traficantes, y detenerlos. Pero cuando informó a sus superiores de que era el propio alcaide de la prisión el que organizaba el tráfico de drogas y armas, había recibido la rechifla de sus compañeros, y un aviso para que anduviese más vivo en lo sucesivo. Su misión era salvaguardar la organización criminal, no desmontarla.&lt;br /&gt;En otra ocasión, estando en comisaría, se armó un revuelo: decían los compañeros: “Han secuestrado a una chica”. Él creyó que se trataba de un caso más de desapariciones de mujeres, tan típicos en México, y que habría que ponerse a trabajar para tratar de salvar a la pobre. No se trataba de eso.  El comisario era el secuestrador, llegaba a la comisaría con una muchacha… nuestro amigo se marchó, para no ver lo que estaba a punto de suceder. La chica iba a ser violada, torturada y asesinada, por los  mismos policías que supuestamente debían evitar casos así.  ¿Las mujeres desaparecidas de Ciudad Juárez? Eran víctimas de la misma policía, de los más ricos, de las familias poderosas que se divertían con orgías de sangre. Los pelos se nos ponían de punta escuchando este relato… y durante el resto del viaje nunca más volveríamos a ver del mismo modo a los policías mexicanos. México era un país lindo y extraordinario, de gentes encantadoras y corazones enormes; pero ahí estaba el contrapunto, un país a merced de los más viles, dominado y gobernado por clanes de puros delincuentes psicópatas. Era como un clan de vampiros abusando de un pueblo indefenso, un retrato medieval de una sociedad tal vez condenada para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos contó tantas cosas del estilo que fácilmente se le fue una hora de prácticamente monólogo. Eché en falta una grabadora para poder reproducir al pie de la letra una entrevista que nos dejó helados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida en la Casa del Sol era plácida. Por la noche se charlaba con buena música de fondo, y de entre los hermanos siempre había alguno con una buena historia que contar.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-812299234526547995?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/812299234526547995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/812299234526547995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-26-de-octubre-de-2008.html' title='Domingo 26 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz8tUeAiSI/AAAAAAAABKk/OYcs_n_EC38/s72-c/DSCN6115.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3372890063032971933</id><published>2008-11-01T17:33:00.000-07:00</published><updated>2008-11-07T14:34:16.848-08:00</updated><title type='text'>Viernes 24 y Sábado 25 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263854235864767202" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz3idYnmuI/AAAAAAAABJ8/Dt-CWKEpKEA/s400/DSCN6046.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje estaba llegando a su fin. Habíamos reservado los últimos días para regresar a las increíbles playas de Tulum, y aquella mañana volvimos a levantarnos antes del alba para tomar el primer barco de regreso a Chiquilá. Los 20 minutos atravesando el  mar calmado de la bahía coincidieron con el amanecer, y se llenaron de colores sobre los mangles reflejados en el espejo del agua. En Chiquilá esperaba el autobús a Cancún, y tras unas horas de viaje que aprovechamos para dormir un poco más, llegamos a la ciudad del Caribe después del mediodía. Comimos unos tacos para llenar el estómago en los puestitos callejeros, y sin más tomamos el siguiente autobús a Tulum. Al cabo de dos horas estábamos de vuelta a la Casa del Sol, una de las mejores pensiones en las que estuviéramos durante el viaje, con el ambiente familiar de Carlos y sus hermanos. Allí le habían robado el pasaporte a Susana, así que el buen recuerdo no era completo, pero seguía siendo la mejor opción en Tulum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263857760470125570" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz6vnkBTAI/AAAAAAAABKE/wuBGIM8fdvw/s400/DSCN6047.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veníamos ansiosos de playa, y no le dimos ni opción a Carlos, el dueño, de darnos más plática, que ya habría tiempo. Dejamos las cosas, y tomamos un taxi a la playa. La otra opción era tomar un colectivo y después caminar varios kilómetros, y el precio no era muy diferente, así que para aprovechar las pocas horas de tarde que nos quedaban, preferimos tomar el taxi. La playa Paraíso seguía soberbia, como la última vez que la habíamos visto; pero la meteorología no era la del verano, por lo que el agua andaba un poco revuelta, y nos quedamos con las ganas de practicar un poco de buceo. El cielo encapotado disimulaba y agrisaba el colorido del agua, e incluso la temperatura era algo menor. Pero allí estábamos, dándonos un regalo de playa para despedir los últimos días de un viaje que había salido estupendamente. Completo y variado, interesante y con un poco de todo. Me había acostumbrado a viajar acompañado, y sabía que seguir solo por Chile me iba a resultar un poco duro, sobre todo al principio. Con quién iba a compartir las maravillas que viera, con quién conversar sobre lo que viviera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263858477732999602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz7ZXk0MbI/AAAAAAAABKM/XBLhkBi3Sn8/s400/DSCN6064.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el atardecer volvimos caminando por la carreterita desierta de las ruinas de Tulum, y del cruce volvimos en colectivo hasta el pueblo. A lo largo del viaje nos habíamos aficionado a algo típico de México, los licuados, batidos de leche con frutas tropicales que eran insuperables cuando había hambre y sed. Compramos lo necesario para hacer una cena en la cocina compartida de la Casa del Sol, mientras charlábamos con Carlos y sus hermanos. Su padre los había maltratado y les había dado una niñez insoportable; en seguida comenzó la diáspora, cada uno de los chavales se escapó como pudo. El más aventurero, Víctor, con 9 años agarró una bicicleta y se marchó en dirección al sur, pasando Belize y Guatemala, y llegando al Salvador. Allí donde paraba buscaba pequeños trabajillos que le daban la plata necesaria para seguir comiendo y pagando fonda. Jamás volvió a ver a su padre.&lt;br /&gt;Carlos, por su lado, como el mayor de los hermanos, había aguantado el que más; pero finalmente había tomado el camino de la frontera, y toda su vida la tenía en EEUU. También su pequeña fortuna, pues 30 años de trabajo le habían permitido juntar el dinero para construirse ahora su viejo sueño, una casita junto al mar en Tulum, y un hospedaje para viajeros. Con la excusa del hostal, había reunido a todos los hermanos, y ahora trabajaban juntos para ponerla en pie y atenderla. No parecía fácil la convivencia, y eso lo notábamos hasta los huéspedes, pero después de un pasado así no era de extrañar; en el fondo eran unos perfectos desconocidos, pero sí que al menos parecía que cada uno ponía lo mejor de su parte, para rearmar una familia que se había desmembrado hacía décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                   ………---------------------------------…….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos allí para lo que estábamos, playa caribeña para desquitarnos, y para tomar bríos por los años que seguramente pasaríamos sin ver playas semejantes. Bien temprano salimos de la posada, y tirados en la arena, bañándonos y tratando en vano de ver algo con las gafas de buceo, se nos fue todo el día. Tal vez fue uno de los días más inactivos de todo el viaje, pero seguramente nunca nos arrepentiríamos de ello. A la vuelta nos cayó el diluvio que se había estado formando todo el día alrededor de la playa, y con las calles convertidas en pequeños ríos entramos a cenar en un local en el que bastante tenían con achicar agua para que no les llegara al cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos quedado con Carlos en que nos prepararía un temazcal para la noche. Se trataba de una especie de sauna ritual que utilizaban los aborígenes desde tiempos inmemoriales; como en una sauna, se echaba agua sobre piedras calentadas al rojo en una hoguera; pero con la diferencia de que los nativoamericanos utilizaban infusiones de plantas medicinales; algunas incluso alucinógenas, que unidas al calor intenso del vapor en el recinto cerrado los llevaban de viaje astral. No pretendíamos más que una sauna de hierbabuena, pero con la lluvia se le había mojado la madera, así que nos quedamos con las ganas. A cambio salimos a tomar algo por los bares del pueblo, más vacíos que en el verano, pero aún animadillos. Como cada noche acabábamos comentando lo que habíamos visto y oído, en un agradable ritual que pronto echaría de menos cuando nuestros caminos se separasen. Me había dado cuenta de que Susana era la mejor compañera de viaje que había tenido en 15 años de viajero, dejaba el listón muy alto en lo sucesivo. Gracias Susana, ha sido un placer.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3372890063032971933?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3372890063032971933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3372890063032971933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/viernes-24-y-sbado-25-de-octubre-de.html' title='Viernes 24 y Sábado 25 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQz3idYnmuI/AAAAAAAABJ8/Dt-CWKEpKEA/s72-c/DSCN6046.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-2034641641518716726</id><published>2008-11-01T16:50:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T17:27:45.699-07:00</updated><title type='text'>Jueves 23 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Nadie parecía saber a ciencia cierta a qué hora pasaba el autobús a Chiquilá. Nos habían dicho que sobre las 5:30 pasaba uno, y que el siguiente venía sobre las nueve. Nos pareció demasiado un nuevo madrugón, que ya llevábamos unos cuantos, así que salimos a la calle con nuestras mochilas sobre las 7:30. En realidad era cosa de suerte, porque cada cual nos daba un horario distinto. Finalmente tuvimos que esperar más de tres horas interminables, en las que muchas veces estuvimos por mandar al diablo a Chiquilá e Isla Holbox para irnos a Cancún y la Riviera Maya, que ya quedaban a un par de horas de camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chiquilá era un pueblito feo, en un mar protegido por la península a la que nos dirigíamos, que lo privaba de oleaje o playa. En su lugar aparecía un manglar bajo y un puerto sencillo; antes de tomar el transbordador que nos cruzase al otro lado de la bahía, a Isla Holbox, teníamos que buscar un cajero, pues sin darnos cuenta nos habíamos quedado sin reservas a la vez. Pero claro, Chiquilá no tenía cajero, ni banco, ni nada de nada; y después de pagar el pasaje a Isla Holbox no nos quedaría más que lo justo para pagar los billetes a Cancún. Ya nos habían dicho que en Isla Holbox no había cajeros ni bancos; así que comencé a ponerme nervioso, la falta de previsión nos podía llevar a no tener pesos para comer si queríamos salir de allí. Sólo me quedaba una uña por roerme cuando desembarcamos en Holbox, pero en cuanto pregunté me dieron señas de un gringo que podía cambiar euros por pesos. A un tipo de cambio de usura, pero al menos salvábamos el día. Para casos como éste llevo siempre en la mochila una reservilla de euros, que en muchas ocasiones me han rescatado ya de un apuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya calmado con pesos frescos en el bolsillo (Susana, llena de optimismo y de amor por la vida ni se había incomodado por la situación), tomamos el camino de la playa, al otro lado del pueblo, que ocupaba una franja de tierra de sólo unos cientos de metros de anchura. El día estaba lluvioso, el cielo gris, y sus calles de tierra se convertían en balsas y barrizales que no era fácil sortear. Una vez encontrado un alojamiento digno y económico salimos a pasear por la playa desierta. La temporada baja había reservado aquel paraíso para nosotros solos, así que disfrutamos de la soledad. Con el temporal estaba turbia el agua, y no era posible el buceo, que era lo que nos había llevado hasta allí. Mientras Susana se desplomaba sobre la arena y se dormía profundamente, disfruté del agua templada del mar, de sus olas casi imperceptibles, y de la armonía de aquel rincón alejado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263848298012263794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzyI1KQxXI/AAAAAAAABJk/P6NmKQeO0Jg/s400/DSCN5941.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco antes del atardecer se hizo hueco entre las nubes un sol tímido, que iluminó el mar y la arena para darnos una estampa más típicamente caribeña. Tumbados en las hamacas de una cafetería a pie de playa, y tomando un rico expreso de Chiapas, admiramos una vez más la belleza de la Naturaleza; la fortuna que teníamos de poder estar allí, meciéndonos suavemente al viento, conversando tan ricamente en perfecta armonía… la vida era maravillosa, y eso no había que olvidarlo nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263849320910656546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzzEXwPlCI/AAAAAAAABJs/iHkqAxGIui8/s400/DSCN5965.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que el anochecer se llevase el sol, comenzamos a caminar kilómetros de playa en dirección al extremo oeste de la península. Entre garzas y pelícanos, nubes y filtraciones de un sol inflamado, se apoderó del cielo un envolvente atardecer desbordado de color. Lo contemplamos absortos hasta que se convirtió en noche. Bueno. Mentira cochina. Hasta que los mosquitos le cogieron gusto al repelente y comenzaron a darse un festín con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263849784852903378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzzfYEsddI/AAAAAAAABJ0/Iy2EmLTk0BA/s400/DSCN6017.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la noche ya cerrada regresamos a la playa, para escuchar en la oscuridad el rumor de sus leves olas. Parecía que nunca se nos acababa el humor y la conversación, y por momentos tenía la sensación de que Susana era la única persona de este mundo que podía entenderme plenamente. Era una suerte tener un compañero de viaje como ella.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-2034641641518716726?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2034641641518716726'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2034641641518716726'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-23-de-octubre-de-2008.html' title='Jueves 23 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzyI1KQxXI/AAAAAAAABJk/P6NmKQeO0Jg/s72-c/DSCN5941.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-5074600736618619254</id><published>2008-11-01T15:40:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T17:29:41.548-07:00</updated><title type='text'>Miércoles 22 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Chichén Itzá, otra de las monumentales ciudades-estado del antiguo mundo maya, se encontraba como las demás en medio de una llanura sin fin que, tal vez un día, fue convertida en un secano estéril, pero que siglos después mostraba una envidiable cobertura vegetal como un mar que se perdía en el horizonte cuando se topaba con la fortuna de poderlo divisar desde alguna pirámide más alta que el entorno. A veces me daba la impresión de que la construcción de pirámides no había sido más que una necesidad vital de aquel pueblo por ver algo más allá de las copas de los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzamos la mañana bien temprano, y anduvimos los escasos kilómetros de la tranquila carretera que llevaban a las ruinas. Después de pasar el inesperado edificio de hormigón con aspecto de museo de arte moderno de la boletería, entramos en un tupido bosque que, tras unos cientos de metros se abría en una explanada despejada, con la mole majestuosa de la pirámide tal vez más conocida de los mayas. Su estética era impecable, ofreciendo por el este una primera impresión de líneas perfectas, de recién acabado. No era especialmente grande, y nada en comparación con la magnitud de Teotihuacán. Pero allí brillaba soberbia, sobre un verde retocado por el plomizo cielo que nos recibía. Le dedicamos tiempo, y varias vueltas alrededor, para descubrir que otras caras de la pirámide no habían pasado impunes el túnel del tiempo, desconchadas y algo arruinadas hoy. Los guías cuadriculaban el círculo para tratar de conseguir, en una aritmética engañosa, los números mágicos de los mayas a partir del número de escalones, o de niveles, o de lo que más a mano les venía. Algo que era innegable era que, por curiosidades de la casualidad, o por un dominio asombroso de algún rudimento de física acústica, los mayas habían dotado a su pirámide de una característica extraña: si se daba una palmada en cualquier punto de su alrededor, el eco volvía no convertido en muchas palmadas, sino en una especie de croar de ranas, un aullar de seres diabólicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263827597660671170" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzfT6V2TMI/AAAAAAAABJU/sq30t2UCC0E/s400/DSCN5897.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos una senda que se adentraba en la espesura, una calzada adoquinada por los mayas y que conducía a un cenote, casi oculto por los árboles. El agua aparecía abajo, de un tono verde opaco de algas y musgos. Dando un rodeo dejamos atrás el injustificable hotel que ocupaba una gran extensión de la antigua ciudad; bajo sus edificios seguramente habían quedado sepultadas muchas construcciones que ya nunca más podrían confesar sus claves acerca de la Historia maya. Como siempre, el poder del dinero cual caballo de Atila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco aparecía el patio de las mil columnas, una extensa construcción porticada que alguna vez fue techada por palapas de guano; y tras ellas otra plaza extensa, en cuyo espacio los descendientes inmediatos de los grandes mayas habían edificado pequeñas estructuras con las viejas piedras desmontadas de las ruinas, tal vez para maravillarse a diario del antiguo poder y sabiduría de sus ancestros. Tras unos árboles un mercado, con sus altas columnas cilíndricas que ya no sostenían ninguna cubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263826313248003106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzeJJiAVCI/AAAAAAAABJM/PjAXeL3smns/s400/DSCN5893.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos enfrente de la pirámide principal para dirigirnos al sur. Unas monjas de la orden de Teresa de Calcuta ofrecían una estampa inusual a los pies del gran templo, y a nuestra derecha se elevaba la plataforma escalonada sobre la que aún permanecía impávido el Chac Mol, el monolito con forma humana reclinada boca arriba que servía para hacer sacrificios según unos, o para quemar ofrendas según otros. Dejando atrás los edificios tomamos otra vieja calzada, al final de la cual se llegaba al cenote mayor, un gran pozo verdoso de paredes verticales en cuyo borde aún se distinguían los restos de un templito desde el que se arrojaban las ofrendas al inframundo, representado por sus aguas turbias. Allí se habían hallado fenomenales piezas de oro, de jade, cerámica funeraria y votiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263828805562736162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzgaOIJHiI/AAAAAAAABJc/pnSr34efCWU/s400/DSCN5914.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía quedaba el juego de pelota, tan grande como un estadio, y con monumentales paredes de piedra, el más grande de toda América, y que de nuevo amplificaba cualquier sonido con su eco. Algunos relieves junto a los aros por los que había de ser colada la pelota daban testimonio de que la competición era a muerte, y que uno de los dos equipos era sacrificado a los dioses. Lo que todavía no estaba claro era si el equipo vencedor o bien el derrotado, era el que era ejecutado ritualmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263823173448809650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzbSY3ivLI/AAAAAAAABJE/3t1zd1WE-Hc/s400/DSCN5879.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, Chichén Itzá era magnífico y digno de visita; pero si teníamos que escoger un enclave arqueológico maya, ganaba Uxmal por diferencia; también Calakmul, con su entorno de ruina perdida en la selva era digna de mención. Pero la belleza de los edificios de Uxmal ganaba a todas las demás ciudades mayas que habíamos visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos caminando a Pisté, y después de comer algo tomamos el colectivo a Valladolid. Queríamos llegar a Chiquilá, un pueblo de la costa norte del Caribe, antes del anochecer. Pero el camino se hizo interminable, y se nos hizo de noche antes de llegar si quiera al cruce de El Ideal, donde había que tomar otro transporte que tardaba casi tres horas en llegar al mar. Ya no había más autobuses que hicieran la ruta antes de la mañana, así que decidimos tomar otro autobús que acertó a pasar en ese momento en dirección contraria, para acercarnos, a un par de kilómetros, al centro de El Ideal, un pueblo sin atractivo alguno en medio de la carretera, pero que al menos disponía de un hotelito donde pasar la noche.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-5074600736618619254?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5074600736618619254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5074600736618619254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/chichn-itz-otra-de-las-monumentales.html' title='Miércoles 22 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQzfT6V2TMI/AAAAAAAABJU/sq30t2UCC0E/s72-c/DSCN5897.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8952683511077133360</id><published>2008-11-01T13:13:00.001-07:00</published><updated>2008-11-01T14:16:07.143-07:00</updated><title type='text'>Martes 21 de Octubre de 2008</title><content type='html'>El plan era viajar a las ruinas de Uxmal, en medio de ninguna parte, y después de verlas continuar el recorrido hasta Pisté, el pueblo cerca del cual se encontraban las ruinas de Chichén Itzá. Eran muchas las horas de autobús, y mala la combinación para enlazarlos, así que madrugamos todo lo que pudimos para que nos cundiera el día. Nos habían asegurado que el centro de Campeche era tranquilo incluso en la madrugada, y que podíamos caminar hasta la estación de autobuses sin cuidado. Así que nos preparamos bien temprano, y a las 5 y media de la madrugada andábamos camino de la estación. Teníamos tres horas hasta Uxmal, y fue amaneciendo entre las brumosas junglas del Yucatán, con sus árboles de poca altura desperezándose en aquel plano infinito. Hubiera sido bueno dormitar un poco en el autobús; pero el gélido aire acondicionado de estos conductores locos nos tuvo tiritando todo el tiempo, con toda la ropa que teníamos embozándonos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos dejó a las 9 de la mañana en el cruce de Uxmal, una de las joyas mayas de la península.  Dejamos las mochilas en la boletería, y entramos al recinto recuperado a la selva que lo rodeaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263786924327576722" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQy6UaXkJJI/AAAAAAAABIs/lWxfW0pngPk/s400/DSCN5826.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera sorpresa fue una inusual pirámide, de base ovalada en lugar de cuadrada, aunque también escalonada y con un templo en su cima truncada. Los edificios que la rodeaban estaban decorados, a diferencia de las otras ciudades mayas que habíamos visto más austeras, con elaboradas grecas en piedra, relieves en sus fachadas, mascarones de dioses guerreros, serpientes de cascabel gigantes entrelazadas con la arquitectura de la pared,… Multitud de templos conservaban intactas sus cubiertas, y aparecían completos tras siglos de abandono. Sus techos de piedra permanecían como antaño, aunque hoy gobernados por murciélagos y golondrinas que aprovechaban su abrigo para anidar, y llenaban el interior de sus excrementos, produciendo un hedor insoportable que desaconsejaba adentrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La plaza principal nos pareció cuando la vimos, la pieza más refinada de cuanto habíamos visto del mundo prehispánico. Parecía recién acabado, ampliamente decorada en sus cornisas y fachadas; ofreciendo sus escalinatas monumentales como si ayer mismo se hubiese celebrado la última de sus ceremonias políticas o religiosas. Un sorprendente eco devolvía una sucesión de retornos cuando cualquiera daba una palmada o un grito en su centro. Yo imaginaba que, sin otros ejemplos de construcciones con aquella cualidad, los habitantes de Uxmal habrían conseguido aquel efecto acústico por pura casualidad, pero Susana prefería pensar que tal vez aquellos mayas eran realmente sabios que conocían más de la física del universo de lo que queremos creer. Tal vez hoy convertidos en iguanas, los antiguos mayas seguían observándonos indiferentes desde lo alto de los muros y las piedras, ajenos a los insignificantes asuntos de los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263786096365173922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQy5kN98fKI/AAAAAAAABIk/xV_SFubF4zc/s400/DSCN5809.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos el amplio juego de pelota para dirigirnos al palacio del Gobernador, sobre una gigante plataforma artificial a la que se accedía por escalinatas a sus lados. Continuamos ascendiendo una pirámide todavía no recuperada por completo de manos de la selva, y que daba testimonio de un final abrupto en la larga línea de la Historia maya. Sus últimos pobladores trabajaban en la construcción de la siguiente superposición en la especie de cebolla por capas que eran las pirámides precolombinas, cuando de pronto la ciudad fue abandonada; las piedras que componían las imágenes de algunos de sus ídolos fueron depositadas en desorden  dentro de un hueco del templo de la cima, y allí había terminado todo sin que hoy supiésemos la explicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263787519653681650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQy63EIXmfI/AAAAAAAABI0/8fqhLJKv9ow/s400/DSCN5833.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando finalizamos el recorrido salimos a la carretera para esperar el autobús y continuar camino de Mérida, la ciudad en la que podíamos enlazar con Pisté. Después de más de una hora esperando en vano, Susana habló con el conductor de una camioneta que se había parado para hacer un recado cerca de nosotros, en uno de los hoteles del complejo de las ruinas. Nos llevó a un pueblito, donde pudimos por fin almorzar y después tomar el transporte a Mérida. Por el camino nos habló de los mayas, que para ellos seguían siendo, hoy en día, mágicos. Decía que mucha gente recogía figurillas de las viejas casas mayas que por doquier aparecían arruinadas en la selva. Y que antes de que llegara el siguiente día, la figurilla desaparecía por arte de magia, y se la podía encontrar de nuevo en el lugar original. Una especie de superstición que no era trágica ni dañina envolvía las viejas ruinas que salpicaban la arboleda, y nadie osaba tocarlas bajo ningún concepto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263791678610801922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQy-pJdBBQI/AAAAAAAABI8/k671B_FCEnI/s400/DSCN5839.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardamos algunas horas más en llegar a Pisté. Ya era de noche, y no lo alargamos: había que madrugar, nos esperaba la legendaria Chichén Itzá.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8952683511077133360?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8952683511077133360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8952683511077133360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/martes-21-de-octubre-de-2008.html' title='Martes 21 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQy6UaXkJJI/AAAAAAAABIs/lWxfW0pngPk/s72-c/DSCN5826.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-7911136098236860906</id><published>2008-11-01T12:30:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T13:13:02.056-07:00</updated><title type='text'>Lunes 20 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263775242148694258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyvsa3EyPI/AAAAAAAABIM/xK6l8EGVces/s400/DSCN5743.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de Campeche era otra colorida cuadrícula colonial; pero agraciada con un toque marino, horizontal y almibarado que la hacía diferente de las otras ciudades coloniales. Sus casas de una altura, su atmósfera caribeña relajada y gentil; sus adoquinadas calles con aceras de un metro de altura que probablemente evidenciaban la frecuencia de temporales e inundaciones por su proximidad al área de los huracanes otoñales… Campeche tenía un carácter de mundo, no tan recogido e íntimo como San Cristóbal. Después de todo, abierto al mar y bendecido por la ardiente brisa del Caribe, tenía que vibrar a un ritmo distinto. El mar no se podía ver, pero estaba presente al final de las líneas de las calles, hoy cortadas por edificaciones modernas en primera fila que impedían ver el azul y el horizonte. Un huracán había destrozado hacía pocos años su vieja muralla española, que por un lado  se bañaba directamente con el oleaje, y por el otro amenazaba con sus cañones a las incursiones por tierra. Habían aprovechado la reconstrucción de la devastada línea del mar para ganarle unos cientos de metros artificiales al océano, y así darle la espalda como en un infantil acto de despecho; las nuevas construcciones de la reciente tierra firme ocultaban el decorado marino que tan colorida perla se merecía como colofón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263777736823376642" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyx9oP3iwI/AAAAAAAABIU/7JFUh6kOwe0/s400/DSCN5744.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Campeche había sido desde poco después de la conquista española, un enclave estratégico que en seguida se vio acosado por piratas franceses e ingleses. Cañones, fortines en las esquinas de su muralla, y rincones decorados con la temática bucanera daban buena cuenta de ello. Cambiamos la ropa larga por los pantalones cortos, que llevaban más de un mes en el fondo de la mochila. Volvía a ser, por momentos, penoso el caminar en las horas de más calor del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263778591092169746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyyvWpa3BI/AAAAAAAABIc/cMPuRqsl4GQ/s400/DSCN5757.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un agradable paseo por sus calles buscamos la salida al mar tras la línea de hoteles horribles; un agua fea y turbia moría en un malecón de hormigón sin gracia ni cuento, con lo que nos llevábamos una pequeña desilusión; tal vez habíamos esperado un mar como el de la Riviera Maya, como las playas idílicas de Tulum con las que soñábamos a menudo. La playa tendría que esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se pasó el día, y a última hora del sol se nos ocurrió tomar un autobús a una playa cercana que nos habían recomendado. Con la idea de disfrutar del atardecer en un horizonte marino que daba al oeste, nos fuimos internando en una sucesión de barrios cada vez más humildes, y aquí y allá aparecían grupos de chavales de aspecto ponzoñoso que nos retiraban de nuestro deseo de playa. Susana se fue asustando, y yo tampoco tenía muy claro que fuese una buena idea parar por aquellos lares poco antes del anochecer; así que cuando nos dejó en la desierta playa, no hicimos otra cosa que cruzar la calle para esperar el transporte de regreso al centro de Campeche. Un sospechoso coche con las lunas tintadas disminuyó su velocidad al pasar frente a nosotros, y paró unos metros más allá. Un escalofrío nos recorrió la espalda, pero por fortuna llegó a tiempo el colectivo para rescatarnos y llevarnos al cobijo del centro. Uf… por poco…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras dos meses lejos de la costa oriental de México volvíamos al Caribe; y aunque de día se veía gris y sucio, con la noche sirvió para un paseo relajante y evocador en su brisa que suavizaba el caluroso aire tropical. De regreso a la posada nos encontramos con una redada policial; después me enteré de que buscaban a dos ilegales hondureños, y que se los habían llevado presos para, seguramente, deportarlos de vuelta al infierno.  Qué extraña la vida, a veces.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-7911136098236860906?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7911136098236860906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/7911136098236860906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/lunes-20-de-octubre-de-2008.html' title='Lunes 20 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyvsa3EyPI/AAAAAAAABIM/xK6l8EGVces/s72-c/DSCN5743.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4401559695386805009</id><published>2008-11-01T11:19:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T12:29:52.131-07:00</updated><title type='text'>Domingo 19 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263761483124146194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyjLif_gBI/AAAAAAAABH0/V1Hm9bZjzXE/s400/DSCN5718.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana dejó de llover un rato. Habíamos decidido marcharnos después de comer para continuar viaje, pero aunque lo de la excursión a día completo por la selva no era posible debido a los torrentes de agua, viendo que el chaparrón nos daba una tregua, sí que al menos podíamos dar un corto paseo hasta una cascada no muy lejana del campamento, y a la que una clara senda conducía sin necesidad de llevar guía. Los grandes charcos como lagunas en el camino anunciaban lo que nos esperaba, y con un poco de resignación nos sumergimos hasta poco menos de la rodilla, empapando las botas sin remedio. Hacía algo de fresco en la nublada mañana, y no fue agradable mojarse; pero una vez pasado el pequeño mal trago, ya podíamos trotar por el monte sin cuidado, pues más no nos íbamos a mojar.&lt;br /&gt;Seguimos por los amplios terrenos arbolados, en los que de vez en cuando aparecía un grupito de cabañas perteneciente a una familia. Algunos lacandones vestían su túnica blanca tradicional sobre la que caía una brillante melena negra, mientras otros vestían a la occidental. Incluso se podían ver algunos jóvenes imitando la moda pandillera hispana, pelo corto, piercings, gorras de béisbol y majaderías similares. El choque cultural había sido demoledor, y en una de las explanadas aparecía una iglesia evangélica que atronaba el silencio maravilloso de Lacanjá con despreciables cánticos de misa en sus altavoces. Un escozor pirómano nos invadió a los dos, cuánto daño hacían estos inconscientes… ¿hasta tan lejos tenían que llegar para destrozar una cultura tan valiosa y hermosa como aquella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos por el camino, y después por una sendita que estaba siendo acondicionada con gravilla por los locales para explotar la visita a la cascada de cara al turismo. Entrábamos en una espesura oscura y silvestre, de árboles no demasiado viejos, pero enmarañados  y llenos de fragancias. La senda se convirtió en arroyo, y no había más remedio que volver a sumergirse para seguirlo. Susana se puso algo cómica; era su primera experiencia de selva, y andaba algo paranoica con imaginaciones de insectos, serpientes y animales peligrosos que en cualquier momento se le iban a agarrar al cuello. Con tanta agua allí no había ni mosquitos, y no pudimos disfrutar más que de unos cientos de metros antes de llegar a un punto en que un fuerte torrente desbordado impedía el paso. Había valido la pena, aunque a las botas sumergidas comenzaba a sumarse la lluvia, que regresaba a tomar posesión del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263756017987353266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyeNbR1-rI/AAAAAAAABHs/t2V3aAiD6e8/s400/DSCN5702.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regreso al campamento preguntó Susana en una tiendita en el cruce de caminos. Lo atendía un chico joven, Chankin, que resultó ser el hijo mayor de la familia que nos acogía. Ya brincaba de los 30, y vestía a la occidental después de unos años en Ocosingo y en otras ciudades de Chiapas. Había vuelto a la vida tranquila de Lacanjá, a ocuparse de su joven esposa y sus hijos, de su milpa y de sus responsabilidades en la comunidad. Se conoce que no debía de tener muchas ocasiones al cabo del mes para hablar con gente de fuera, porque durante más de dos horas nos contó tantas cosas que no alcanzaría a recordarlas todas. Y a cual más interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos comenzó hablando de la historia de su pueblo. Sus tierras ancestrales eran extensas, y en su mayoría cubiertas de una selva casi virgen que habían sabido conservar durante siglos. Pero desde que en los años 40 el gobierno había comenzado a interesarse por esta remota región, oleadas de colonos de otras etnias, choles y tzeltales sobre todo, habían ocupado muchas de sus tierras, creando una situación algo tensa que se veía agravada por la destrucción masiva de la selva que estos producían para crear pastos para su ganado. El gobierno los había obligado a mancomunarse en una asamblea multiétnica para administrar los derechos sobre las tierras comunales, pero según Chankin, los acuerdos no eran a menudo respetados por las otras etnias. Los lacandones seguían cultivando sus tradicionales milpas, sin practicar la devastadora ganadería, y enorgulleciéndose de su comunión con una Naturaleza que siempre los había cobijado y alimentado; prácticamente la adoraban como a una madre, y la honraban escrupulosamente.&lt;br /&gt;Los conflictos con otras etnias solían surgir porque los lacandones, en clara minoría, se encontraban muy desprotegidos ante los miles de choles y tzeltales que ocupaban frecuentemente sus tierras, avanzando en su expansión y en su destrucción. No hacía ni un mes que un joven de 19 años lacandón había sido asesinado por unos tzeltales ebrios. Se trataba del hijo de la dueña del campamento El Tucán Verde, que de repente se había quedado sin un hijo y sin un pilar básico de sus ingresos, ya que era él quien hacía de guía a los turistas que alojaban. Era también el primo de Chankin, y un cierto sentimiento de pueblo acosado y amenazado de extinción se apoderaba de su rostro cuando nos lo relataba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo físicamente estaban acorralados, sino también culturalmente. El gobierno los obligaba a cortarse el pelo y a vestir a la occidental si querían ir a la escuela. Normalizando, destruían su cultura, y él mismo no parecía ya dispuesto a colocarse la túnica y dejarse crecer el pelo de nuevo. Otra guasa digna de mención, era que en un país como México, en el que las familias fácilmente tienen una docena de hijos, los lacandones estaban siendo obligados a tener un solo hijo, con la excusa de que si su población crecía (no superaban las 600 almas), la selva sería devastada. Estaba claro que la única intención era exterminarlos, erradicarlos como anormalidad incómoda, como voz discordante y como patrimonio de la Humanidad, que es lo que en realidad debieran ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su abuelo le solía decir que había que cuidar los árboles y la selva; que si los mataban serían ellos los que después acabarían vengándose y matando al Hombre. Chankin no lo entendía cuando era pequeño, pero después de vivir en algunas ciudades y descubrir la inhumana existencia de las personas que mataron a su madre Naturaleza, había comprendido las palabras de su abuelo, y lo había dejado todo para volver a la tranquila Lacanjá. Hoy se preguntaba cómo su abuelo, un anciano de otro tiempo, podía haber sabido todo eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chankin había sido durante algún tiempo representante de su comunidad ante el gobierno de Chiapas. En una de las reuniones a las que acudió se negó a firmar un acuerdo que no favorecía los intereses de su pueblo; trataron de comprar su voluntad con un sueldo mensual astronómico, soborno al que él se había negado. Todo se compraba en México: la política, la policía, la justicia… Desde entonces estaba marcado como maldito por los poderosos de la región, y prefería no mezclarse en los asuntos políticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263762803513862610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQykYZVbqdI/AAAAAAAABH8/x8jzXIZHybw/s400/DSCN5726.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos de Chankin para regresar a por nuestras mochilas y emprender viaje. Sólo se podía llegar en el taxi de Carmelo hasta el cruce por donde pasaba el colectivo a Palenque. Carmelo era un lacandón bonachón y sonriente, con tez clara pero rasgos casi africanos que recordaban a las cabezas colosales olmecas. Con su túnica y su melena sorprendía al volante de un bien cuidado taxi. Nos despedimos de la familia del Jaguar, y embarcamos con Carmelo hacia la carretera. Por el camino nos contó que su abuela decía que a través de una chamán había hablado con los mayas; que le habían contado que seguían vivos, que vivían en otro planeta; que los lacandones eran los descendientes de los mayas que, después de las catástrofes que asolaron sus magníficas ciudades, habían huido a la selva más espesa. Era una pena tener que marcharse, porque con cada persona que hablábamos en Lacanjá nos llevábamos una sorpresa. Se podía escribir un libro si se pasase el suficiente tiempo entre ellos; sería cosa de regresar, era un pueblo realmente especial, el lacandón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263764683388858626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQymF0ajsQI/AAAAAAAABIE/-rmRhEaawKo/s400/DSCN5734.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarramos el colectivo; de pronto se habían ido las nubes un sol espléndido resaltaba los colores de la selva; y justo ahora nos teníamos que ir. Colgamos las botas mojadas en la ventanilla para que el viento ya caldeado las secase, y cuatro horas después llegábamos de vuelta a Palenque. Ahora sí que tomábamos el camino del Caribe; la primera parada, en la ciudad costera de Campeche. El autobús salía bien entrada la noche, así que hicimos tiempo cenando y charlando en la única terraza de palenque que cerraba tarde. Adiós Chiapas, gracias por todo y hasta pronto.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4401559695386805009?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4401559695386805009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4401559695386805009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/domingo-19-de-octubre-de-2008.html' title='Domingo 19 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyjLif_gBI/AAAAAAAABH0/V1Hm9bZjzXE/s72-c/DSCN5718.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4532270974102322288</id><published>2008-11-01T10:16:00.001-07:00</published><updated>2008-11-01T11:16:57.027-07:00</updated><title type='text'>Viernes 17 y Sábado 18 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263746861460361250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyV4cjsECI/AAAAAAAABG8/1QU6nqzhUc4/s400/DSCN5660.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había más tiempo para San Cristóbal. En principio nos habíamos planteado abandonar Chiapas después de esta ciudad, y volver directamente a la costa del Golfo para disfrutar del Caribe con tranquilidad. Pero en México DF, nuestros amigos Óscar y Ruth nos habían convencido de hacer una visita a Lacanjá, un remoto pueblito casi en la frontera con Guatemala, en el que se podía conocer a los nativos lacandones y visitar la selva virgen en su compañía por un precio muy razonable.  Así que pasamos todo el día en el transporte para poder llegar a Lacanjá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263747586557725138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyWipwXydI/AAAAAAAABHE/L_hL9c3f1Kg/s400/DSCN5661.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la cantidad de horas de autobús bien hubiera valido la pena viajar de noche; pero esto no era posible, ya que teníamos que conectar varios trayectos de unas pocas horas en colectivo, y sólo hacían el recorrido de día. El primer tramo, dos horas desde San Cristóbal a Ocosingo. Después otras dos horas de Ocosingo a Palenque; y tras un rato largo de espera que aprovechamos para almorzar, otro trayecto de cuatro horas hasta Lacanjá. Todo el recorrido desde San Cristóbal había sido de bellísimas montañas y bosque de clima cálido; pero según nos fuimos acercando a la selva lacandona, la espesura y la altura de los bosques se hicieron más considerables, y poco a poco se vino la noche entre neblinas, lloviznas, y las estrechuras de los cerros y los tupidos árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lacanjá no era si quiera un pueblo común; era una cierta zona geográfica inmersa en selva en la que se desperdigaban las casitas de los lacandones, comunicadas por un laberinto de caminitos y senderos. No había un centro reconocible, ni nada que se le pareciese. Los lacandones habían vivido sin contacto con la plaga occidental hasta el año 1942, y pese a la presión de los gobiernos y de los colonizadores, mantenían un estilo de vida bastante intacto. Con una población que no llegaba a los 600 habitantes, los lacandones eran los legítimos descendientes de los mayas, cuya lengua hablaban todavía junto a un español mucho más entendible que el de muchos mexicanos más urbanos. Llegamos de noche, lloviendo; el conductor del colectivo se apiadó de nosotros y nos dejó en la puerta del campamento que nos habían recomendado, el Tucán Verde, apenas unas chocitas entre los árboles. La luz estaba encendida, pero no había nadie. Nos resguardamos de la lluvia bajo un techado, y esperamos con paciencia un largo rato mientras una miríada de luciérnagas intermitentes aparecía y desaparecía por turnos de la alta hierba de la explanada. Un rato después, en vista de que no llegaba el dueño, cogimos nuestras mochilas y caminamos el tramo de camino que llevaba a otro campamento, el Jaguar, donde esta vez sí nos atendieron. En seguida nos acomodaron y nos prepararon una cena, que ya iba siendo hora de comer algo. El dueño era un hombre entrañable, un lacandón rubio casi albino que tenía nada menos que 12 hijos y ya pasaba de 60 años. Vestía la túnica tradicional, blanca y larga hasta las pantorrillas, y lucía una melena larga y cuidada. Él solo había montado el campamento, las varias cabañas y los cuartos de baño, que junto con el trabajo en la milpa (la huerta) le daban para mantener a tan numerosa familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablando con ellos nos dimos cuenta en seguida de que, para ser uno de los pueblos más recientemente contactados e integrados a la vorágine oficial, eran sorprendentemente abiertos, y la comunicación parecía más fácil y fluida que con muchos otros mexicanos que habíamos conocido en lugares mucho más cosmopolitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263749016681128738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyX15YXIyI/AAAAAAAABHM/0YiNhuNsnds/s400/DSCN5664.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se adentró en la selva como había comenzado, con un fuerte aguacero que hacía sonar las infinitas hojas de los árboles y empantanaba la ya saturada tierra. Sentíamos el palpitar de la vida, el crepitar de los seres que no veíamos y que llenaban de ojos la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                               ……….. -------------------- …………&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263751212326911394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyZ1szG_aI/AAAAAAAABHc/xA0wrNHI-yA/s400/DSCN5670.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y amaneció como anocheció, lloviendo. Habíamos venido a hacer una excursión en la selva, pero con la que estaba cayendo y el fresco que hacía no era un buen plan. Además, por lo que nos dijeron, una lluvia tan copiosa anegaba los llanos y los llenaba de torrentes peligrosos, por lo que había que descartar del todo la exploración. Estábamos a las puertas de una selva fascinante, y no podíamos hacer otra cosa que charlar con la familia que nos acogía, y soportar bajo techado el ininterrumpido diluvio que no cesó ni un minuto durante todo el día. Leímos, escribimos; almorzamos en la cabaña principal. Especialmente interesante fue conversar con el anciano lacandón que, con la lluvia, estaba igual de varado que nosotros, con la milpa esperando que despejase para poder ser trabajada. Su delicado entendimiento mostraba una coherencia asombrosa; una conciencia ecológica sutil y una visión global por la que me hacía cruces: cómo aquél anciano que jamás había salido de Lacanjá conocía tan bien los problemas de nuestro mundo de locos occidental… Él había nacido en una época en la que todavía no sabían de la existencia del hombre blanco, pero parecía más enterado que muchos enteradillos que conozco. Sabía de sobra que vivíamos en ciudades insalubres, llenas de industria y de coches que envenenaban el aire y el agua, que contaminaban los alimentos y nos mataban prematuramente. Cultivábamos la tierra con químicos, tratando de acelerar los parsimoniosos procesos de equilibrio de la Naturaleza, que de este modo se rompían afectando a nuestra salud. Sí, se producía más y más grande, pero a costa de enfermarnos. No eran nuestras ciudades lugares para vivir, la vida se hacía miserable y carente de valor. Él trataba de transmitir a sus hijos el amor por la naturaleza, la necesidad de conservar los árboles, la pureza de las aguas y del aire; el frágil y maravilloso equilibrio de la tierra que nos daba de comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263752942359192818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQybaZq8pPI/AAAAAAAABHk/TNPA6diwRBI/s400/DSCN5678.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También era un entendido en las plantas medicinales, en los remedios de la Naturaleza. Y no sólo del cómo; sino del por qué. Tanto el organismo humano como la Naturaleza dependían del concepto de equilibrio; enfermaban cuando este equilibrio precario se rompía, y sólo con mucho tiempo y paciencia, a la manera de los procesos naturales, se podía devolver el equilibrio al organismo, es decir, acabar con la enfermedad. La medicina de los occidentales no atacaba la raíz, no restablecía el equilibrio, sino que atacaba los síntomas, y lejos de equilibrar agrandaba el desequilibrio. La gente, incluso muchos de los lacandones más jóvenes, preferían los médicos occidentales, el remedio rápido, la pastilla que arreglaba esto y rompía lo otro a cambio. Curarse realmente requería de lentitud, de una alimentación sana que restableciera las proporciones, la armonía de nuestro organismo; y de la delicada y dilatada ayuda de las plantas medicinales, que hacían su trabajo al ritmo de la Naturaleza. Era una delicia escuchar a nuestro amigo, que con un aspecto de otro tiempo pasado, transmitía ideas para un futuro mejor. Había algo mágico en estos lacandones, sí es verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió diluviando todo el día, y de nuevo la noche se envolvió de evocaciones reptantes, de sigilosas existencias, de miradas invisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyYmMnmxRI/AAAAAAAABHU/xpl9T2N4Afc/s1600-h/DSCN5668.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263749846479062290" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyYmMnmxRI/AAAAAAAABHU/xpl9T2N4Afc/s400/DSCN5668.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4532270974102322288?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4532270974102322288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4532270974102322288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/viernes-17-y-sbado-18-de-octubre-de.html' title='Viernes 17 y Sábado 18 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyV4cjsECI/AAAAAAAABG8/1QU6nqzhUc4/s72-c/DSCN5660.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8206807792457929936</id><published>2008-11-01T09:39:00.000-07:00</published><updated>2008-11-01T10:15:54.977-07:00</updated><title type='text'>Jueves 16 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Otra noche de autobús, bien movida, disfrutando del frío polar del aire acondicionado que me despertaba a cada rato con un castañeteo de dientes, y ya estábamos de vuelta a Tuxla Gutiérrez. Nada más salir del autobús nos descongelamos: volvíamos al trópico, al calor húmedo y selvático de los llanos chiapanecos, y aunque ya estaba apoderándose el nuboso otoño de la atmósfera, no alcanzaba a refrescar el ambiente.&lt;br /&gt;Sólo teníamos que recoger el pasaporte nuevo de Susana del Consulado de España en la oficina de la ferretería, y ya podíamos salir del laberinto de hormigón de Tuxla. Un taxi nos dejó en la puerta, y una vez cerrado el trámite, tomamos un colectivo al centro: se nos había olvidado desayunar, así que estiramos los agarrotados músculos en una cafetería junto a la catedral, y después caminamos la hilera de cuadras hasta la parada de los autobuses a San Cristóbal. Recordaba haber pasado un poco de desconfianza paranoica paseando por Tuxla la primera vez: era nuestra primera gran ciudad en un país desconocido, y el aspecto no era el más saludable del mundo. Pero esta vez veníamos curados de espantos, y caminamos sin cuita por las calles ajetreadas de la mañana, acarreando todas nuestras pertenencias con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora después, tras el ascenso de la sierra, nos encontrábamos a 2.000 metros sobre el nivel del mar, de vuelta a la ciudad que más nos había seducido en todo el viaje: la indígena, mestiza, colonial, y casi mágica, San Cristóbal de las Casas. Nos recibía con su habitual y contrastado frío, con su vida relajada y mezclada, con sus estudiantes aguardando en la puerta de las facultades, con las mujeres indígenas cargadas con niños y mercancías. Susana y yo estábamos de acuerdo en que si tuviésemos que vivir en México, aquél sería un lugar ideal para quedarse. Bueno, si no fuese porque con los salarios locales y la falta crónica de trabajos disponibles, lo más probable sería que nos muriésemos de hambre cual náufrago lejos de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263733252358772770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyJgStBmCI/AAAAAAAABG0/_i-ZHYFFh3A/s400/DSCN5654.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos hasta la agradable pensión en la que habíamos pasado una semana meses atrás, pero no quedaban habitaciones libres, por lo que cambiamos a otra unas cuadras más al norte. La dueña era una joven suiza, rondando los 30 años, que se había decidido por dar el salto y vivir una agradable y fácil vida ganándose las lentejas con una casita de huéspedes repleta de viajeros alternativos. Se la veía disfrutar de su nueva vida, y a mí me daba buena envidia; hace años que yo me he planteado vivir de esta manera, conocí tanta gente por el camino que lo hizo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Cristóbal era escenario de un festival Cervantino, pero no parecía gran cosa: algún concierto público de música barroca, actuaciones callejeras,… Susana se fue a pasear y a buscar más información sobre sus inquietudes zapatistas, mientras yo me quedé en la posada escribiendo y poniendo en orden los recuerdos de los últimos días. Nos encontramos en la noche para dar un paseo de despedida, y tal vez prometernos regresar algún día con mucho más tiempo para disfrutar de la deliciosa rutina de la ciudad. Su ambiente cultural vibrante y ecléctico, el alma indígena de sus calles y mercados; la tranquila, pintoresca y armoniosa, pequeña y accesible San Cristóbal, acogía al visitante sin esfuerzo y con calidez pese al rigor de su clima. El zapatismo le añadía un carácter rebelde, innovador e inconformista, mentalmente activo y comprometido, impregnando el aire de aromas de  nueva era. Cenando con música en vivo conversamos, como cada día, sobre lo lindo y lo feo, sobre lo humano y lo divino. Cuánto iba a extrañar la compañía de Susana cuando en unos días se separasen nuestros caminos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyG7sMikMI/AAAAAAAABGs/3DDcbE_eXqs/s1600-h/DSCN5645.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5263730424523428034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyG7sMikMI/AAAAAAAABGs/3DDcbE_eXqs/s400/DSCN5645.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; .&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8206807792457929936?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8206807792457929936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8206807792457929936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/11/jueves-16-de-octubre-de-2008.html' title='Jueves 16 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQyJgStBmCI/AAAAAAAABG0/_i-ZHYFFh3A/s72-c/DSCN5654.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6956306084735465856</id><published>2008-10-24T20:00:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T20:06:13.264-07:00</updated><title type='text'>Miércoles 15 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKM24PXf9I/AAAAAAAABFk/n_sqjkGPJT4/s1600-h/DSCN5641.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260922189159825362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKM24PXf9I/AAAAAAAABFk/n_sqjkGPJT4/s400/DSCN5641.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estábamos impresionados por la hospitalidad de nuestros nuevos amigos. Tan sólo habíamos compartido unas horas con ellos y nos hacían sentir como en familia, como en casa. Estaba claro que nos iba a costar decir adiós por la tarde, pero todavía teníamos todo el día para disfrutar del humor y de las anécdotas de Iliana y Manuel. Un largo desayuno, un relajado ambiente casero y amistoso, y Manuel siempre con su carácter resuelto y parlanchín, con madera de cómico y una mente privilegiada. No eran menos interesantes sus amigos. A medio día llegó Ismael, otro doctor en sociología que conocía a Manuel e Iliana de toda la vida, y que procedente de Mazatlán venía a unos congresos en Cuernavaca cargado con los mejores camarones del Mundo (los de su Sinaloa natal, por supuesto) para agasajar a sus amigos. Acompañamos a Manuel a recoger a Ismael a la estación de autobuses, y mientras hacían unos recados nos dejaron en las ruinas precolombinas de la ciudad. Tuvimos un rato para recorrer sus viejas piedras antes de que regresaran por nosotros, y de allí a hacer las compras para acompañar los camarones. Por tradición los camarones y la carne sólo los podían cocinar los hombres, así que Iliana y Susana se relajaron con un café mientras Ismael, Manuel y yo nos dedicábamos a preparar los camarones en augachile (crudos en un batido de limón y chile), y en ceviche, una especie de ensalada con camarones crudos en limón. Ismael venía de la región en la que se había originado el narco mexicano, y como sociólogo aportaba información muy interesante. Todo había empezado cuando en la Segunda Guerra Mundial EEUU había pedido a México que cultivase marihuana para sus soldados. México había escogido Sinaloa para hacer las plantaciones, y cuando pasada la guerra fue proscrito su cultivo y comercialización hacia el vecino del norte, nadie estuvo dispuesto a cambiar tan lucrativo negocio por el de las papas. Surgieron en seguida redes clandestinas para continuarlo, que con el tiempo crecieron en poder y recursos, y en violencia al luchar por la exclusividad del tráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años después se había hecho común la lucha a muerte entre las familias del narco por mantener el control; pero con el sangriento atentado de Morelia el pasado septiembre, México había asistido estupefacto a un salto cualitativo: suponía, de repente, todo un desafío al mismo Estado. Durante los años de la dictadura encubierta del PRI, al menos su cultura de la corrupción generalizada lo había hecho capaz de negociar espacios de poder con el Narco, y mantener un status quo aceptable. Pero con la reciente etapa del PAN, la coexistencia con el Narco había sido sustituida por una lucha a muerte, y el Narco estaba demostrando ser más fuerte y eficaz; en pocos años había salido de sus regiones originarias para extenderse por todo el país. Al final del camino, tal vez la debilidad y vulnerabilidad del Estado permitían pensar en su derrota a manos de un nuevo Poder, el del Narco. En el fondo no dejaba de ser la sustitución de un grupo de malandros gobernando, por otro grupo de malandros gobernando. Tan viejo como la Humanidad. De hecho, en muchos lugares gozaba de más apoyo popular el Narco que el mismo Estado, ya que eran los narcotraficantes los que construían las escuelas y los hospitales, los que daban trabajos bien remunerados, y los que movían la economía.&lt;br /&gt;Ismael me recomendó leer “La Reina del Sur”, de Pérez Reverte, que según él había sido superado por la realidad. La novela hablaba de una mujer que había acabado dirigiendo el cártel de Sinaloa una vez que la mayoría de hombres con poder hubiesen ido a parar a la cárcel; y parecía ser que, efectivamente, la historia era verídica, y tal vez incluso más sangrienta y desgarrada que en la novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sumaron a la comida Omar y Vicky, otros dos doctores para la colección. Los exquisitos camarones acompañaron el típico pique de españoles y mexicanos; con socarronería desenfadada y amistosa trataba Omar de sacarnos los colores con anécdotas de su experiencia en España. Como cuando, caminando con su violín enfundado por el aeropuerto de Madrid, se dirigió a él la policía de aduana gritando sin respeto “Eh, tú, el de la guitarrita”. Lo cierto es que nos dejaba muy mal, pero como yo no podía por menos que reconocer que mi país no había terminado nunca de saltar los Pirineos, me reí tanto como los demás. Después de todo, Omar estaba casado con una española, así que no debía de tener tanto prejuicio como pretendía.&lt;br /&gt;En un entrañable ambiente de humor y mentes selectas, pensé en Lucía, la hija de nuestros anfitriones, una afortunada niña que iba a crecer en un entorno insuperable; seguramente llegaría a ser todo un talento, y una amante de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo en México se agotaba, así que teníamos que continuar viaje. Con pena nos despedimos de nuestros amigos, y Omar nos acercó en su coche a la estación de autobuses. Suerte amigos, espero verlos muy pronto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Para cruzar el centro del país y regresar al sur teníamos que tomar un autobús a Tuxla Gutiérrez, y así de paso recoger el pasaporte nuevo de Susana en el consulado de la capital de Chiapas. No había trayecto directo desde Cuernavaca, así que tomamos el de Puebla, y de allí el autobús nocturno a Tuxla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6956306084735465856?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6956306084735465856'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6956306084735465856'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/mircoles-15-de-octubre-de-2008.html' title='Miércoles 15 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKM24PXf9I/AAAAAAAABFk/n_sqjkGPJT4/s72-c/DSCN5641.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-5447575444811322351</id><published>2008-10-24T19:45:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T20:00:55.032-07:00</updated><title type='text'>Martes 14 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260920627878924786" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKLcAA_kfI/AAAAAAAABFU/hwZUxEDJMco/s400/DSCN5637.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El esposo de nuestra amiga Iliana de Cuernavaca se encontraba en la ciudad dando su clase semanal en la universidad. Manuel acababa de regresar de sus congresos internacionales, y retomaba las clases, así que quedamos con él por la noche en una salida de metro de la zona sur de la ciudad para irnos en su coche a Cuernavaca y pasar un día con ellos. Teníamos hasta las 8 de la noche para hacer las últimas visitas por ciudad de México, un lugar que nos había cautivado con sus infinitos atractivos, muchos de los cuales dejaríamos sin ver, y su oferta cultural sin fin que tal vez algún día habría que disfrutar con más tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezamos por tomar nuestro último desayuno en una cafetería que ya nos había aficionado, y donde cada mañana en la capital tomábamos un buen café con rosquillas leyendo el periódico, casi siempre con fondo de música de Mecano o Sabina. Óscar nos había recomendado ver los murales del Palacio de Justicia, en el mismo Zócalo, y tras varios controles de seguridad entramos en el corazón de la máquina, llena de sedes ministeriales y de engominados con corbata. Algunos de los murales nos dejaron, en efecto, estupefactos, con una desgarrada denuncia de los crímenes de Estado, de la represión del año 68, o de la infamia de las cárceles y de la tortura policial. En uno incluso se sugería la violación de una detenida política por parte de sus captores policiales. No supimos cómo tomarnos aquel contraste; aquel edificio era la sede de los responsables de tales crímenes, y paradójicamente habían permitido una decoración semejante en sus pasillos. ¿Era recochineo? ¿Era una manera de desvincularse de los abusos y presentarse como el Estado nuevo que les pondría punto final? Más bien nos recordaban las palabras de Gema en la pulquería: aquél era el país de la risa, un lugar surrealista que no había por dónde cogerlo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saliendo al Zócalo hicimos un breve recorrido por las carpas de la feria del libro que había tomado toda su extensión. Editoriales alternativas ofrecían títulos subversivos frente al Palacio de Gobierno; volviendo al surrealismo, en un país como México, con un alto grado de represión política, había amplios espacios para la contracultura impensables en cualquier otro lugar del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260919286821466242" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKKN8L-sII/AAAAAAAABE8/QNHv1PiTfho/s400/DSCN5629.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasando el Palacio de Bellas Artes nos adentramos en el sector de los rascacielos y oficinas, otro contraste para la colección. Allí se mostraba el México más sofisticado, el que mezcla inglés en sus conversaciones y alardea de su última escapada a Miami. Preguntamos a una chica bien trajeada cómo llegar a una parada de metro próxima, y nos miró con cara de extraterrestre: no sabía, tal vez no había tomado el metro en toda su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260920219278511858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKLEN3EDvI/AAAAAAAABFM/hPgZL5f4_BQ/s400/DSCN5636.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo tiempo hasta la cita con Manuel, entramos al cine a ver otra película mexicana: “Bajo Juárez”, un documental sobre los centenares de mujeres violadas, torturadas y asesinadas en la fronteriza Ciudad Juárez. La cinta reflejaba fielmente la impunidad y la corrupción en que vivía el país: sólo con la connivencia de las altas esferas de la Justicia y el Gobierno podía suceder algo así durante más de una década sin que nadie hiciese nada. Los únicos condenados por los crímenes, meros chivos expiatorios, tenían coartadas tan exageradas como que se encontraban viviendo y trabajando a 2.000 kilómetros de la ciudad el día de los hechos, y pese a ello se pudrían en la cárcel. Todo apuntaba a hijos predilectos de las familias más poderosas, las mismas que gobernaban el país y que, por supuesto, no estaban dispuestas a esclarecer los hechos ni a ponerles coto. Las muchachas eran llevadas por la fuerza a orgías privadas de la alta sociedad que siempre acababan en atroz asesinato. Un argumento similar a “Tesis”, de Amenábar.&lt;br /&gt;Tal vez una sociedad construida alrededor de la exaltación del hedonismo acababa llevándolo a menudo al extremo; los alicientes y placeres se gastan, cuando son objeto único de consumo, y algunas mentes  se van insensibilizando, y continúan buscando experiencias cada vez más extremas… ¿se trata de individuos enfermos, o de toda una sociedad enferma que produce tales individuos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recogimos nuestros bártulos de la posada, y tras otra entrañable experiencia a presión en el metro del DF, llegamos al punto de encuentro con Manuel. En las dos horas de trayecto hasta Cuernavaca, y después en su casa con Iliana, se nos pasó el tiempo charlando. Manuel era doctor en psicopedagogía, un intelectual que, pese a ser toda una figura, podía presumir de un genio alegre y de un ingenio vivaracho y divertido. Especialmente cuando nos contaba anécdotas de sus viajes por España con su perfecta imitación del acento extremeño.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-5447575444811322351?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5447575444811322351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/5447575444811322351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/martes-14-de-octubre-de-2008.html' title='Martes 14 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKLcAA_kfI/AAAAAAAABFU/hwZUxEDJMco/s72-c/DSCN5637.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-8751530105261563518</id><published>2008-10-24T19:44:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T19:45:48.164-07:00</updated><title type='text'>Lunes 13 de Octubre de 2008</title><content type='html'>El conductor nos había dado la noche martirizándonos con corridos mexicanos a todo volumen. Cuando Susana le pidió que bajara la música, le contestó que si lo hacía se dormiría. Aún así se obró el milagro, y llegamos vivos, aunque muertos de sueño por no haber pegado ojo, al atasco mañanero de la capital. Buscamos una posada cerca del Zócalo, y en seguida salimos a pasear. En el mercado de artesanía curioseamos entre puestos de plata y telas con motivos étnicos; y en los puestos que rodeaban el Zócalo compramos un peluche para la bebé de Iliana, a la que íbamos a visitar de nuevo de regreso a Cuernavaca. Llamamos a Óscar para tomar algo y despedirnos, y por la tarde acudimos de nuevo a su casa. No tardó en llegar su novia Alexandra, y poco después Ruth, una española que llevaba unos años afincada en el DF, y que parecía mucho más a gusto con su nueva vida indiana que Alexandra. Llegó con un catálogo de ofertas de pisos recién reformados en pleno centro. Los más caros rondaban los 30.000 euros, y si hubiera llevado suelto no me hubiese resistido a la tentación de comprarme un par de ellos… casi como los precios de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún se nos uniría otra chiquilla francesa, una viajera de aventura que no tenía aspecto de tal. Entre otros viajes, había caminado  en solitario una ruta de 600 km por los bosques de Canadá, algo para quitarse el sombrero. Y allí estaba en México, disfrutando de la comodidad de ser extranjero en un país que desde los tiempos de Lázaro Cárdenas trataba a los de fuera mejor que a los de adentro. Colaboraba con una organización que ayudaba a los niños de la calle, pero estaba empezando a desvincularse de ellos. Por una parte, ayudando a unos pocos afortunados no se solucionaba el problema, que nunca se atacaba de raíz (la miseria y la exclusión), sino que se abordaba sintomática y superficialmente. Por otra parte, los tiempos de las pandillas de niños abandonados viviendo en la calle e inhalando pegamento para olvidarse hasta de la vida, ya habían pasado; la miseria se vivía en familia, y el abandono no era tan numeroso como en el Brasil de los Escuadrones de la Muerte, o el Perú de las Maras. Las ONG´s habían montado un negocio con el tema, y a falta de niños peleaban por sacarlos de donde fuese, para no perder sus jugosas subvenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juntos fuimos a disfrutar de las mejores vistas nocturnas del Zócalo y de la ciudad: desde la terraza de un hotel de interior art decó que por fuera pasaba desapercibido por su mugrienta fachada, se abría un privilegiado balcón al Zócalo iluminado y a los barrios marginales que al poco comenzaban y se encaramaban por algunas lomas, con un engañoso aspecto de agradable  belén iluminado en la noche. Óscar señalaba unas cuadras más al norte, a la colonia de Tepito, donde era mejor no caminar si se quería salir vivo. Allí podía encontrarse cualquier arma, misiles y cohetes incluso. El narcotráfico se surtía en sus calles, y disponía de un armamento mejor que el del propio ejército, y de fusiles a los que teóricamente sólo tenían acceso los ejércitos de la OTAN, desvelando oscuras conexiones. Cuanto más sabíamos menos entendíamos este complejo país.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-8751530105261563518?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8751530105261563518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/8751530105261563518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/lunes-13-de-octubre-de-2008.html' title='Lunes 13 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4965904527170904409</id><published>2008-10-24T19:39:00.001-07:00</published><updated>2008-10-24T19:44:41.996-07:00</updated><title type='text'>Domingo 12 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Habíamos tocado norte, llegando al extremo de nuestra ruta, y ahora tocaba deshacer el  camino hacia el sur. Hasta ciudad de México había más de 10 horas, por lo que lo más práctico era tomar un autobús nocturno para aparecer por la mañana en la capital. Zacatecas estaba visto, así que dejamos la ciudad y dimos un pequeño salto de una hora a Aguascalientes. Allí podíamos emplear las horas del día visitando un destino menor mientras llegaba la noche para tomar el bus de México. Dejamos las mochilas en consigna, y tomamos el colectivo al centro. Todo lo que veíamos al paso era nuevo y feo, cemento y vidrio crecidos sin cuidado como en una caótica cristalización postmoderna. Poco quedaba del brillo arquitectónico colonial, aparte de una plaza central muy mona presidida por la inevitable catedral barroca. El domingo había vaciado la mayoría de las calles, y con los comercios cerrados adquirían un aspecto algo desolado que sembraba la desconfianza. Pero pasando la catedral encontramos una calle apañada con multitud de cafeterías en la que se relajaba un dominical y adormecido asueto. En una de ellas entramos a tomar un café. El que lo atendía no parecía mexicano, aunque hablaba perfectamente el español. Farid era un argelino que llevaba décadas fuera de su país. En Grecia había estudiado derecho internacional, decía hablar siete idiomas, y charlando con él descubrimos un tipo culto y meditadamente profundo. Era musulmán no practicante, pues pensaba que la religión era algo íntimo que no tenía que traspasar las fronteras de uno mismo. Hablar de religión, como de política, sólo servía para enfrentar a las personas, lo cual no valía la pena. Había llegado a México a estudiar un postgrado, y allí se había quedado por amor. Casado con una mexicana, pronto había dejado su oneroso trabajo como abogado; sí, aquello le daba dinero, pero no el tiempo para disfrutar de sus hijos, que crecían sin casi conocerlo. ¿Para qué valía el dinero, pues? Por eso había transformado su vida, mucho más sencilla ahora, trabajando en su propia cafetería; que le daba lo justo para sobrevivir cómodamente, pero mucho tiempo para lo que realmente importaba. Hoy lo que se planteaba era dónde seguir su vida: ya habían abandonado ciudad de México después de que a su esposa la asaltaran en su propio coche poniéndole una pistola en la boca. Y poco a poco el país se estaba volviendo tan complicado hasta en rincones antes tranquilos como Aguascalientes, que tal vez llegaba el momento de volver a Grecia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Farid nos contó muchas curiosidades sobre su país. Por ejemplo, que cualquier musulmán del mundo era capaz de leer árabe, pero eso no implicaba capacidad de comunicación, ya que hablarlo era otra cosa; por eso, a menudo necesitaban una lengua franca como el inglés para poderse entender. Su tono mediterráneo, amable y conciliador me hacía sentirme cerca de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260916028259209986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKHQRGMkwI/AAAAAAAABEk/Q2guz4xQe_8/s400/DSCN5609.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesando un frondoso parque se llegaba a un moderno centro comercial al aire libre con más aspecto hispano e histórico que la mayor parte de la ciudad. Parecían darse cita allí todos sus habitantes, repartiéndose entre las terrazas y los bares con temas taurinos, y las actuaciones callejeras: payasos para los niños, grupos de percusión y baile africanos para los medianos; y para los amantes de las gorritas de beisbol, raperos haciendo de las suyas e imitando la maravillosa subcultura pandillera norteamericana. Al anochecer regresamos a la estación, rumbo a la capital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKHo-eAaxI/AAAAAAAABEs/plND-98Xsq8/s1600-h/DSCN5613.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260916452755532562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKHo-eAaxI/AAAAAAAABEs/plND-98Xsq8/s400/DSCN5613.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4965904527170904409?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4965904527170904409'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4965904527170904409'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/domingo-12-de-octubre-de-2008.html' title='Domingo 12 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKHQRGMkwI/AAAAAAAABEk/Q2guz4xQe_8/s72-c/DSCN5609.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1063975882436679309</id><published>2008-10-24T19:23:00.001-07:00</published><updated>2008-10-24T19:39:38.710-07:00</updated><title type='text'>Sábado 11 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260912690776492466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKEOAATybI/AAAAAAAABD8/wp17W-YT8_c/s400/DSCN5559.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del desayuno caminamos hasta el convento de San Francisco, al final de las calles monumentales del centro. Se trataba de la típica estampa de ruinas de arcos y bóvedas ocupadas por enredaderas, árboles y nopales inundando de Naturaleza los viejos claustros y los ábsides. Recientemente convertido en un museo visitable, estaba ligeramente cuidado y ajardinado, aunque ni una piedra había sido movida de su lugar. En una de las salas en pie se conservaban varios edictos firmados por Felipe II por los que se le daba a Zacatecas el título de Ciudad, después distinciones honoríficas, e incluso un escudo de armas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260913623727980386" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKFEThRv2I/AAAAAAAABEE/Ewg0jAs8nqA/s400/DSCN5560.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo calles arriba la monumentalidad desaparecía, y encontramos una ciudad más sucia y descuidada, que sin embargo conservaba el encanto de la decadencia, de pueblo en el que se camina despacio y el cubo de fregar se vacía en el pavimento de la calle. En una de las casonas nos encontramos con una exposición de fotografía: eran instantáneas de los meses en que la ciudad de Oaxaca se había rebelado contra el Estado central, dos años atrás. Todo había empezado con unas reivindicaciones de los maestros y los estudiantes, a las que poco a poco se había sumado la mayoría de la población. Durante unos meses tomaron la ciudad, expulsaron a las autoridades y a la policía, y se declararon autónomos. El control y la justicia eran ejercidos popularmente: los ladrones eran atados en lugares públicos con un cartel visible de “Rata”, explicando los motivos para el escarmiento. Una fotografía mostraba un violador que había sido apaleado y, sin peligro de su vida, sufría sus heridas atado a una farola con un cartel que lo explicaba. Numerosas fotografías de asambleas populares eran sucedidas por la llegada final del ejército, que a sangre y fuego acabó con la rebelión. Terribles fotografías de sicarios del narcotráfico pagados por el Estado para disparar contra los manifestantes helaban el corazón. Nadie supo decirnos el número de muertos en que terminó aquella rabieta popular, tras la cual todo volvió al mismo punto del que se había partido. Nos acordamos de los maestros que acampaban en Cuernavaca, muchos de ellos provenientes de Oaxaca; así había empezado todo en aquella ciudad, quién sabe en qué acabaría todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260914071390933698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKFeXMcUsI/AAAAAAAABEM/eUBKMioGftY/s400/DSCN5588.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde tomamos el teleférico al cerro de la Bufa. Una envidiable vista de la ciudad era superada por el horizonte del desierto, que se escapaba hacia unas desvaídas brumas que bien podrían haber sido un mar, si éste no se encontrara a cientos de kilómetros más al este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260915111419473090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKGa5mkbMI/AAAAAAAABEc/DBMBHdfRp6Q/s400/DSCN5579.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de disfrutar del paseo de regreso a la ciudad, y más tarde de las callejoneadas de estudiantes, acabamos probando la noche en un antro de barrio. Algún mariachi despistado y algo alcohólico tomaba tequila, y el resto de rudos hombretones miraban el boxeo en la televisión. El camarero, sorprendido de nuestra presencia, trató de ser amable, y para hacernos sentir como en casa nos puso canciones de Sabina, en una luz sucia que levantaba polvaredas añejas de las roñosas estanterías repletas de mil marcas de tequila.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1063975882436679309?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1063975882436679309'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1063975882436679309'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/sbado-11-de-octubre-de-2008.html' title='Sábado 11 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKEOAATybI/AAAAAAAABD8/wp17W-YT8_c/s72-c/DSCN5559.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4726270796382207644</id><published>2008-10-24T19:09:00.000-07:00</published><updated>2008-10-24T19:22:54.800-07:00</updated><title type='text'>Viernes 10 de Octubre de 2008</title><content type='html'>El viaje iba llegando a su recta final; bueno, bien es cierto que nos quedaban 17 días de viaje, y cualquiera diría que es el tiempo del que dispone el común de los mortales para hacer el viaje de su vida. Pero con las dimensiones de México, sin haber desperdiciado mucho el tiempo, todavía teníamos todo el norte por conocer, y miles de kilómetros de recorrido para regresar a Cancún con tiempo de tomar el avión. Ya hacía tiempo que habíamos decidido disfrutar con tranquilidad del sur y el centro, y dejar para otra ocasión el extenso norte. Aquella mañana tomamos el autobús a Zacatecas, nuestra parada más septentrional, y la última antes de iniciar la ruta de regreso hacia el sur y hacia Yucatán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejamos nuestro querido chamizo de lo alto del cerro de Guanajuato, y  recorrimos de nuevo las calles del valle en dirección al mercado cubierto. Desayunamos allí y cogimos el autobús a la estación. Teníamos que hacer escala en León, una ciudad industrial con poco que ofrecer al visitante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solíamos escuchar la radio para amenizar los recorridos diurnos. Un anuncio en la emisora de Guanajuato nos llamó la atención: “¿Quieres participar en el rodaje de una película? Si tienes tez blanca de tipo europeo, llama al…” La segregación racial seguía como toda la vida; ni si quiera escondían por vergüenza esta realidad inconfesable, y no bastaba con que, efectivamente, todos los tipos y tipas que salían en la tele o en los carteles publicitarios, desde el comentarista de las noticias hasta el actor del anuncio de yogur, fuesen blanquitos de pura cepa en este país abrumadoramente mestizo e indígena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En León no tuvimos tiempo de visitar el centro, que todavía guardaba un par de detalles del pasado colonial. Seguramente fundada por leoneses de la península con un tanto de nostalgia, habían imitado su catedral en una versión reducida, pero manteniendo el esplendor de sus vidrieras policromadas. Nos quedamos sin verlo, y tan sólo almorzamos alrededor de la estación antes de tomar el siguiente autobús hacia Zacatecas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la carretera eran frecuentes los controles militares. El Narco y el Estado se habían enzarzado en una aparente guerra que parecía todo un desafío al poder establecido; las noticias de matanzas entre bandas y contra policías eran diarias, y el efecto notable para nosotros era que cada poco y en cada carretera, un efectivo armado hasta los dientes revisaba pasajeros y equipajes. Varios soldados entraban fusil en mano en el autobús, y pedían la documentación a quien encontraran sospechoso. Susana tuvo la tentación de hacer una foto disimulada con los militarotes dentro del autobús, y aunque le dije que no estábamos en Madrid, no conseguí disuadirla. Uno de ellos la vio, y con rostro desencajado e intimidante y voz amenazadora, vino corriendo a preguntar si había tomado una fotografía. El corazón de Susana se debió poner al galope, y se quedó paralizada balbuceando una respuesta. Yo le contesté por ella tranquilamente, casi mostrando indiferencia, que estaba viendo fotos del día anterior; y aunque no quedó muy convencido, se marchó sin saber qué contestar o qué hacer. Susana se quedó asustadísima, dándose cuenta de que  no se trataba de soldados europeos; que estaba en un país hispanoamericano donde los militares habían hecho desaparecer a millones de personas durante el último medio siglo, masacradas por cualquier idea política o casi por capricho. En fin, que en lo sucesivo no era cuestión de andarse con tonterías con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguíamos por un paisaje semidesértico de lomas suaves, cárcavas profundas de las escasas y torrenciales lluvias, y el típico decorado de espinos y cactus gigantes de las películas del oeste. Zacatecas era una ciudad con un extraño aspecto de alfombra acomodada sobre suaves colinas, sin ningún edificio cuya altura destacase sobre los demás. Detrás de ella se elevaba una montaña un poco más alta con un afloramiento rocoso peculiar, a cuyo mirador llevaba un teleférico que partía del lado opuesto de Zacatecas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260910702487511490" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKCaRDRocI/AAAAAAAABD0/GKxlpEHKFPA/s400/DSCN5590.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260908763031197442" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKApYA21wI/AAAAAAAABDk/w6jQTWQVPr4/s400/DSCN5541.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco era un lugar barato para alojarse, y para cuando encontramos algo ajustado a nuestras pretensiones, ya habíamos recorrido las calles más llamativas de la ciudad. Muy venida a menos, la ciudad había conocido el esplendor de la minería platera, y disponía de un centro monumental elaborado en cantería rosada, que era presidido por una espléndida catedral de portada churrigueresca. Sus plazuelas se llenaban de gente paseando al atardecer; actuaciones de payasos concentraban en una escalinata a las familias con niños, y entre sus cafeterías y soportales se repartía una nutrida vida estudiantil. Era una ciudad que a menudo recordaba a Granada, en su arquitectura como en su ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260910221088454258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKB-Psy9nI/AAAAAAAABDs/RwZJWwlJFvM/s400/DSCN5567.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos hizo de noche paseando por sus calles; de repente se empezó a oír música de charanga, con un inequívoco sabor bajoaragonés o navarro. De un callejón apareció una peña de estudiantes, no menos de 300, que bailaban recorriendo las calles al son de la charanga. Cuando encontraban una pareja salían al unísono a la carrera, y los rodeaban chillando “¡Beso, beso, beso…!”, para celebrarlo después con un griterío. Así, sin esperarlo, me encontraba en algo muy parecido a la Vaquilla de Teruel, y casi me emocioné. Nos contaron que se trataba de las “callejoneadas”, una tradición de estudiantes que se repetía cada viernes y cada sábado por la noche. Eso sí, llamaban tamborazos a las charangas. Qué curioso me resultaba que dos pueblos con tanto en común, casi dos versiones calcadas en mundos paralelos, se ignorasen y se desconociesen infinitamente.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4726270796382207644?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4726270796382207644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4726270796382207644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/viernes-10-de-octubre-de-2008.html' title='Viernes 10 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SQKCaRDRocI/AAAAAAAABD0/GKxlpEHKFPA/s72-c/DSCN5590.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1440489088809828688</id><published>2008-10-19T17:39:00.001-07:00</published><updated>2008-10-19T17:50:06.051-07:00</updated><title type='text'>Miércoles 8 y Jueves 9 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259029799921075426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvTvU99ROI/AAAAAAAABDE/6IEdgv0oNL0/s400/DSCN5467.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un par de paseos, uno de día y otro de noche, se podía dar la ciudad por vista, así que aprovechamos bien la mañana para recorrer todos sus rincones, y después de comer tomamos el autobús para continuar a nuestro siguiente destino: Guanajuato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a la ciudad en pleno festival cervantino, un evento anual con fama internacional que atraía a Guanajuato a artistas e intelectuales de todo el país, estudiantes y viajeros, que llenaban la ciudad y disparaban los precios del alojamiento. Pasamos buena parte de la tarde recorriendo la ciudad mochila al hombro en busca de algún acomodo de precio razonable, y cuando ya casi habíamos agotado las posibilidades, probamos suerte preguntando por algún particular que alquilase un cuarto. El dueño de una tienda me dio en seguida la referencia de una señora que vivía a pocos metros de allí. La mujer nos ofreció un cuarto por un precio razonable, pero todavía teníamos que verlo. Ascendimos por uno de los cerros que rodeaba la ciudad hasta llegar casi a lo más elevado. En un terreno vallado, casi un corral, tenía una chabola infame techada de lata, con un camastro y una puerta que mal ajustaba. Las vistas de la ciudad eran insuperables, eso sí. Un colorido mosaico de casitas encaramadas en las lomas semidesérticas, reverdecidas por las recientes lluvias y pobladas de cactus candelabro, se abría a la vista bajo un cielo de acuarela, con nubes asombrosas peleando con un sol ya moribundo. Creo que el aspecto del cuartucho le costó a Susana casi deprimirse, pero no teníamos muchas más opciones. Así que nos quedamos. Después de todo, cuando se viaja sólo se necesita la habitación para dormir, y de noche todos los gatos son pardos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259030335322054530" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvUOfff34I/AAAAAAAABDM/D_VjKZUZHhw/s400/DSCN5481.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una buena ducha regresamos ladera abajo al animado centro, que bullía de gente joven: cada bar ofrecía música en vivo, y los mariachis animaban la principal plaza con su música desgarrada y eufórica. No tuvimos gana de hacer cola para asistir gratis al concierto de Serrat, y nos conformamos con un agradable paseo por las serpenteantes calles de la ciudad, encajada en el fondo de un valle que se quebraba en seguida para sostener sus casitas precarias en las lomas que la rodeaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                   ...… ---------- ……&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empleamos la mañana siguiente en recorrer sus calles y pasadizos. Un laberinto de túneles y fosos comunicaba extremos opuestos de la ciudad, haciéndola extrañamente original. Tanto nos habían hablado de Guanajuato que esperábamos encontrar en ella nuestro lugar predilecto en México. Pero aparte de su escenario espectacular, de sus laderas atiborradas de sencillas casitas de colores, y de la vida de sus plazas en pleno festival, no ofrecía un conjunto arquitectónico destacable. Sin duda nos quedábamos con San Cristóbal y con su encanto multicultural, cosmopolita, rural y refinado. Guanajuato disponía de un centro monumental que ocupaba un par de calles encajadas en lo profundo del valle; pero en cuanto se salía de ellas, las construcciones no eran mucho más elaboradas que las de cualquier favela de Rio de Janeiro. Aunque eso sí, con la mano de pintura de colores que las cubría adquirían un aspecto de maqueta recién terminada que en parte lo compensaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259031451357864098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvVPdDK4KI/AAAAAAAABDc/avn2ize6WTg/s400/DSCN5515.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente estudiantil había tomado el centro, y lo disfrutamos tranquilamente con un café allí y un paseo allá. De noche volvía la música en vivo, las actuaciones de payasos para los niños, y los coros de mariachis. Entramos en uno de tantos bares, donde varios cantautores se turnaban para imitar a Pablo Milanés o entonar sus propias composiciones. Los únicos que no estábamos allí para cantar éramos Susana y yo, así que disfrutamos en exclusiva del concierto. Bueno, yo más bien lo sufrí, pues tengo una cierta incapacidad para prestar atención a las letras de las canciones, en seguida vuela mi pensamiento y me pierdo en otras cosas. Y dado que la música del género “cantautor” es siempre la misma, acabé más con dolor de cabeza que con paz de espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvUrVGdCnI/AAAAAAAABDU/S09ekDdBm_4/s1600-h/DSCN5489.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259030830748863090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvUrVGdCnI/AAAAAAAABDU/S09ekDdBm_4/s400/DSCN5489.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1440489088809828688?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1440489088809828688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1440489088809828688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/mircoles-8-y-jueves-9-de-octubre-de.html' title='Miércoles 8 y Jueves 9 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvTvU99ROI/AAAAAAAABDE/6IEdgv0oNL0/s72-c/DSCN5467.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-463432518567073527</id><published>2008-10-19T17:21:00.001-07:00</published><updated>2008-10-19T17:39:13.657-07:00</updated><title type='text'>Martes 7 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259027918246170546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvSBzLsz7I/AAAAAAAABC0/DndVRoDWBJQ/s400/DSCN5465.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de una relajada mañana llegó el momento de empaquetar y decir adiós por el momento a la ciudad de México.  En la estación de autobuses del Norte tomamos el transporte a Querétaro, una ciudad que no parecía tener demasiados puntos de interés, y que pasaríamos sin ver para continuar en otro autobús hasta San Miguel de Allende. Su centro colonial sí que era interesante, y situado en la empinada ladera de un cerro, ofrecía una estructura más aleatoria y llena de rincones con encanto. Su pasado minero y platero la habían enriquecido y llenado de palacios e iglesias barrocas, y con el turismo vivía una nueva edad dorada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259027325885178770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvRfUd1Y5I/AAAAAAAABCs/CJGNpBLatzE/s400/DSCN5397.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259028505517409506" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvSj-8ExOI/AAAAAAAABC8/ijQyvPoJaD0/s400/DSCN5452.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de alojamos salimos a pasear. Sus bellísimas casonas coloniales acogían un turismo exclusivamente norteamericano, y ya entrado en años, lo cual la hacía demasiado cara para nosotros. Durante muchos años había recibido este tipo de visitantes, y poco a poco se habían instalado definitivamente, controlando la mayor parte de sus negocios hosteleros. La ventaja era que su centro estaba esmeradamente cuidado, rico en detalles y buen gusto, como sus numerosas fuentes decoradas con cerámicas de Talavera. La pega era su precio excesivo para el mochilero, y que los únicos jóvenes en la ciudad éramos nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259026457701588482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvQsyOvHgI/AAAAAAAABCk/r8cYrDfidK4/s400/DSCN5413.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por sus angostas y empinadas calles adoquinadas aparecían cafeterías y restaurantes en patios ajardinados, deliciosamente ambientados por velas y antorchas para clientes adinerados y refinados, en una atmósfera relajada de enredaderas trepando por rejas de forja. Demasiado inactiva para nosotros, demasiado aburrida.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvQMsXZaAI/AAAAAAAABCc/5PJM7g6G2Nk/s1600-h/DSCN5404.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259025906371487746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvQMsXZaAI/AAAAAAAABCc/5PJM7g6G2Nk/s400/DSCN5404.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-463432518567073527?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/463432518567073527'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/463432518567073527'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/martes-7-de-octubre-de-2008.html' title='Martes 7 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvSBzLsz7I/AAAAAAAABC0/DndVRoDWBJQ/s72-c/DSCN5465.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-6908409897791882268</id><published>2008-10-19T17:12:00.001-07:00</published><updated>2008-10-19T17:21:33.511-07:00</updated><title type='text'>Lunes 6 de Octubre de 2008</title><content type='html'>El Mundo y las bolsas seguían cayéndose, hasta el Banco Mundial afirmaba en grandes titulares que el sistema ya no funcionaba, que había que inventar algo nuevo. Y allí estábamos los dos, inconscientes, levantándonos a capricho y disfrutando de la soleada mañana por las calles del Zócalo mientras aún pudiéramos permitirnos lujos como éste, en serio peligro de extinción.&lt;br /&gt;Susana se dedicó a recorrer varios puntos de la ciudad que tenía pendientes: la sede del EZLN, la librería de la Jornada (un importante periódico independiente mexicano), el mercado de artesanías… Yo preferí quedarme paseando, y poner al día mis anotaciones. Nos reencontramos después de comer para visitar los murales del palacio presidencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259023360811209698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvN4haiE-I/AAAAAAAABCM/aDuPvgz9nk4/s400/DSCN5391.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259022800041562706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvNX4YoUlI/AAAAAAAABCE/uOfXEBELJ2Q/s400/DSCN5388.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde nos acercamos en metro al Mercado de Sonora. Su atractivo principal eran sus numerosos puestos dedicados a la magia negra y blanca, sus amuletos de vudú que sólo servían tras un complicado ritual, y a los que había que alimentar con cigarros y tequila para que obrasen sus milagros. Los había para buscar trabajo, para conquistar a un hombre o a una mujer; para llevar la desgracia a un enemigo, o para tener suerte en un negocio.  Plantas mágicas, imágenes de santería; cuernos y cráneos de animales, polvos mágicos para atraer el dinero, el amor, la armonía familiar… Por pocos pesos se podía recibir una limpieza espiritual que alejara el mal de ojo, una sanación de un mal del alma, o una lectura de cartas. Después de un buen rato curioseando entre humo de velas y pellejos resecos, aprovechamos una tregua de la tormenta que estaba cayendo para atravesar las anegadas calles que llevaban de vuelta al metro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queríamos probar la bebida prehispánica por excelencia, y que había sido hasta hacía poco toda una tradición en México, hoy casi desaparecida: el pulque, la bebida fermentada de maguey, el mismo ágave del que los españoles obtuvieron el tequila. Óscar nos había recomendado una pulquería cerca del Zócalo. Era un lugar cutrecillo y lleno de estudiantes que declaraban su rebeldía escuchando una música que, por primera vez en casi todo el viaje, no consistía en una sucesión de corridos norteños insoportables. El pulque era un mejunje con textura babosa, con algo de gas y un toque alcohólico similar a la cerveza; y no estaba nada mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259023997566949090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvOdlg7luI/AAAAAAAABCU/K-W8xGwJNGA/s400/DSCN5394.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mesas desemparejadas invitaban a conocer gente, y en seguida estábamos charlando con Gema y Óscar, una pareja de estudiantes que nos invitaron a probar la variedad más pura de pulque. Óscar era estudiante de bellas artes, un tipo bohemio con un toque intelectual y transgresor que se encontraba desempleado; su novia lo mantenía con lo que sacaba vendiendo artesanía. Motivos no les faltaban para quejarse, y desde luego que se desahogaron con los dos extranjeros que se habían perdido por el antro. Según nos decían, México era el país de la risa; pasara lo que pasara, a nadie parecía importar, y sólo producía risa en un pueblo hastiado e indiferente. Nadie ayudaba a nadie, ni aspiraba a mejorar su situación. La inflación incontrolada, los salarios congelados por décadas; la  miseria campando a sus anchas, y la mayoría de la gente viviendo en infraviviendas y sin trabajo… y pese a todo, nada sucedía. Ciudad Juárez no era el único sitio donde las mujeres eran asesinadas en serie; la impunidad estaba extendida por toda la geografía del país, y ya ni si quiera se publicaban las cifras de asesinatos y violaciones. Por unos pesos vendían algunos indígenas a sus propios hijos, para servir de trabajo esclavo, sufrir las redes de pornografía infantil, o ser víctimas del tráfico de órganos. Todo un paraíso, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 8 nos echaron del bar para cerrar, y la conversación siguió bajo la luz de una farola. También, me contaba Gema, México era el país de la apariencia: ropa, peinado, zapatos… y sobre todo el color de la piel, decidían qué papel representaba cada uno en la escala social. Las puertas estaban cerradas para cualquiera que tuviese un toque mestizo en su piel, y sólo se abrían para los blancos. Nuestros amigos eran también conscientes de que la independencia lo había dejado todo igual, y sólo hizo más poderosos a los criollos, que seguían gobernando y haciendo a su antojo. Entre tanto, el pueblo indígena y mestizo seguía apartado; y lo que es peor: acomplejado. La televisión, controlando las mentes al milímetro, perpetuaba la segregación, y si alguna vez aparecía una piel oscura en la pantalla, era la del malandro o la del esclavo. Los protagonistas de novelas y películas, así como de todos los spots publicitarios, eran de pura raza blanca. Por otra parte, se había impuesto la división de roles de la cultura norteamericana, estructurada en base al dinero; un clasismo en el que el triunfo personal individualista se tenía que alcanzar a costa de los demás: porque no bastaba con ser bueno o brillante; hacía falta poder mirar a los demás por encima del hombro. Y en esa cultura vivía todo el país, no importaba si se fuese hambriento o dueño de multinacional; el modelo a seguir era el mismo.&lt;br /&gt; Con conversaciones casuales como ésta es como se profundiza en un país, y con una versión más íbamos completando nuestra imagen de México.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-6908409897791882268?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6908409897791882268'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/6908409897791882268'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/lunes-6-de-octubre-de-2008.html' title='Lunes 6 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvN4haiE-I/AAAAAAAABCM/aDuPvgz9nk4/s72-c/DSCN5391.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1892706318028762333</id><published>2008-10-19T17:03:00.001-07:00</published><updated>2008-10-19T17:12:11.226-07:00</updated><title type='text'>Domingo 5 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259021727765362466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvMZd2D9yI/AAAAAAAABB8/cQfu4_HYMZ0/s400/DSCN5365.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podíamos irnos sin visitar las ruinas de la majestuosa Teotihuacán, unos kilómetros al norte de la ciudad de México. Tomamos el metro hasta la estación del Norte, y desde allí un autobús que nos dejaba, una hora después, en la puerta del parque arqueológico. Ya aparecía la silueta de sus dos pirámides principales al final de los cuatro kilómetros de avenidas, edificios y templos, que las precedían desde el sur. La avenida principal, o de los Muertos, sorprendía por su increíble extensión, más parecida a la de un aeropuerto que a la de una ciudad planeada hace dos mil años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los teotihuacanos fueron el pueblo originario y pionero de la cultura mesoamericana; a principios de la era cristiana, la pequeña aldea que ocupaba el valle recibió una avalancha de refugiados provenientes de las áreas desoladas por la erupción de un volcán del valle de México. De pronto era necesaria una estructura organizativa capaz de ordenar una sociedad multicultural, y así surgió y creció la ciudad planificada de Teotihuacán, sumando barrios cuyos habitantes pertenecían a etnias diferentes, y que edificaron en la avenida principal sus edificios administrativos. Se convirtió en un centro de poder y de cultura que irradiaba a miles de kilómetros alrededor, y durante el milenio de esplendor llegaron a crear en ella sus propios barrios culturas tan distantes como las de Oaxaca o del Yucatán. Un sistema de alcantarillado adelantado a su tiempo evacuaba las aguas de la ciudad. Cuando en el siglo IX, tras 9 siglos de Historia y estabilidad, estalla una revuelta interna que llena de cadáveres abandonados sus calles y destruye muchos de sus edificios principales, sus habitantes huyen y regresan a sus regiones de procedencia, llevándose consigo la cultura, las técnicas arquitectónicas, y el culto religioso, entre otras muchas facetas que enriquecieron a los pueblos posteriores, que sin excepción, imitaron a la legendaria Teotihuacán. Así siguió, abandonada y convertida en un lugar sagrado y venerado por los siglos venideros, como referencia para pueblos tales como los toltecas, los mayas o los aztecas, que respetaron y reverenciaron siempre sus viejas piedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzando desde el sur, fuimos recorriendo los 4 kilómetros de la avenida de los Muertos, un centenar de metros de anchura flanqueado por pirámides menores, plazas ceremoniales, y complejos administrativos correspondientes a cada uno de los linajes que dieron vida a la ciudad. En el extremo norte, recortada contra la enorme montaña que presidía el valle y a la cual evidentemente imitaba, aparecía la majestuosa silueta de la Pirámide de la Luna, más pequeña que la del Sol, pero más impresionante que ésta por situarse al final de la avenida y sin obstáculos que impidieran apreciar su perspectiva. Dejamos a un lado la Pirámide del Sol, reservando su ascenso para el final, y seguimos bajo la dorada luz tamizada de la mañana hacia la Pirámide de la Luna. A sus pies se abría una plaza rectangular adornada de otras pirámides menores, y subiendo la escalinata final ascendimos a la mejor vista de la ciudad. La suave bruma del valle desdibujaba levemente los contornos, y permitía apreciar mejor las distancias y las perspectivas. Sin duda estábamos contemplando una de las maravillas de la Humanidad. La inmensa mole de la Pirámide del Sol aparecía soberbia, alineada con la lejana presencia del Popocatepetl. Allí nos sentamos para disfrutar largo rato de la estampa, según el sol iba disolviendo las brumas para imponerse en el valle arbolado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259020471290718978" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvLQVHKawI/AAAAAAAABBs/Q25TL1mpvoI/s400/DSCN5321.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ascenso a la Pirámide del Sol, en realidad dedicada al dios de la Lluvia, era imprescindible para admirar su volumen comparable, aunque menor, al de la pirámide de Keops en Egipto; sin embargo las vistas que ofrecía su cumbre no eran igualables a las que habíamos disfrutado sobre la Pirámide de la Luna. Entre tanto una marea de gente recorría como pequeñas hormigas una ciudad tal vez pensada para dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259021183574854626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvL5yk7y-I/AAAAAAAABB0/YAtUzZ2gJdo/s400/DSCN5356.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de todo el día pateando la desproporcionada escala de Teotihuacán no nos quedaba fuerza más que para regresar al DF, buscar dónde comer algo, y regresar a la habitación a descansar.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1892706318028762333?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1892706318028762333'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1892706318028762333'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/domingo-5-de-octubre-de-2008.html' title='Domingo 5 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvMZd2D9yI/AAAAAAAABB8/cQfu4_HYMZ0/s72-c/DSCN5365.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-2355462384100735939</id><published>2008-10-19T17:02:00.000-07:00</published><updated>2008-10-19T17:03:16.706-07:00</updated><title type='text'>Sábado 4 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Iliana, la encantadora amiga que habíamos conocido en Cuernavaca, nos había dado el teléfono de un amigo suyo, Óscar, para que nos pusiésemos en contacto con él en la capital. Nos invitó a tomar un café a su casa, y desde el mediodía estuvimos de charla con él. Óscar era un tipo interesante, con una cultura considerable y una capacidad reflexiva única. Había estudiado Ciencias Políticas, aunque se dedicaba a escribir en revistas, a hacer crítica cultural, o incluso a la informática. En seguida salió el preguntón que tengo dentro, y la conversación derivó hacia contenidos más tangibles para quienes, como nosotros, pretendemos conocer la realidad del país. La problemática mexicana era compleja, pero tras 70 años de dictadura encubierta del PRI, era entendible que la cultura política y social del país se encontrara en pañales, y con mucho por cambiar y poner al día. La corrupción alcanzaba todos los niveles de la vida mexicana; una buena muestra de ello era cómo dos calles más arriba de su casa se podía obtener una falsificación válida de cualquier título universitario; ni si quiera los profesores eran fiables, y muchos de ellos habían comprado el título y la plaza que les permitía ejercer. También los cargos sindicales, hereditarios y vitalicios, paralizaban la capacidad de acción de los trabajadores, convertidos tan sólo en aparatos del tráfico de influencias. Por otra parte, el cambio no podía esperarse veloz en un país conservador como México, extremadamente orientado por los dictados de un catolicismo anclado en otros tiempos. Incluso la generación del 68 estaba aburguesada y apoltronada en las instituciones. Sin embargo Óscar no era del todo pesimista, y valoraba positivamente el lento cambio que en la cultura política estaba teniendo lugar desde el final del poder priísta.&lt;br /&gt;Por otra parte, nos relataba cómo el campo mexicano había sido depauperado, los precios de sus productos hundidos por los tratados de libre comercio con EEUU, y su población empujada por tanto a huir de la miseria para caer en otra peor: la de los cinturones infames que rodean las grandes ciudades. Las condiciones habían caído en picado en pocos años: con un sueldo mínimo se había pasado de poder adquirir 56 kg de tortillas de maíz, el alimento básico de la dieta mexicana, a tan sólo 5 kg.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esas llegó Alexandra, la novia francesa de Óscar. No se la veía del todo adaptada a su país de acogida, pese a llevar más de dos años allí. Pero como francesa blanca, México le abría muchas puertas que cerraba a sus propios ciudadanos, y para ella las ventajas superaban a desventajas como la inseguridad, el ruido, la contaminación… Su vida era mucho más fácil que cuando vivía en su estrecho y gris cuartucho de un suburbio parisino, y no parecía dispuesta a regresar en breve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos los cuatro a dar un paseo entorno al Zócalo. Alexandra me hablaba del estilo relajado hispano, que adoraba en contraposición a la frialdad calculada de los franceses. Como en aquella tarde, se había acostumbrado a hablar sin temor con alguien que acabase de conocer, algo impensable en la Francia postmoderna que había sustituido la retórica de la libertad por el miedo y la desconfianza, la individualidad y el aislamiento. Sin embargo no podía comprender el surrealismo mexicano presente en todas las facetas de la vida; ni la corrupción sin límites que solía rozar lo absurdo y lo hilarante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para completar esta visión del México incomprensible, nos llevaron a visitar una exposición sobre Lucha Libre mexicana. Toda una telenovela de enmascarados representaba semanalmente su papel, levantando la pasión de cada uno de los mexicanos, desde el más humilde hasta el doctor en sociología. Era un fenómeno difícil de entender, una suerte de catarsis colectiva en la que un simbolismo algo maniqueísta de la vida, del bien y del mal, plasmaba el día a día de los mexicanos luchando por sobrevivir en un mundo lleno de trampas. Evidentemente sus peleas llenas de aspavientos eran una pura representación teatral, pero el juego de ambigüedad en la que no se sabía dónde acababa lo fingido y dónde empezaba lo real, era capaz de enganchar por generaciones a todo un pueblo. Y esto era para nosotros lo más fascinante e incomprensible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomando un café en una terraza seguimos la agradable conversación. Yo coincidía con Alexandra en un cierto diagnóstico sobre Occidente del que no había oído hablar a nadie antes, y que ronda mis pensamientos desde hace años: la decadencia terminal de la cultura occidental, que parece no poder dar más de sí. Sus modelos de vida exportados en forma de consumismo y de un determinado sistema económico, habían llevado a una depravación mental en todo el mundo, hoy inundado de una violencia y una desesperanza sin vuelta atrás. En Europa, en cambio, nos habíamos vuelto miedosos y blandengues, vulnerables ante el vuelo de una mosca. La estrategia del miedo puesta en marcha por los gobiernos de las últimas décadas nos habían llevado alegremente a renunciar a todos los logros sociales conseguidos después de un siglo de luchas, así como a deshacernos de las libertades civiles de la ya olvidada revolución francesa. De un plumazo habíamos borrado lo que nos distinguía como europeos, como supuesta cuna de la civilización. En todas partes la democracia  había quedado reducida a una ridícula pantomima en la que unos embrutecidos ciudadanos sin atisbo de espíritu crítico bailaban a merced de los intereses de determinados grupos de intereses y poder, encarnados en bipartidismos repartiéndose el poder. Alexandra y yo estábamos de acuerdo en que esto no podía continuar mucho tiempo así, y que asistíamos al final,  seguramente trágico, de una penosa opereta. Estábamos rodeados de culturas mucho más frescas y jóvenes, eficientes y dinámicas, aunque no por ello mejores; pero sí capaces de desplazarnos económicamente y, a la larga, políticamente: cualquier país de Asia parecía mucho más adaptado al siglo presente que los enmohecidos ciudadanos europeos, ensimismados y mirándose el ombligo sin ser conscientes de lo que se les viene encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanto se asombraba Óscar: hablábamos de decadencia nosotros, los europeos que lo teníamos todo, cuando en el resto del mundo la lucha era por la mera supervivencia… La crisis financiera andaba ya de boca en boca, amenazando con llevar a sus últimas y más desastrosas consecuencias las viejas profecías marxistas. Óscar, procedente de una familia de ideas marxistas, opinaba que la Humanidad iba derechita a un pozo tan oscuro, que sin remedio volvería el comunismo por sus fueros, como única alternativa viable capaz de rescatar de este fango tenebroso en el que poco a poco nos hundíamos, a este género humano engañado y exhausto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había sido una conversación intensa, y ya de noche nos despedimos. Susana y yo seguimos de visita para relajar la mente: la plaza de los Mariachis, que conocíamos de día, nos esperaba con un ambiente rebosante, original y extravagante. En los bares y discotecas desembarcaban lujosos autos con tipos trajeados de aspecto viperino acompañados de mujeres de película; pero la vida real era la de la explanada decorada de estatuas de charros. Cientos de mariachis ofrecían sus canciones a quien pagara por ellas, y formaban corrillos alrededor de quien recibiera la dedicatoria, a menudo escuchando en silencio, y que otras veces se unía cantando o bailando.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-2355462384100735939?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2355462384100735939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/2355462384100735939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/sbado-4-de-octubre-de-2008.html' title='Sábado 4 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-3373070307485714940</id><published>2008-10-19T16:45:00.000-07:00</published><updated>2008-10-19T17:02:18.624-07:00</updated><title type='text'>Viernes 3 de Octubre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259017797984845330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvI0uRX_hI/AAAAAAAABBc/NPsSRQzHehs/s400/DSCN5221.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra visita obligada en la capital era el museo de Antropología, situado en el parque de Chapultepec. Era allí donde se guardaban las piezas arqueológicas fundamentales del mosaico de culturas que compusieron la Mesoamérica precolombina. México había sido desde tiempos remotos un lugar trasegado por innumerables culturas, que desplazando a otras previamente dominantes, habían vivido fugaces momentos de esplendor antes de ser sometidas y condenadas por el siguiente pueblo con éxito, en alguna derrota militar. Esta dinámica los había hecho cada vez más violentos, ya que sólo los pueblos guerreros más extremos podían preponderar. Al compartir un espacio tan relativamente pequeño, cada cultura había tomado los elementos religiosos, artísticos y organizativos de los anteriores, refinándolos progresivamente. Pocos pueblos habían conocido un apogeo tan prolongado como los teotihuacanos, que durante siglos aunaron alrededor de su ciudad y sus pirámides una liga de culturas dispares que se dejaron seducir y deslumbrar por sus innovaciones arquitectónicas y religiosas. Tras la diáspora que sucedió al final de la gran Teotihuacán, seguramente debida a una revolución interna que destruyó la ciudad, aquella cultura pionera que moría exportó sin saberlo sus elementos característicos a todos los pueblos que se desarrollaron después: los Mayas y Aztecas entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259017233384286002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvIT2-HJzI/AAAAAAAABBU/4Pyd65FuK9k/s400/DSCN5197.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala Maya destacaba por sus finas piezas cerámicas representando una variada y compleja estructura social, con peldaños muy diferenciados, que en el barro se distinguían por sus tocados y vestimentas característicos. En la sala Olmeca aparecían majestuosas las cabezas gigantes de piedra, con sus rasgos casi africanos llevando a la duda a los defensores de la teoría según la cual la población americana habría usado exclusivamente el helado paso del Bering glaciar. Un rasgo distintivo de esta cultura, la más antigua de todas las avanzadas, era la profusión en la representación de deidades femeninas sonrientes. Por orden cronológico parecía adivinarse una espiral de creciente violencia en sus ritos religiosos: desde la aparentemente apacible existencia Olmeca, hasta la descarnada parafernalia de muerte y decapitación azteca. Los atlantes Toltecas, cinco metros de piedra tallada, presidían otra más de las salas. Y así fuimos recorriendo una tras otra las innumerables culturas de aquella torre de babel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259016598837816930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvHu7GcbmI/AAAAAAAABBM/w8Zwim3TP6Q/s400/DSCN5189.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos a comer al parque, mientras unos voladores de Veracruz se descolgaban del alto mástil al que enrollaban sus cuerdas, dando vida a una clásica estampa ritual de los antiguos moradores del Golfo de México. Y aún quedaba por ver lo más impresionante: la sala azteca, con sus terroríficas deidades, los códices contando su odisea desde que salieran de la isla de Aztlán hasta que fundaron la ciudad de Tenochtitlán en el lago de Taxcoco, o la emblemática losa del calendario azteca. Pasamos un buen rato disfrutando de ésta última, por lo que pudimos asistir a la explicación de tres guías diferentes, con tres versiones que nada tenían que ver las unas con las otras. Uno explicaba que se trataba de un ring ritual en el que peleaban dos guerreros hasta la muerte; otro decía que era un calendario lunar. De los ofidios de su extremo inferior, uno interpretaba dos serpientes emplumadas; otro la vía láctea; y otro veía dos sacerdotes mirándose. En el centro, una cara encerrada en un disco con dos manos a los lados, para un guía era el quinto sol maya naciendo, agarrándose con sus manos para poder emerger; para otro guía era el Sol o el rey azteca aplastando dos corazones… Lo único que me quedó claro, es que nadie sabía a ciencia cierta qué demonios representaba aquella piedra; ah, y que había mucho charlatán viviendo del cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259019183199724578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvKFWmVpCI/AAAAAAAABBk/wAP1ZXxkq4k/s400/DSCN5275.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de más de 8 horas de visita, en vez de cerámica tan sólo veíamos miles de pucheritos y más pucheritos, así que decidimos dar la visita por concluida. Una vista rápida al área de etnología nos sirvió para comprobar una vez más cómo la minoría blanca que dominaba a sus anchas el país, trataba, incluso en sus museos, de una manera denigrante a los pueblos originarios. Como en un zoológico se apilaban representaciones de chozas, trajes típicos y rituales en una versión comercializada y ruin de unas culturas que aún tienen mucho que enseñarnos. Durante siglos condenados a la miseria y a carecer de voz ni voto sobre su propio destino, eran mostrados allí para presumir de la riqueza cultural de un país que los ignoraba y maltrataba.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-3373070307485714940?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3373070307485714940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/3373070307485714940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/viernes-3-de-octubre-de-2008.html' title='Viernes 3 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvI0uRX_hI/AAAAAAAABBc/NPsSRQzHehs/s72-c/DSCN5221.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1427577080291369712</id><published>2008-10-19T16:31:00.001-07:00</published><updated>2008-10-19T16:45:44.042-07:00</updated><title type='text'>Jueves 2 de Octubre de 2008</title><content type='html'>De tantos lugares como tenía para visitar la ciudad de México, elegimos el lado occidental de la ciudad. Caminamos por las decrépitas calles entorno al convento de Santo Domingo, sórdidas y peligrosas de noche pero vivas y bulliciosas de día, donde una miríada de oportunistas proclamaba sus servicios con la indolencia de los policías que pasaban: como quien ofrece peras y manzanas voz en cuello, estos curiosos personajes ofrecían falsificaciones de facturas y documentos oficiales, de declaraciones de la renta y de certificados de notas académicas, por un módico precio. Seguimos por las callejas hasta llegar a la plaza Garibaldi, más conocida como de los Mariachis. No había mucho que ver de día, ya que la fiesta mariachi diaria tenía lugar siempre después del anochecer. Tan sólo algún borracho perdido, y algún mariachi sin faena deambulaban por la plaza: habría que venir de noche a conocer el ambiente charro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259012241532385666" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvDxS33-YI/AAAAAAAABAs/-mk3C_LOHnE/s400/DSCN5113.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259014788041807586" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvGFhXCFuI/AAAAAAAABBE/RvPRQ65_6qY/s400/DSCN5151.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuamos hacia el norte, hasta llegar la plaza de Tlatelolco, o de las tres culturas. Su nombre se debía a que en su espacio se apilaban las ruinas de las pirámides ceremoniales aztecas de la antigua ciudad de Tlatelolco, vecina de Tenochtitlán, junto con la iglesia franciscana construida con la cantería procedente de las pirámides, y todo rodeado de los edificios modernos de hormigón y vidrio de la cultura mestiza a que aquel encuentro o desencuentro dio lugar. En la explanada libre comenzaban a concentrarse los estudiantes y activistas que venían a conmemorar la matanza de estudiantes del 68, acaecida sobre aquellas mismas losas, con una manifestación que partiría por la tarde de aquella plaza y llegaría al Zócalo. Pequeños mítines, reparto de revistas y octavillas… varios protagonistas de aquel día trágico, hoy ya rondando los sesenta, hablaban a las cámaras de una emisora de televisión mientras, a unas decenas de metros, la secta de los danzantes imitadores de los aztecas atronaban el ambiente con sus ritmos frenéticos, demostrando que la manifestación no iba con ellos. Una vez más éramos testigos de una expresión de cómo en el mismo país vivían muchos Méxicos, inconexos y extraños entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259014143238393106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvFf_R6zRI/AAAAAAAABA8/SGS8Por2T0g/s400/DSCN5140.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259013611270769074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvFBBi9CbI/AAAAAAAABA0/8g3Cb-CdVhg/s400/DSCN5130.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer tomamos el metro al parque de Chapultepec, el área urbana ajardinada más grande de América, y que fuera ya disfrutada por  Moctezuma, el legendario monarca azteca. Esperábamos el típico parque abandonado y solitario, peligroso y lleno de criaturas abominables; pero al contrario, nos encontramos con un cuidado lugar de esparcimiento donde familias con hijos paseaban distendidamente. Pocos árboles sobrevivían cuya edad permitiese pensar que llevasen 5 siglos plantados, y bajo su espesa sombra se desarrollaba una animada vida dominical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las 6 estaba prevista la llegada de los manifestantes al Zócalo, así que regresamos para estar a tiempo de presenciar el mitin. Ya se estaba llenando la plaza, y mientras Susana aprovechaba para comprar unas cosas en una calle cercana, yo tomé el camino de vuelta a la pensión. Me encontré de lleno con la riada de gente que desembocaba en la plaza por una callejita, y sin poder atravesarlos traté de seguir longitudinalmente la calle para buscar un hueco por donde cruzar. Entre miles de personas me topé, por sorpresa, con Elisabeth, la activista que habíamos conocido en el caracol zapatista de Garrucha unas semanas antes. Cámara en mano tomaba fotos de la manifestación, según me contó para una revista política. No nos dio tiempo ni a hablar de lo que habíamos pasado últimamente, porque en ese momento, de entre la marabunta surgió un grupo de anarquistas que comenzaron a golpear los escaparates y a romper vidrios y farolas con violencia asombrosa. La gente más próxima echó a correr, y Elisabeth y yo nos escapamos como pudimos de los palos, perdiéndonos de vista. Con el curioso y fugaz encuentro llegué a la pensión más tarde que Susana, y con el corazón latiendo desbocado por el susto.&lt;br /&gt;Enseguida me tranquilicé y volvimos a la plaza, aunque yo no dejé de estar en guardia en toda la noche, y a cada conato de violencia en cualquiera de las salidas del Zócalo, donde los grupos más exaltados desafiaban a la policía, salimos corriendo en dirección opuesta. Al final nada grave sucedió, pese a que las porras volaron y numerosos manifestantes fueron detenidos; pero si no hubiese sido por el empeño un tanto inconsciente de Susana por quedarse, yo hubiese tenido más que suficiente con la huída del grupo anarquista. La plaza no llegó a llenarse, a pesar de la multitud de grupos que convocaban. Y en el ambiente se notaba una cierta desilusión, una desidia por tantos años de lucha y tantas voces barridas por el viento. Cuarenta años después, ni si quiera se conocía la cifra exacta de muertos en Tlatelolco.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1427577080291369712?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1427577080291369712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1427577080291369712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/jueves-2-de-octubre-de-2008.html' title='Jueves 2 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvDxS33-YI/AAAAAAAABAs/-mk3C_LOHnE/s72-c/DSCN5113.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4468304868637818042</id><published>2008-10-19T16:12:00.000-07:00</published><updated>2008-10-19T16:31:06.246-07:00</updated><title type='text'>Miércoles 1 de Octubre de 2008</title><content type='html'>Coyoacán, el lugar de los coyotes en la lengua nahual de los mexicas, fue elegido por los conquistadores para construir sus haciendas y casonas. Allí vivieron Hernán Cortés y la Malinche, la princesa azteca que, encaprichada de Cortés, le abrió las puertas de la conquista de la capital. Se podía llegar en metro, así que era una excursión facilita. Saliendo de la parada del metro, y tras atravesar un extenso parque habitado por ardillas sin miedo, llegamos a las calles de intenso sabor colonial y caballeresco. Digamos que Coyoacán era lo que yo había esperado encontrar en el Zócalo, y que en realidad hacía mucho que allí había dejado lugar a construcciones más modernas e impersonales. El espíritu semitropical y relajado del lugar había acogido a los pioneros españoles, que allí vivieron como reyes durante generaciones; y aún hoy en día se respiraba un ambiente de clase media y alta bastante alejado del México de calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259007669266480882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPu_nJ2u_vI/AAAAAAAABAU/NHZDXDl26S8/s400/DSCN5080.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras las rejas se atisbaba algún enorme patio; pudimos visitar uno de ellos, abierto como casa de la cultura, para maravillarnos con la calidad de vida de los antiguos moradores. Alrededor de un gran jardín del tamaño de un parque se situaban varios edificios de corte rústico y solariego, cada uno destinado a uno de los hijos del fundador. El pozo, las fuentes, las bancadas de forja, y una parrilla enorme, habían sido testigos de una relajada vida familiar en común. Aquellos cuasi-bárbaros venidos de la península habían alcanzado en seguida un refinamiento y un estatus envidiable para el mayor de los nobles ibéricos. Los que habían hecho el canelo fueron los españoles que se quedaron en España… Y bien se entendía que sus descendientes optaran por la independencia y por asegurarse el dominio de un paraíso lleno de riquezas como lo era México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259008296505732706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvALqgObmI/AAAAAAAABAc/xE1xD-l7VYU/s400/DSCN5084.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo me sorprendía el poder pasear por un lugar tan exclusivo, seguro y adinerado como aquél, que había sabido conservar su encanto original poniendo al día sus detalles para la cómoda vida de las élites actuales. Tal vez sólo las casas de Cortés y la Malinche habían sido abandonadas a su suerte; todavía en pie, pero cubiertas de olvido, ni si quiera podían ser visitadas. En tiempos más recientes, había morado en Coyoacán el León Trotsky del exilio, y allí mismo fue asesinado por el espía de Stalin, el español Mercader. No tenía mucha gracia visitarla, pero sí la casona que perteneciera a Frida Kahlo y a su marido, el muralista Diego Rivera. Ésta última había sido convertida en un museo repleto de sus objetos de colección, libros y recuerdos, así como de algunas de las pinturas de ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5259011068567231874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPvCtBPMHYI/AAAAAAAABAk/Q1sshFVDxtk/s400/DSCN5107.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer en el mercado anduvimos hasta la parada de autobús para continuar unos kilómetros al legendario campus de la UNAM, la universidad más prestigiosa de habla hispana. En medio de una enorme extensión arbolada y ajardinada, surgía toda una ciudad aparte, con leyes autónomas, adonde teóricamente la policía no podía acceder. Bueno, excepto en el año 68, cuando entraron a sangre y fuego para acabar con las protestas estudiantiles. Paseando por los pasillos de sus facultades era fácil adivinar por qué se había originado el movimiento social del 68 en aquel lugar. Muy politizada, la mayoría de sus espacios comunes, pasillos y rellanos, estaban tomados por los estudiantes y sus asociaciones; carteles políticos revolucionarios de todo signo, convocatorias de marchas y conferencias… Se preparaba la inminente conmemoración de la matanza del 2 de Octubre del 68, cuyas víctimas habían sido en su mayoría estudiantes de la UNAM que se manifestaban en la plaza de Tlatelolco. Aquel día acabó con los sueños de un nuevo mundo de toda una generación. Cuarenta años después revivía el ambiente activo y creativo que nos mostraba todo un contrapunto a la adormecida juventud universitaria española, muy acostumbrada ya a dejarse llevar por la corriente y por los reality shows, de cabeza al precipicio. Viendo las noticias en la televisión cuando regresamos al hotel, nos encontramos con esos universitarios españoles: una congregación en la plaza Mayor de Madrid era noticia en el canal mexicano. Se habían reunido para reírse de la crisis, de la hipoteca y del Euribor, todos ellos entrampados de por vida para comprarse el agujero con techo. Cuando muy pronto se enterasen de que no dejarían nunca de ser esclavos del banco, y que a pesar de ello seguramente el paro que traería la inmediata crisis les haría perder sus casas por impagos, tal vez perderían las ganas de reírse. Es lo que tiene dejarse llevar alegremente por la corriente.&lt;br /&gt; En el Zócalo empezaba a tomar posiciones la policía, cortando varias calles y flanqueando el Palacio de Gobierno. La marcha en recuerdo de la matanza del 2 de octubre tendría lugar la tarde siguiente; Susana quería acudir y ser testigo, y aunque nada indicaba que pudiera ser peligroso, yo no las tenía todas conmigo.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4468304868637818042?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4468304868637818042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4468304868637818042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/mircoles-1-de-octubre-de-2008.html' title='Miércoles 1 de Octubre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPu_nJ2u_vI/AAAAAAAABAU/NHZDXDl26S8/s72-c/DSCN5080.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-1571871162596385313</id><published>2008-10-11T16:35:00.000-07:00</published><updated>2008-10-11T16:43:38.735-07:00</updated><title type='text'>Martes 30 de Septiembre de 2008</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256044819075212882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE46kyCplI/AAAAAAAAA_8/zrRvoMlgsT0/s400/DSCN5059.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras haber visitado las principales ciudades coloniales del Brasil, del Perú, de Bolivia o de Venezuela, esperaba descubrir una monumentalidad en la capital de México que finalmente no encontramos. Pasamos el día recorriendo las cartesianas calles del centro, los alrededores del Zócalo donde cabía esperar grandes mansiones, palacios enrejados e iglesias barrocas… y no había mucho de eso. La catedral tenía una extensa planta que la convertía en la más grande de Hispanoamérica, pero sus torres no demasiado altas engañaban en la perspectiva, haciéndola parecer mucho más pequeña de lo que en realidad era. La ciudad de México se había construido sobre las isletas de barro del lago hoy desecado en las que los Aztecas edificaran su Venecia americana, cruzada de canales y lagunas; tras cinco siglos, los edificios más antiguos habían ido cediendo sobre el suelo pantanoso, y así por ejemplo, la catedral mostraba un desequilibrio notable, unos suelos, unos muros y unas columnas inclinados casi al azar, y era poco menos que un milagro que aún se tuviese en pie. Así mismo, las pocas casonas antiguas que quedaban en el centro se arqueaban y se hundían más en una parte que en otra, dando a la ciudad la ondulación de una cartulina arrugada; pasando a su interior se podían ver sus patios descuadrados, sus escaleras tumbadas de lado. Tal vez esto motivaba que la mayoría de las construcciones fueran relativamente recientes, o totalmente modernas, estropeando un conjunto que, pese a todo, mantenía un cierto sabor provinciano y a la vez cosmopolita. No había grandes avenidas, sino estrechas callecitas de un solo sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256045659489645330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE5rfkdMxI/AAAAAAAABAM/n2EJd54Pn-I/s400/DSCN5112.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de la catedral asomaban, hundidas varios metros bajo el actual nivel de la ciudad, las ruinas aztecas del Templo Mayor; o más bien su base, ya que la mayoría de sus piedras habían ido a parar a la construcción de la catedral y de la nueva capital de los conquistadores. Mientras las recorríamos con la vista desde la barandilla de la plaza, se acercó a nosotros un guía mexicano con unas teorías algo sui-generis acerca de los antiguos dueños de Tenochtitlán. Según él, por ejemplo, los aztecas no tenían una retahíla de dioses como siempre nos habían contado en la versión oficial, la de los conquistadores españoles. En su visión, los supuestos dioses no eran más que símbolos de elementos, la lluvia, el Sol, la Luna, Venus, el fuego… y su adoración lo era a la Naturaleza como creación maravillosa y como sustento y salvaguarda de la vida humana. Por tanto, los sacrificios humanos no eran más que una leyenda interesada; nada de verdad había, pues, en los relatos según los cuales Hernán Cortés halló a su entrada en la ciudad 500.000 calaveras humanas apiladas, procedentes de los sacrificios de la pirámide mayor. Sólo había, para celebrar ocasiones especiales del calendario azteca, y cada muchos años, algún sacrificio voluntario. Y para el oferente la muerte no era una tragedia, sino un honor y un salvoconducto a una vida próxima más perfecta. La idolatría no era patrimonio azteca, sino, al contrario, de la nueva religión católica impuesta, que había llenado las iglesias de un politeísmo disfrazado, de santos y vírgenes, cada uno especializado en un tema (los comerciantes, los viajeros, la lluvia, el sacrificio, el amor, la fertilidad…) La virgen de Guadalupe había sido otro vergonzoso invento que nadie podía creer, pero que sirvió a los conquistadores para extender el catolicismo en aquellas tierras. La verdad es que pintaba tan lindo a los aztecas, que su versión no era para mí mucho más creíble que la de los cronistas del siglo XVI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José era un ferviente nacionalista, pero reconocía que el problema principal de los mexicanos era que se negaban a sí mismos como indígenas y como españoles. Como él decía, los mexicanos no eran nada, ni una cosa ni la otra; y mientras no se solucionase este problema de identidad, el país seguiría reptando por el barrizal.&lt;br /&gt;La Identidad. Un concepto que me molesta, que me resulta atroz. ¿Qué es la identidad? ¿Es que hay alguien idéntico a alguien? ¿Hay algo más deshumano que la Identidad? En mi opinión ni si quiera las ovejas son idénticas a las demás ovejas; esta necesidad humana de encontrar la identidad se puede observar en los adolescentes, en los pueblos dejándose arrastrar por nacionalismos y por dirigentes políticos nefastos. Doblegando su espíritu, su capacidad crítica y su iniciativa para poder pertenecer a un clan de seres que se parecen, que imitan una referencia ridícula. No abogo por el individualismo, pero creo que mientras no superemos estos conceptos tan básicos, el ser Humano no dejará de ser un pobre bicho indefenso y asustado, a merced de quien más alto grite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo en lo que yo estaba plenamente de acuerdo con José, era que la independencia fue impuesta por los criollos; que así dejaron de pagar impuestos, de rendir cuentas a los peninsulares, y a partir de ese momento hicieron y deshicieron a su antojo. Y por supuesto, mejoraron infinitamente su situación. Pero para el pueblo mexicano había sido una continuación de su tragedia, y a su juicio no había mucho que celebrar los días 15 de Septiembre. La verdadera independencia aún estaba por llegar.&lt;br /&gt;También nos explicó que los aztecas llamaban a los conquistadores “los apestosos”, porque por edicto del Papa nadie podía bañarse en el mundo cristiano para evitar frotarse las partes pudendas, y así el olor de los recién llegados horrorizaba a los refinados aztecas, que se lavaban varias veces al día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras muchas vueltas y revueltas, acabamos volviendo de noche a las placetas de las danzas. Una batiente y ritual percusión rescataba el alma más tribal, las atávicas y nocturnas sensaciones que una parte de nosotros siempre vive como extrañamente propias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE5S8izJDI/AAAAAAAABAE/ybGnn1tSoew/s1600-h/DSCN5071.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256045237770593330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE5S8izJDI/AAAAAAAABAE/ybGnn1tSoew/s400/DSCN5071.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-1571871162596385313?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1571871162596385313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/1571871162596385313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/martes-30-de-septiembre-de-2008.html' title='Martes 30 de Septiembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE46kyCplI/AAAAAAAAA_8/zrRvoMlgsT0/s72-c/DSCN5059.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-4332824934707041548</id><published>2008-10-11T16:24:00.001-07:00</published><updated>2008-10-11T16:35:22.755-07:00</updated><title type='text'>Lunes 29 de Septiembre de 2008</title><content type='html'>La ciudad era demasiado cara para nosotros, y después del recorrido del domingo parecía buena idea dar otro salto, y llegar por fin a la capital del país. Teníamos muchas ganas de conocer el DF, pero tantas veces habíamos oído que era una de las ciudades más peligrosas y violentas del mundo, que de buena mañana andábamos hechos un manojo de nervios. Nos separamos durante unas horas, y mientras Susana se recorría sus platerías en busca de alguna ganga, yo caminé por algunas otras calles del laberinto Taxqueño. Nos reencontramos a medio día para tomar un café en la plaza de la catedral, recoger nuestras mochilas, y caminar a la estación de autobuses: destino, México. En seguida abandonamos las montañas de Taxco, y tras el valle inclinado de Cuernavaca, comenzamos el ascenso de la verde barrera montañosa que rodeaba el valle de México, el protegido enclave donde los Aztecas construyeron su capital Tenochtitlán, y forjaron su imperio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una primera sorpresa: al menos por el sur, llegábamos a la megalópolis por una zona verde y despejada hasta la misma ciudad, y en todo el recorrido hasta la estación de autobuses no vimos chabolas ni ciudades miseria como las que rodean todas las capitales de este lado del mundo, en las que se apiñan seres de mirada perdida, y serpentea una malgama de pavorosos peligros para el visitante inexperto. Luego comprobaríamos que por otras salidas de la ciudad las había, extensas y paupérrimas, pero México nos recibía con un agradable y saludable sabor que alejaba un poco los temores y aplacaba el nerviosismo que traíamos con nosotros. De la estación al centro viajamos en metro, y tampoco detecté la atmósfera peliaguda y punzante de tantas otras ciudades sudamericanas. Eran las 4 de la tarde, y en el metro no palpitaba un bullicio de vampiros, sino de gente sencilla que iba y venía de su trabajo. No había que confiarse, pero el susto se iba convirtiendo en risa, no era para tanto. Como todos los rincones que habíamos visto hasta entonces, se trataba de una ciudad impecablemente limpia, ordenada y civilizada, que en algunos aspectos recordaba a Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256042686124527010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE2-a6-DaI/AAAAAAAAA_0/gLbrvXDppfs/s400/DSCN5076.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos bajamos en la estación del Zócalo, el centro neurálgico del antiguo Tenochtitlán, y después de la capital de Nueva España. La prueba de fuego podía llegar en el tramo a recorrer calles arriba en busca de pensión; pero de nuevo se quedaba en agua de borrajas, y un apacible ambiente urbanita nos acogía sin que atrajésemos las miradas. Algo cansados de lo cutre y cochambroso, nos decidimos por un alojamiento ligeramente más caro, pero limpio y cómodo, y en seguida salimos a caminar sin la arriesgada carga de nuestras mochilas. Todo parecía un mito: agradables calles repletas de gente, cafeterías y pastelerías alrededor de la legendaria calle Tacuba donde los trajeados profesionales tomaban un aperitivo después del trabajo; multitud de estudiantes curioseando en las librerías, y un regusto de ocasión especial flotando en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256042305285718722" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE2oQL7AsI/AAAAAAAAA_s/xtMqAR__1hg/s400/DSCN5073.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cenamos en un garito familiar, disfrutando de dos tipos de aspecto canalla y bohemio, ya rozando la cincuentena en sus melenas cuidadas, que cantaban con una guitarra desgarradas canciones de amor, amenizando nuestra comida sin quererlo. Cuando se despidieron para marcharse, uno de ellos se disculpó por haber cantado tantas “fresitas”, como él las llamó. Le pregunté si es que estaba enamorado, y con una sonrisa nos dijo que, ¿cuándo no…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256041905539246306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE2Q_A76OI/AAAAAAAAA_k/v3l2Q_T7Iug/s400/DSCN5070.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De noche, en el Zócalo no disminuía la algarabía. Detrás de la catedral dos grupos de danza y percusión llenaban de ecos étnicos las oscuras ruinas del Templo Mayor azteca. Vestían con plumas y túnicas tratando de imitar a los antiguos Señores del lago Taxcoco, en un frenético baile rítmico colectivo que vencía el frío considerable que hacía desde que se ocultara el sol. Después sabríamos que se trataba de sectas milenaristas, que seguían un refrito de la religión de los antiguos pueblos mexicas, y que esperaban el supuesto fin del mundo anunciado por los mayas para el año 2012. Tras un buen rato observando sus estéticos movimientos, Susana preguntó a uno de ellos, sentado en unas bancadas alrededor de los danzantes. Decía ser profesor de biología en la UNAM, la Universidad Autónoma de México, pero no demostró mucha lucidez ni rigor en el rollo proselitista que nos contó, un revoltijo inconexo de ideas entre tradiciones mayas, pseudociencia, milenarismo del fin del mundo, y conceptos mal entendidos y peor hilados de física cuántica… Razonamientos del tipo “los mayas inventaron el cero; el cero y el uno son la base de la informática, luego los mayas regalaron al mundo la informática, y por tanto la robótica, la biomedicina,…” Cuánta gente no se verá desbordada por la aparente sabiduría de caraduras como éste; pero a mí lo que me daba era risa, eso sí, una risa algo acongojada, por saber lo fácil que es engatusar al prójimo prostituyendo conceptos de ciencia, siempre fuera del alcance de la mayoría de la gente. Entre tanto los danzantes seguían invocando a sus dioses al son de timbales, ocarinas, y conchas convertidas en tubas.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3617461035833563787-4332824934707041548?l=losviajesdelcesar2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4332824934707041548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3617461035833563787/posts/default/4332824934707041548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losviajesdelcesar2.blogspot.com/2008/10/lunes-29-de-septiembre-de-2008.html' title='Lunes 29 de Septiembre de 2008'/><author><name>César Gracia Berges</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17141984108559392072</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE2-a6-DaI/AAAAAAAAA_0/gLbrvXDppfs/s72-c/DSCN5076.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3617461035833563787.post-313143136416429884</id><published>2008-10-11T16:14:00.000-07:00</published><updated>2008-10-11T16:24:13.199-07:00</updated><title type='text'>Domingo 28 de Septiembre de 2008</title><content type='html'>El siguiente autobús nos llevaba con una soleada mañana a Taxco, una ciudad que durante siglos se había dedicado a la minería de la plata y a la joyería. Con más luz veíamos los alrededores de Cuernavaca, situada en un kilométrico talud levemente inclinado desde los volcanes que rodeaban al norte la ciudad de México, hacia los valles que conducían hacia el oeste al océano Pacífico. Y como siempre, en un verde esplendoroso rodeado de brumas de humedad.&lt;br /&gt;Antes del mediodía estábamos en Taxco, situada en las faldas de empinadas montañas, cubriendo el espacio entre una decena de barrancas entre lomas. Esta orografía intrincada le había dado una fisonomía complicada, con cuestas interminables y un laberinto de callejas diminutas con casitas coloniales pintadas en blanco, muy españolas y algo descuidadas, mostrando un pasado lindo ya echado a perder. Buscando alojamiento por los vericuetos del mercado y el centro ya comprobamos que la ciudad vivía casi exclusivamente de la artesanía de la plata, y del turismo. Era una ciudad muy cara, y tras muchas vueltas encontramos un cuchitril con un precio asequible en los arrabales, gracias a la ayuda de un señor que se recorrió el pueblo con nosotros para llevarnos a la pensión mientras me hablaba de su juventud conduciendo camiones por todo el continente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256040021257391922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE0jThIjzI/AAAAAAAAA_U/Bmlys5Bag_k/s400/DSCN5023.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía una ciudad agradable, aunque charlando con una chica que vendía postales en la magnífica catedral de la plaza central, supimos que la situación había empeorado en los últimos años, y había surgido una delincuencia que amenazaba con espantar al turismo. Con la reciente subida del precio de la plata, la venta de su artesanía se hacía más difícil, y esto había traído desempleo a la ciudad. Una creciente comunidad turca y china se dedicaba a la falsificación de piezas en plata, y así el turista menos avisado podía ser fácilmente timado, yéndose al piso la reputación platera de la ciudad. Para terminar, la emigración del abandonado campo hacia la ciudad había engrosado las filas de los desheredados, y las noches podían ser un tanto peligrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ojeábamos los abalorios de una de las platerías pasó un nutrido grupo de personas con banderas del PRI, el partido que tras 70 años en el poder había dado paso al actualmente gobernante PAN. Según nos contó el platero, el PRI había convocado su mitin en domingo, ya que era el único día de la semana en que los campesinos podían dejar sus labores para acudir a la ciudad. El PRI solía ganar los comicios en el campo, ya que la pobreza llevaba a muchos de los campesinos a aceptar la compra de su voto por unos pocos pesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256039191774374482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPEzzBc-KlI/AAAAAAAAA_M/kLv7FfRKfyw/s400/DSCN5015.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susana quería llevarse algunos recuerdos de plata, anillos y cosas así, por lo que pasamos el día paseando por las cuestas entre casonas, y entrando en cada platería que encontrábamos. Bajando al barrio de la carretera, un poco más descuidado y oscuro, encontramos un cartel reivindicativo, y unos mineros entrando a un local presidido por una enorme bandera anarquista. Preguntamos por curiosidad, y tuvimos otra explicación que sumar a la interminable cuenta de problemas. Los mineros de la región llevaban más de un año en huelga; un tal Germán Larrea, el dueño de medio México y de las minas de plata, había reducido al mínimo la inversión en seguridad, lo cual había llevado a un accidente en el que quedaron sepultados 65 mineros; varios años después seguían bajo tierra, porque el magnate se había negado a gastarse el dinero en recuperar los cuerpos. Y tras tanto tiempo de huelga, más que vivir sobrevivían, aquellos hastiados mineros de gesto abatido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256040758765440962" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Q7Rbi-uTuaM/SPE1OO8wT8I/AAAAAAAAA_c/RU1vQXmjOc0/s400/DSCN5029.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al anochecer nos sentamos, como buena parte de los Taxqueños, en los bancos de la plaza. Un estupendo ambiente dominical recordaba la vida en la calle de alguna capital andaluza, relajada y bulliciosa. En eso llegó un muchacho de  unos 15 años, bien vestido y repeinad
